jueves, 30 de mayo de 2013

Brick, by Rian Johnson

Por qué siempre que el protagonista se acerca a una cabina, suena el teléfono y es uno que casualmente quería hablar.

Por qué este tío, cuando encuentra a su novia muerta, no llama a la policía sino que echa un par de lagrimitas y oculta el cadáver. Qué clase de imbécil haría algo así.

Por qué un capo de la mafia, aunque sea de instituto de secundaria, deja que le chulee y le tome el pelo un pringao con pintas de llanero solitario.

Por qué a pesar de las hartás de hostias que le pegan a este muchacho no le parten ni una costilla ni un diente ni un triste dedo.

Por qué parece tan fácil infiltrarse de stranger en una organización delictiva. Hola, qué tal, me llamo Johnny, dónde hay que apuntarse.

Por qué para ser un chulazo de película hay que decir chorradas como “En la biblioteca hay diccionarios. SÍ está en la S”.

Por qué Rian Jonson no se mete a cocktelero si tanto le gustan las mezclas raras y las guarradas

miércoles, 29 de mayo de 2013

Vuelo nocturno, by Wes Craven

Tenemos 3 escenarios básicos, a cual más esperpéntico:

1. Aeropuerto: Presentación de personajes: chica colgada al teléfono, muy mona, muy estilosa, peinada impecablemente, además de buena persona, atenta con sus mayores, en definitiva, perfectamente hostiable y asesinable (Rachel McAdams)... Chico majo de ojos azules que la invita a tomar una copa y juega a adivinar cuál es su combinado favorito (Cillian Murphy). Media hora de guiñitos, miradas, sonrisas profidén, babeos mutuos... Un tostonazo como la copa un pino.

2. Avión: todos los tópicos: tormenta, turbulencias, niña que viaja sola, azafatas que no se enteran de nada, viajera coñazo, momento water, persecuciones por el pasillo central... En fin, nada que no hayamos visto antes algo así como un millón de veces. La tía cada vez más llorona y más plasta, el tipo echándole una paciencia que pa qué. Y yo animándolo pa mis adentros: mátala, hossstia, que es una pupa viva. Qué petarda, lavirrrgen.


3. Casa de la chica:  inmensa, laberíntica, de diseño demencial. Jugamos al ratón y al gato. Se lía el desmadre padre. Ay omá, que aquí te pillo aquí te mato. Y un huevo, te mato yo. Tooooma lamparazo. Pos tú toma bastonazo de golf. Pos ahí va mi osito de peluche chapado en oro. Pos espera, que te doy un mamporrazo con la mesita de centro... Fiuuuuuuuuuuuuuu, allá va mi colección de pinturas de la señorita Pepis.... Bueno, y así casi una hora. Por diosssss, tío, mátala ya de una vez. Qué cansino, Wes Craven, qué pesado.

La apruebo por los pelos porque es cortita, y porque Cillian Murphy es un crack y lo mismo te hace de muchacho encantador técnicamente follable que de psicópata sin escrúpulos. Cillian, va por ti, majete.

martes, 28 de mayo de 2013

Profesor Lazhar, by Philippe Falardeau

No, por mucho que algunos lo pretendan, esto no es “La clase” ni se le parece lo más mínimo. Sí, tienen en común que las dos transcurren en el ámbito escolar, que son películas sobre la educación, que plantean conflictos de aula, pero nada más.

“Profesor Lazhar” parte de un hecho completamente incomprensible, demencial, pero al que Philippe Falardeu no da una explicación mínimamente satisfactoria en todo el filme: la profesora de unos niños aparece ahorcada en su clase. Por qué una persona decidiría suicidarse en un lugar lleno de niños, sabiendo que ellos encontrarán su cuerpo y quedarán traumatizados de por vida. Pues ni lo sabemos al principio de la película ni lo averiguamos al final.

A partir de ahí un despropósito tras otro. De repente aparece un profesor argelino ofreciéndose a dar clases a estos niños y sin curriculum ni papeles ni nada es contratado inmediatamente. Bien podría haber sido un farsante sin titulación ni experiencia, o aún peor, un terrorista o un pederasta, pero nada, lo contratan y lo colocan al frente de una clase con un montón de chiquillos hechos polvo por el suicidio de su profesora. Y que sea lo que Dios quiera.

Por otra parte, lo que en “La clase” era un exquisito respeto por todos los elementos del sistema educativo, un difícil ejercicio de objetividad, de retratar la realidad tal cual sin intervenir en ella, aquí es como una especie de alegato a los métodos del profesor argelino.
Una versión moderna de “Rebelión en las aulas”? No, tampoco, imposible, porque el profesor Lazhar carece por completo de atractivo personal, nada que ver con ese profesor revolucionario y lleno de carisma que interpretaba Poitier, cuya mera presencia física ponía los pelos como escarpias. Lazhar es un tipo triste, gris, nada dinámico, que lo primero que hace al entrar al aula es cambiar los pupitres, que estaban en círculo para trabajar en grupo, y ponerlos en fila, como toda la vida de dios. Vamos, la antítesis del docente innovador y deslumbrante.

