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martes, 8 de marzo de 2016

Pan y rosas, by Ken Loach

Esta película tiene un tufo panfletario en general que echa bastante para atrás. Y no por la defensa que hace de la actividad sindical y de la lucha por conseguir derechos laborales básicos, sino por la demagogia que predomina en buena parte de su discurso, sobre todo por parte del protagonista masculino, el personaje interpretado por Adrien Brody, al que dan ganas de inflar a hostias en casi todos los fotogramas en los que sale, con el aire de superioridad intelectual que muestra frente a las conflictivas realidades de los trabajadores a los que supuestamente defiende.

Sin embargo hay dos escenas en la película que creo que la redimen de ese tono claramente paternalista y maniqueo, y son las siguientes:

- La conversación de Maya con el compañero que quiere estudiar Derecho, que intenta explicarle por qué no puede arriesgar todo lo que ha conseguido durante años de esfuerzo.

- Pero sobre todo, la escena cumbre para mí es la de Maya y su hermana Rosa cuando se enfrentan por la falta de adhesión de ésta a la lucha sindical y Rosa le grita las cuatro verdades sobre cómo ha conseguido sobrevivir en ese país y cómo ha logrado mandarles dinero durante años a todos sus familiares en México.... Totalmente demoledora.

Ken Loach se redime por completo en ese durísimo monólogo de Rosa y se enfrenta él y enfrenta al espectador a la auténtica realidad de miles de personas que se ven obligadas a hacer cualquier cosa para poder cumplir ese sueño americano o europeo que les llevó a jugarse el pellejo para llegar a la tierra prometida.

Es muy fácil hablar de derechos laborales, de seguros médicos, de vacaciones pagadas y de pensiones, pero cuando tu realidad es que tienes que prostituirte para dar de comer a tu familia o para pagar las medicinas de tu hijo o de tu marido enfermo… dónde están los derechos laborales? Dónde están los sindicatos? Dónde está la lucha? Dónde están las pancartas?

jueves, 29 de mayo de 2014

En un mundo libre (It's a free world), by Ken Loach

Ken Loach y Paul Laverty contraatacan, aunque esta vez con un guión cargado de trampas y extraños recovecos. Vale, que el capitalismo es una mierda y que aquí manda el sálvese quien pueda a estas alturas lo firmamos casi todos. Pero... qué me estás contando, tío?

Loach quiere mostrarnos de qué manera, en la búsqueda de la supervivencia, todos en un momento dado somos capaces de cualquier cosa. Pero no me convence en absoluto el personaje esquizoide de esa tía que lo mismo salva a una familia iraní de morir de hambre y congelación que explota a trabajadores inmigrantes o que se folla a los más buenorros o que en un arrebato denuncia a la poli un campamento de ilegales.

No, Ken, las cosas son mucho más sencillas, te lo prometo; es verdad que el bien y el mal a veces se entremezclan, se difuminan y no quedan claros los límites entre uno y otro, pero... no se puede ser amigo y amante de inmigrantes y a la vez su explotador. No funciona, en la realidad la gente no es así. No sin volverse loca.

Hay una barrera muy clara: el que quiere sacar provecho de los que están peor y el que quiere ayudarlos. Sacar provecho ayudándolos? Sí, claro, pero nunca puteándolos y abusando de ellos, como hace tu protagonista, chaval. Y mucho menos denunciándolos por la cara. En este sentido es mucho más creíble el personaje de la socia, una tía normal, que vale, quiere vivir de los inmigrantes pero nunca jodiéndolos.

Creo que esta vez a Laverty se le ha ido la mano con el guión y nos pinta a un personaje que simplemente no encaja por ninguna parte; ni en su faceta de madre coraje, ni en la de amiga, ni en la de amante, ni en la de trabajadora, ni en la de empresaria, ni en la de aprendiz de mafiosilla. Ya, ya sé que las mujeres somos la hostia y que podemos hacer mil cosas a la vez... Pero a esos desfases no llegamos.

De todas formas hay que reconocer que hay momentos muy buenos y algunos diálogos dignos de figurar en una antología de despropósitos del capitalismo salvaje. Lástima que se les haya escapado la historia por la indefinición psicopática del personaje principal. Por cierto, qué greñas más infames, por Diossss. Esa muchacha no se merecía eso. Tan mona y con esos pelos!

miércoles, 29 de enero de 2014

La parte de los ángeles, by Ken Loach

Ken Loach, el cineasta social por antonomasia, contraataca. En esta ocasión con un delincuente con tremendas orejas de soplillo que busca la redención a través del whisky. Comorrrrrrrrr, dirá alguno. Tranquilos, que no cunda el pánico; no es que el muchacho se ponga ciego de whisky para redimirse de su pasado delictivo sino que se hace experto catador. Por lo visto aparte de las orejas dumbonianas el chaval goza de una nariz milagrosa con el don del olfato whiskero.

