jueves, 8 de marzo de 2012

Antes del atardecer, by Richard Linklater

Leo por ahí: miradas de pasión... naturalidad... crepuscularidad de la madurez... conversaciones inteligentes... relación sincera... etc etc etc.

Joder, la gente en qué mundo vive? O en qué mundo vivo yo? O esto qué es? Cómo es posible que donde mucha gente ha visto sinceridad, inteligencia, pasión y naturalidad yo sólo vea estrategia de combate, escaramuza, juego de poder y puro y duro artificio? Vamos, un cortejo en toda regla sin más tonterías ni más nada.

Señores, esto es de manual. Yo te digo, tú me dices, te adelantas, regateo, te placo, te acercas a la meta, no te dejo, vas muy rápido, tiro para atrás, te tienes que ir, quiero que te quedes, me acerco, estás a tiro, me separo un poco, no lo bastante para que creas que es imposible, te picas, quieres más, te doy la mano, pides más, no, tienes que irte, un poco más... Jodeeeeeer, quién coño no ha jugado a esto???????

Sinceridad, inteligencia, pasión y naturalidad? Señores, señoras, gente en general... esto está estudiao desde el neolítico y más visto que un tebeo. Tanto él como ella. Los dos saben desde el principio lo que hay y sólo se trata de ver dónde, cómo, cuándo y quién lo dice un poco más claro.

A veces las críticas de una película son desoladoras; en este caso al por mayor. Pensar que hay tanta gente que cree que este proceso que se cuenta aquí es algo maravillosamente romántico y especial me deja patidifusa. Significa que nunca han vivido nada igual o que lo han vivido y siguen pensando que es una experiencia única?

Yaaaaaa, ya sé. Soy insensible, una arpía sin alma ni sentimientos ni corazón. 50 negativos, lo peor. Pero... es culpa mía que la gente lo flipe?

Pequeñas mentiras sin importancia, by Guillaume Canet

Al leer la sinopsis de esta película inmediatamente me entusiasmé, como la gran capulla que soy: una francesada sobre la amistad, guauuuu, no me la pierdo. Y como de costumbre cuando se me hacen los ojos chiribitas con algo, planchazo al canto.

A ver cómo cuento yo esto. Resulta que es una panda de amigos de toda la vida, de incondicionales, vamos; se ven casi todos los días, se van de vacaciones juntos, salen a menudo, etc. Bueno, pues uno de ellos tiene un accidente en el que casi la palma y se queda el chaval muy malito en la UCI. Y qué hacen sus amigos íntimos del alma? Lo primero llorar, llorar muchísimo. Y lo segundo decir que como está en la UCI tampoco pueden hacer nada por él y que mejor se van todos juntos de vacaciones. Qué mejor manera de homenajear al amigo que se debate entre la vida y la muerte. Aviso de que no estoy contando nada que no se vea en los 5 primeros minutos de los interminables 150 que dura el engendro este.

Bueno, pues a partir del gran éxodo, ya del amigo creo que se acuerdan un par de veces o por ahí y el resto del tiempo se dedican a aguantar las gilipolleces de uno de ellos, el que interpreta François Cluzet, que es el que pone la casa, las copas y el condumio, vamos, el paganini, que invita a cambio de que le soporten estoicamente las chorradas que se le ocurren, que no tienen límite. En fin, un planchazo de campeonato porque, aparte de que se pasan la vida bebiendo vino, que eso sí es muy francés y me encanta, ese charme que suele tener el cine gabacho brilla por su ausencia en todo lo demás. Son todos una panda de horteras de tomo y lomo, a cuál más mamarracho y más repelente.

Imposible compararla con películas sobre la amistad de ésas que llegan al alma. "En la ciudad", de Cesc Gay sería para mí, dentro del género, el modelo a seguir: historias auténticas, diálogos ricos, emociones intensas... Este bodrio parece más una especie de parodia de peli de amigos. Hombre, para reirse un rato puede valer, pero poco más. Y es tan insufriblemente larga como un parto sin epidural.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Bicicleta, cuchara, manzana, by Carlos Bosch

Después de ver este documental una se queda con la duda de si ha visto una historia sobre la enfermedad de Alzheimer o bien una elevación a los altares de la figura indiscutiblemente atractiva de Pascual Maragall. Una especie de hagiografía en vida, vamos. Pero la cosa, me temo, va más por lo segundo.

Desde el primer momento se hace hincapié de un modo insistente en que la forma de abordar la enfermedad de Maragall es extraordinaria, ejemplar y valiente, vamos, la de un hombre fuera de lo común, la de un luchador nato. La sensación que queda es que el resto de las personas que son diagnosticadas de esta terrible enfermedad la afrontan cobardemente, se hunden en la miseria y en absoluto le echan la energía y los cojones de este señor. Por lo visto el hecho de que haya montado una Fundación para investigar sobre el mal le convierte en una especie de gurú del Alzheimer, un mecenas de la salud mental.

