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domingo, 26 de mayo de 2013

Wonderland, by Michael Winterbottom


Una ciudad. Una familia. Unas hermanas. Gente que se quiere y gente que se odia. Amarguras. Esperanzas. Decepciones. Noches de soledad. Lágrimas en un autobús nocturno. Sexo sin amor. Odio con sexo. Finales agridulces. Niños tristes. Perros que ladran demasiado. Personas que sufren... y lo mejor de todo, Alicia naciendo.

Hasta aquí todo perfecto. Es el tipo de película que a mí me vuelve loca: guión sencillo, gente normal, como tú y como yo a la que le pasan cosas normales, que me suenan, ratos buenos, ratos malos, risas, lágrimas, amor, sexo, odio, trabajo, soledad... Mi peli de diez, en definitiva.

Pero claro, entonces llega mi amigo Michael Winterbottom y, como su propio nombre indica, le da al botón de invierno, todo se enfría y aparece la puta estética videoclip. Y entonces esa cámara maníaco-psicótico-compulsiva empieza a dar saltos, para arriba, para abajo, para delante, para atrás, el pino puente, vuelta de campana, triple salto mortal, temblores, convulsiones, una secuencia desquiciada, una moto que aparece y desaparece, caras que vienen y que van, psicodelia total... Y yo desolada: por qué haces esto, Michael. A qué viene. Lo estabas haciendo tan bien. Por qué, chico, por qué tenías que estropearlo. Y una lágrima recorre mis mejillas. Qué corte de rollo, qué anticlímax, qué putada, Michael.

martes, 14 de febrero de 2012

Génova, by Michael Winterbottom

Si tuviera que definir de alguna forma esta película la palabra sería "elegante". Contribuye bastante a ello que se desarrolle en una ciudad preciosa como Génova, pero también es la forma en la que el director aborda el tema, además de la sencillez del guión y la pulcritud y mesura de las interpretaciones.

El argumento es simple: una familia sufre la pérdida de la madre en un accidente de coche. Los tres protagonistas principales se enfrentan a esta tragedia de formas muy distintas. La niña pequeña es la que sufre el trauma mayor, al haber sido la culpable directa del accidente. Pero también está la adolescente, totalmente perdida, confusa y sin saber muy bien contra quién dirigir su frustración y su rabia. Y luego Colin Firth, que está realmente brillante en el papel de padre sumido en la soledad que se enfrenta a la difícil tarea de sacar adelante esa pequeña familia brutalmente golpeada por el destino.

No vemos mucho aspaviento ni emociones desmesuradas. Es la sencillez del día a día después de una muerte cercana. Winterbotton va paseando el dolor de sus personajes por los preciosos parajes que rodean la ciudad y por sus calles tortuosas, oscuras y estrechas. Los vemos reir, comer, hablar, relacionarse, y sabemos que están rotos por dentro pero su cotidianeidad no dista mucho de la de cualquiera de nosotros. Es por la noche, a través de las pesadillas de la niña, cuando el fantasma que les acompaña se deja ver.

En definitiva, la vida sigue y hay que continuar respirando, riendo, comiendo, follando, trabajando... Y esto es sin más lo que nos cuenta este filme poco pretencioso pero lleno de sentido y sensibilidad. Perfecto para los que creemos que el buen cine no está reñido con la elegancia.

jueves, 20 de octubre de 2011

El demonio bajo la piel, by Michael Winterbottom

Odio las películas en las que las escenas más chorras llevan como música de fondo fragmentos de ópera. El porqué de este extraño y repulsivo fenómeno se me escapa por completo. Qué tiene un aria para estos sujetos, que les parece ideal para arropar sus desvaríos cinematográficos? En fin, esta peli podría haber resultado hasta simpática de no ser por esa afición del director al bel canto.

Vamos a ver. Tenemos a un asesino con tendencias sado que casualmente se encuentra por todas partes a chicas con tendencias masoquistas. Suerte la suya, teniendo en cuenta que estamos en los años 50 y no existían ni Internet ni las páginas de contactos.

Y tenemos también a un sindicalista (fijo que de la UGT) que persigue con saña al asesino sádico no se sabe muy bien por qué; y tenemos a un mendigo que, todo ingenuidad él, intenta chantajear al asesino sádico sin caer en la cuenta de que los asesinos sádicos no se andan con chiquitas para estas cosas; y tenemos a un fiscal y un montón de polis que no saben a qué huele la gasolina; me imagino que tamposo sabrán a qué huelen las nubes. En fin, una panda pa mear y no echar gota.

Lo que mola: las escenas de sexo sado no están mal. Ah, y a mí, a diferencia de todo el mundo, me encantó cuando le infla la cara a hostias a Jessica Alba. Incluso la encontré un poco ñoña, la verdad; no entiendo tanto escándalo.

Lo que menos mola: "Una furtiva lágrima"  de fondo mientras el tarado se carga a nomeacuerdoquién. Deplorable y vomitivo. Ahí pegaba un blues, hosstia.

jueves, 17 de marzo de 2011

Camino a Guantánamo, by Michael Winterbottom

Vaya por delante que simpatizo más bien poco con los islamistas radicales y que incluso no estoy demasiado en desacuerdo con algún tipo de fina tortura (nada de salvajadas, por supuesto, algo elegante y que no deje marcas, por ejemplo, la tortura psicológica) para extraerles información sobre actividades futuras y/o localización del paradero de sus secuaces. Lo cual no es óbice para que me resulte increíble que en países supuestamente civilizados como creemos que son los occidentales, se creen estructuras carcelarias del tipo de Guantánamo en las que se trata a las personas como animales sin el menor reparo. No pienso ni mucho menos que denunciar las condiciones en las que se mantiene a estas personas sea darle cuartelillo al enemigo, como algunos han insinuado. Que uno no sea simpatizante del islamismo radical no implica que tengamos que simpatizar con nuestra propia barbarie, vamos.

Por otro lado, tampoco tengo clara esa supuesta "inocencia" de los muchachos éstos, cuya visita a Afganistán por esas fechas, no dice demasiado a su favor y sí mucho en su contra, aunque no terminamos de enterarnos del todo si son una panda de subnormales profundos o unos yihadistas como la copa un pino. En cualquier caso, como documento gráfico, la peli es bastante impactante y eso no se le puede discutir.

Otra cosa ya son sus valores cinematográficos, y ahí sí que pienso que deja mucho que desear. El ritmo es lentísimo y se centra demasiado en el tema de los interrogatorios, hasta el punto de que se llega a hacer cansino. Hay muchos puntos oscuros en el planteamiento de la trama que no se llegan a resolver. A pesar de lo impresionante e incluso morbosillo del tema se hace muy pesado. Confieso que llegué a dormirme y que el final me lo perdí.

En definitiva, recomendable como documento de denuncia, pero pobre y mal planteado como película.