Y así nuestro muchacho, auspiciado por una especie de ángel de la guarda representado en la figura de un señor gordo aficionado a los destilados, se convierte en un fenómeno de la cata whiskera y va por ahí olisqueando vasos con el mismo entusiasmo olfativo con el que los perros olisquean los culos de otros perros.

Y del mismo modo que en Full Monty aquel grupo de parados sin oficio ni beneficio ni futuro salían de la depresión mediante el streaptease, esta panda de choricillos de medio pelo se solazan e intentan escapar de la miseria entre vapores etílicos. Un método ciertamente peligroso que yo no extendería demasiado, por si acaso. Que de la cata a la papa puede haber un paso.

Una vez más Ken Loach y Paul Laverty, su guionista de cabecera, apuestan por las segundas oportunidades y nos obsequian con esta simpática historia que tal vez no sea una de sus mejores películas pero que se ve con agrado y vuelve a dejarnos con esa sonrisa bobalicona con la que ya nos dejaron en trabajos anteriores como “Buscando a Eric”. Vamos, que mola. Y con un whisquito en la mano todavía más.

jueves, 17 de marzo de 2011

Felices dieciséis, by Ken Loach

Una historia escalofriante, llena de sensibilidad. La vida vista a través de los ojos de un adolescente valiente y decidido a salir de la pobreza y la marginalidad y con él sacar a toda su familia. Es una de las pelis más tiernas que he visto en los últimos tiempos; el empeño del chico, tan joven, por salvar a su madre de sí misma y de sus tendencias autodestructivas; la relación con la hermana y el bebé, el increíble ingenio del crío para idear todo tipo de estrategias... Y luego el final (Spoiler)

El chico protagonista sencillamente magnífico. Increíble, porque tengo entendido que no era un actor profesional, pero hace un trabajo digno de un figura. Vaya pedazo de interpretación.
spoiler:
Es uno de los finales más terribles y conmovedores que he visto, verdaderamente sobrecogedor. Te hace polvo esa visión del chico acercándose al mar, con todas sus ilusiones y sus proyectos destrozados. Me recordó mucho, tal vez por la playa desierta y la desolación del protagonista, al final de "El jardinero fiel".

Sólo un beso (Un beso cariñoso), by Ken Loach

Una muy recomendable historia de amor con conflicto étnico-religioso como telón de fondo y una interesante reflexión sobre los prejucicios que todos, en mayor o menor medida tenemos. Lo peor que puede pasar en una sociedad es que seamos incapaces de entendernos unos a otros, y eso es precisamente lo que refleja esta peli, que a ratos puede parecer un poco ñoña y blandengue, pero que consigue atrapar la atención del espectador.

Se echa un poco de menos la parte más dura de una convivencia sin duda conflictiva entre personas de culturas tan distintas. No sé, se apunta muy de pasada, sólo en algunas discusiones un poco lights que, seguro, en la realidad serían bastante más fuertes. En mi opinión eso resta bastante credibilidad a la historia, porque en el mundo real el amor no lo puede todo ni está tan por encima de las diferencias culturales como Ken Loach pretende. En fin, un poquito blandita pero la sigo recomendando, sobre todo para los amantes del cine romántico y dulzón.

Buscando a Eric, by Ken Loach

Leo por ahí en otras críticas que Cantona hace en esta película algo así como de Pepito Grillo, o de ángel de la guarda o de hada madrina, pero para mí es como tener al mismísimo Guardiola en casa, un entrenador personal en exclusiva dedicado en cuerpo y alma a ponerte las pilas, levantarte la moral, proponer jugadas y estrategias y, en definitiva, hacerte ganar la partida.

Me pasó algo curioso con este film. Conforme lo iba viendo pensaba: "pero esto no es una comedia, cómo puede ser que la hayan catalogado de comedia si la vida de este hombre es un dramón de aquí te espero, es para llorar hasta quedarse seco". Claro, pero eso es hasta llegar a la parte final. Nooooo, no voy a adelantar nada, pero puedo asegurar a todo el que quiera verla que es una de esas historias que merece la pena porque te dejan con una sonrisa en la cara como una casa de grande y con la moral por las nubes. Un divertido y original canto a la amistad y a la camaradería, y por qué no, al placer de compartir con otros la afición por el fútbol.