No, mire usted; la principal diferencia entre este señor y el resto de los mortales es que su posición, sus medios económicos y su evidente carácter público le permiten hacer este tipo de cosas. Ni es el primero ni el único; la lista de celebridades que padecen un mal y se dedican en cuerpo y alma a luchar contra él, recaudar fondos y propiciar todo tipo de investigaciones es larguísima: Carreras con la leucemia, Gemio con las enfermedades degenerativas infantiles, Christopher Reeves con la investigación en células madre, etc. Es más, toda esa gente que padece esas enfermedades llamadas "raras" que no interesan a nadie, fijo que se daría un canto en los dientes por que a algún famoso le tocara la china y moviera cielo y tierra por encontrar un remedio para su mal. Es un clásico, y además entra dentro de lo normal.

De por sí ya este tono hagiográfico a mí me echa bastante para atrás, porque soy poco propensa a regocijarme con las vidas de santos. Pero si esto fuera poco, lo peor es que se intenta huir tanto del dramatismo y del morbo que podría provocar el tema que no parece que esté una viendo una película sobre el Alzheimer. No creo yo que las personas que estén padeciendo en su familia este terrible mal puedan sentirse mínimamente identificadas con la historia de este señor simpatiquísimo, con tanta vitalidad, que habla con todo el mundo por la calle y se enfada porque le esconden las llaves de su coche para que no conduzca. Vamos, si no fuera porque una sabe que este documental va sobre una persona con Alzheimer nadie lo diría.

No sé, yo entiendo que se pretenda mantener la dignidad de esta persona y no se hable ni mucho menos se grabe en los momentos de pérdida de lucidez pero hombre, de ahí a que no se vea por ninguna parte nada de la pesadilla que supone para las personas que rodean a estos enfermos... pues tampoco. Desde luego si pretendían acercar la enfermedad al gran público y concienciar a la gente lo veo muy difícil de esta manera. Este señor durante toda la cinta parece más sano que una pera, como si su degeneración progresiva no fuera más que un fantasma del que han oído hablar pero que no se intuye ni mínimamente en la película.

Personalmente no creo que la actitud de Maragall sea especialmente valiente ni espectacular; creo que la inmensa mayoría de las personas, cuando reciben un palo como éste, lo afrontan con toda la dignidad posible y se enfrentan exactamente a la misma lucha con las mismas ganas. Habrá quien se hunda y se rinda de primeras, claro, pero seguro que son los menos. Cada cual lo afrontará en la medida de sus posibilidades pero no me gustan nada las historias en las que se pretende ensalzar el valor y la gallardía de alguien por la vía facilona de dotarle de unas cualidades de las que supuestamente carecen el resto de los mortales.

En definitiva, no me ha gustado el tono laudatorio del documental. No creo tampoco que refleje en absoluto la realidad de las personas que padecen este mal, ni mucho  menos la de sus familias, que normalmente se ven obligadas a afrontarla con escasísimos medios y poquísima ayuda externa. Y por último tampoco veo especialmente meritorio que alguien monte una fundación de ayuda a la investigación sobre una enfermedad de la que se ha concienciado porque no ha tenido más remedio, al haberle tocado la china. Mérito tendría si esa concienciación le hubiera venido por generación espontánea, pero vamos, luchar por un remedio contra el mal que uno padece tampoco es la cosa más excepcional del mundo.

Conste que Maragall es un tipo que me cae genial y sin duda debe de ser una gran persona pero como para beatificarlo por luchar contra su Alzheimer... pues va a ser que no.

martes, 6 de marzo de 2012

Garaje (Garage), by Lenny Abrahamson

Qué es un tonto? Desde luego no el que dice tonterías. En esta peli dicen tonterías todos menos el tonto.

Película de corte intimista, con toques costumbristas y el encanto de una maravillosa fotografía del paisaje rural irlandés. Una historia sobre la pureza, que nos mete en la piel de una persona de mirada limpia, sin maldad, que vive por y para sus pequeñas rutinas, sin ambiciones, sin proyectos de futuro, que aborda el día a día sin pedir nada más que un poco de calor, algo de cerveza, tal vez un rato de charla si hay suerte.

Pat Shortt, con gran intuición interpretativa, da vida a este personaje sencillo y entrañable que nos terminará sorprendiendo y emocionando. Supuestamente es un tonto pero, como suele suceder, la tontería circundante conseguirá superarle con creces. Shortt borda el papel y consigue acercarnos tanto a Josie que es difícil no compartir con él esa apertura al mundo de los "listos" que tantos problemas le traerá.

Una peli para pensar; no está mal pensar de vez en cuando en las gilipolleces que mueven el mundo, en los prejuicios, en las convenciones sociales, en las miradas sucias que sólo ven maldad, en la rigidez moral que pretenden imponernos en esta supuestamente laica, libre y bienpensante sociedad del carajo. Josie, que es un tontito de pueblo, nos enseñará más en 90 minutos que un curso entero de Sociología. Y por favor, no confundir con Forrest Gump; esto es otro mundo.

lunes, 5 de marzo de 2012

Sin límites, by Neil Burger

Érase que se era un tonto empastillao bajo una chopera. Poco más o menos así podría titularse esta película, porque resume perfectamente lo básico de la trama, por llamarla de alguna manera.