Y es normal, luego nos enteramos de que este hombre tiene un pasado terrible y que su situación presente es bastante problemática, así que poco dinamismo puede aportar a su clase. Es un tipo destrozado por la vida y, a diferencia del personaje de Poitier, da más pena que otra cosa.
Lazhar no es magnético, no impresiona, no tiene madera de líder, así que es imposible entender el entusiasmo que supuestamente despierta en sus alumnos. Ni, por cierto, en la profesora de la clase de al lado, que de forma incomprensible le hace ojitos. En fin, que este caballero de triste figura, aparte de despertar una inmensa piedad no puede ser nunca ese profesor emblemático, de los que nunca se olvidan, que el director pretende colarnos. Vamos, ni de coña.

domingo, 26 de mayo de 2013

Wonderland, by Michael Winterbottom


Una ciudad. Una familia. Unas hermanas. Gente que se quiere y gente que se odia. Amarguras. Esperanzas. Decepciones. Noches de soledad. Lágrimas en un autobús nocturno. Sexo sin amor. Odio con sexo. Finales agridulces. Niños tristes. Perros que ladran demasiado. Personas que sufren... y lo mejor de todo, Alicia naciendo.

Hasta aquí todo perfecto. Es el tipo de película que a mí me vuelve loca: guión sencillo, gente normal, como tú y como yo a la que le pasan cosas normales, que me suenan, ratos buenos, ratos malos, risas, lágrimas, amor, sexo, odio, trabajo, soledad... Mi peli de diez, en definitiva.

Pero claro, entonces llega mi amigo Michael Winterbottom y, como su propio nombre indica, le da al botón de invierno, todo se enfría y aparece la puta estética videoclip. Y entonces esa cámara maníaco-psicótico-compulsiva empieza a dar saltos, para arriba, para abajo, para delante, para atrás, el pino puente, vuelta de campana, triple salto mortal, temblores, convulsiones, una secuencia desquiciada, una moto que aparece y desaparece, caras que vienen y que van, psicodelia total... Y yo desolada: por qué haces esto, Michael. A qué viene. Lo estabas haciendo tan bien. Por qué, chico, por qué tenías que estropearlo. Y una lágrima recorre mis mejillas. Qué corte de rollo, qué anticlímax, qué putada, Michael.

viernes, 24 de mayo de 2013

La noche de los lápices, by Héctor Olivera

Por Claudio de Acha, asesinado por ser joven y pedir un boleto estudiantil.

Por Horacio Ungaro, casi un niño que se enfrentó a una panda de psicópatas

Por María Clara Ciocchini, que soñaba con un mundo mejor que nunca podrá ver.

Por Claudia Falcone, repetidamente violada por todos los agujeros de su cuerpo.

Por Francisco López Muntaner, 17 años y un montón de sueños perdidos.

Por Daniel A. Racero, por lo que sus ojos vieron y no debieron haber visto.

Por Pablo Díaz, el único que consiguió sobrevivir para contar la historia de todos.

Por sus padres, por sus hermanos, por todos aquéllos que aún siguen buscándolos.

Y por los hijos que no tuvieron y las vidas que no vivieron. Gracias, Héctor Olivera.

jueves, 23 de mayo de 2013

Pozos de ambición (There will be blood), by Paul Thomas Anderson


Del director de "Magnolia" tenía que ser esta paliza mental. Paul Thomas Anderson vuelve a hacer de las suyas y nos "regala" este pedazo de ladrillo de importante descomunalidad sólo apto para fans incondicionales del director o del oro negro.

Larguiiiiiiiiisima, interminaaaaable. 160 minutos que se hacen 160.000. Bueno, en realidad a mí se me hicieron 160.000 a pesar de que no llegué a la hora y media. Me quedé justamente en la primera tanda de hostias de Daniel Day-Lewis al predicador interpretado por Paul Dano, aunque luego he leído que siguen otras cuantas más igual de absurdas y sin sentido.

Daniel Day-Lewis se llevó un merecidísimo Oscar por su interpretación, y digo merecidísimo porque el personaje está hecho a su medida para total lucimiento del actor. Un papel potente, un personaje malvado, cabrón, odioso... Un caramelito que Lewis devora con fruición y con su habitual oficio.

Coincido con algunas críticas en que todo lo que se ve aquí suena a conocido, a visto y más que visto unas mil veces: el predicador tarado, el rico empresario del petróleo, los pozos ardiendo, las caras renegridas, el oro negro manando... Perdona pero esto ya me lo contaron en "Gigante", también a lo grande y pasándose siete pueblos en el metraje, pero en mucho más entretenido.

Paul Dano intenta ser el contrapunto de Lewis pero ni se entiende qué pinta su personaje ni como actor le llega a la altura del tobillo. Los duelos a muerte que se montan resultan francamente incomprensibles. Por qué se pegan estos dos.  Qué pinta un predicador vociferante y medio pirado en esta historia..En fin, supongo que la "moraleja" es que la ambición es muy mala y destruye al hombre. Dos horas y media para contarnos eso. Pues vale, pero con tanto despotricar de la ambición igual Anderson se ha pasado de ambicioso. Que se lo haga mirar.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Sospecha, by Alfred Hitchcock

Por qué Fontaine siempre hace de esposa puteada por un marido cabroncete.

Por qué el mamón de Hitchcock pone a Fontaine esas horribles gafas de pasta

Por qué Fontaine nunca se quita la rebeca, si ya no está rodando Rebeca.

Por qué todos comen en la película menos Fontaine, a la que más falta le hace.

Por qué Grant llama Carita de mono a una tía con Carita de carnero degollado.

Por qué Fontaine se desmaya todo el rato, incluso jugando al Scrabble.

Por qué siempre que Fontaine se desmaya hay un sillón al lado.

Por qué cuando Fontaine empieza a sospechar de su marido no se divorcia sin más.

Por qué torturar y matar a Fontaine parece una idea tan tentadora.