jueves, 17 de marzo de 2011

Camino a Guantánamo, by Michael Winterbottom

Vaya por delante que simpatizo más bien poco con los islamistas radicales y que incluso no estoy demasiado en desacuerdo con algún tipo de fina tortura (nada de salvajadas, por supuesto, algo elegante y que no deje marcas, por ejemplo, la tortura psicológica) para extraerles información sobre actividades futuras y/o localización del paradero de sus secuaces. Lo cual no es óbice para que me resulte increíble que en países supuestamente civilizados como creemos que son los occidentales, se creen estructuras carcelarias del tipo de Guantánamo en las que se trata a las personas como animales sin el menor reparo. No pienso ni mucho menos que denunciar las condiciones en las que se mantiene a estas personas sea darle cuartelillo al enemigo, como algunos han insinuado. Que uno no sea simpatizante del islamismo radical no implica que tengamos que simpatizar con nuestra propia barbarie, vamos.

Por otro lado, tampoco tengo clara esa supuesta "inocencia" de los muchachos éstos, cuya visita a Afganistán por esas fechas, no dice demasiado a su favor y sí mucho en su contra, aunque no terminamos de enterarnos del todo si son una panda de subnormales profundos o unos yihadistas como la copa un pino. En cualquier caso, como documento gráfico, la peli es bastante impactante y eso no se le puede discutir.

Otra cosa ya son sus valores cinematográficos, y ahí sí que pienso que deja mucho que desear. El ritmo es lentísimo y se centra demasiado en el tema de los interrogatorios, hasta el punto de que se llega a hacer cansino. Hay muchos puntos oscuros en el planteamiento de la trama que no se llegan a resolver. A pesar de lo impresionante e incluso morbosillo del tema se hace muy pesado. Confieso que llegué a dormirme y que el final me lo perdí.

En definitiva, recomendable como documento de denuncia, pero pobre y mal planteado como película. 

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