Un tío colgaísimo, sin oficio ni beneficio, más guarro que la potota, va y se toma un día una pastillita que casualmente le regala su excuñao, con el que lleva algo así como chiquicientos años sin verse, y con la pastillita le da un subidón que te cagas y en un par de días se hace millonario. Conste que no estoy revelando nada porque esto se ve en el minuto 3. Y nada, a partir de aquí todo es un sindiós: el tío a tope, se lava la cabeza, que falta le hacía, limpia su piso que se caía de mierda, la novia flipá, mafias que lo persiguen, empresarios de éxito que se lo rifan, peeeeero...  hasta aquí puedo contar.

La típica estética videoclipera que ya, por lo vista y requetevista, resulta tan cansina; un actor que dicen por ahí que es guaperas (en fin, sobre gustos...); una historia de amor de fondo, cómo iba a faltar; y un gancho muy desafortunado: Robert de Niro haciendo uno de esos papeles que dice una: por qué, Bob, por qué lo has hecho, si tú no tienes necesidad de esto?

A ver, la verdad es que la peli entretiene y se deja ver tranquilamente sin caer en el sopor; tiene sus ratitos de acción, su mijita de intriga, su correspondiente escena vomitivo-sanguinolenta... vamos, que no le falta un detalle. Si no fuera porque el guión es más flojo que un muelle guita y porque los actores están del primero al último pa pegarles una somanta palos, incluído mi adorado Roberto... podría hasta casi aprobarla por los pelos. Pero sinceramente, visto lo visto, me niego. Igual con una pastillita de ésas...

domingo, 4 de marzo de 2012

Mi refugio (Le refuge), by François Ozon

Premio especial del jurado en San Sebastián 2009, lo cual no es en absoluto garantía de nada, si acaso de muermo. Ya sabemos la clase de premios especiales que dan los jurados estos. Personalmente desconfío cada vez más de los premios en festivales,  salvo los del público, que obviamente coinciden un poco más con los gustos del idem.

Yo no creo que esta peli sea de premio; si acaso de premio a la mediocridad. No disgusta pero tampoco entusiasma; no es para vomitar pero tampoco para tirar cohetes. Vamos, que ni fu ni fá ni chicha ni limoná. Ni siquiera es muy francesa, que como mis muchísimos seguidores saben, es uno de los elementos que yo más valoro en una película. No lo puedo remediar; me pasa como a los yanquis progres, que me encanta todo lo francés.

La historia va de una drogadicta embarazada que se cuelga de un homosexual. Tiene muchos momentos "Verano azul" de paseítos por la playa y tal, y también tiene sus ratitos "Sexo feliz", para los incondicionales del tema, con la particularidad de que el sexo es con una señora embarazada de verdad, ya que la actriz protagonista, Isabelle Carré, parece ser que aprovechó su gestación para rodar esta historia que despierta tan pocos entusiasmos salvo para el jurado de San Sebastián de 2009.

También los forofos de la maternidad naturista disfrutarán viendo la barriga de esta señora casi todo el tiempo al aire. A mí, por ejemplo, eso me gustó porque las barrigas de embarazadas me molan un montón y si la propietaria es alguien de confianza casi siempre se la toco. Y si es Navidad, paso mi billete de lotería por ella, al igual que por la calva de los calvos. Por mi parte es el único atractivo que le encuentro a la película.

viernes, 2 de marzo de 2012

Cuestión de principios, by Rodrigo Grande

"Una función sobre la ética en tiempos de pura estética". Me gustó esta frase de Lluís Bonet Mojica para La Vanguardia y por eso elegí esta película, además argentina y comedia, y para remate interpretada por mis adorados Federico Luppi y Norma Aleandro, vamos, un caramelito.

Y no defrauda. Sí, es una historia sobre la ética pero también sobre la estética del mundo de la empresa y de los negocios. La pregunta es: está todo en venta? La respuesta no es sencilla porque no es ni sí ni no ni todo lo contrario. La película plantea la reflexión pero a lo largo de la cinta no siempre está clara la respuesta y ni siquiera al final obtenemos un dictamen concluyente.

Inmenso, como siempre, el gran Luppi; adorable, también como siempre, aquella inolvidable novia con Alzheimer llamada Norma Aleandro; y sin complejos frente a los dos monstruos, Pablo Echarri, al que conocí con impecable corrección académica en "El método" pero que aquí está mucho más convincente y auténtico en el papel de directivo joven y cabrón.

En definitiva, una buena historia, un guión sólido y bien trabado y unas interpretaciones magistrales para hablarnos de esa cosa que no se sabe muy bien qué es ni cómo se come que se llama "principios"