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lunes, 21 de octubre de 2013

En la casa, by François Ozon

El nuevo trabajo de François Ozon viene siendo tan insoportablemente pretencioso como casi todo lo suyo. Y hay que decir que la idea no es mala; lo que pasa es que Ozon consigue convertirla en una auténtica majadería de principio a fin.

La cosa va de un profesor de Literatura que se queda enganchado a la redacción de un alumno y le pide que siga con la historia, historia que en las siguientes entregas se va haciendo más y más rocambolesca hasta el punto de que incluso llega a afectar seriamente a las vidas de los implicados.

La realidad y la ficción se mezclan constantemente y así, la figura del profesor empieza a aparecer en el relato de su alumno y las vidas de los protagonistas del relato empiezan a confundirse tanto para el profesor como para el espectador entre lo que es, lo que pudo haber sido y lo que no es ni puede ser. Vamos, que en ningún momento se sabe a ciencia cierta si lo que cuenta el muchacho, por cierto un chaval un tanto inquietante, ha ocurrido en la realidad o es fruto de su calenturienta imaginación.

Y digo que esta idea, que en un principio podría parecer buena, se convierte en pura majadería, debido a la idiosincrasia de los personajes. Es muy difícil concebir a un profesor tan manifiestamente torpe y tan imbécil como el que interpreta el inefable Fabrice Luchini; al igual que es difícil concebir a un alumno que consiga tomar el pelo de tal manera a un profesor, con ese descaro y esa desfachatez. Como es difícil concebir al personaje de la mujer del profesor, por mucho que la interprete con su buen hacer habitual, la fantástica Kristin Scott Thomas.

Y no, no es una apreciación personal poco fundamentada. Podría serlo si ésta fuera sólo mi opinión, pero se da la circunstancia de que en mi casa estábamos tres espectadores. Paso a exponer los comentarios de cada uno:

ESPECTADOR 1º: Pero de dónde ha salido ese profe. Cómo puede ser tan tonto. Mira que en mi instituto hay mamarrachos pero tan colgao y tan primo como ése no he visto ninguno, imposible. Menudo pringao.

ESPECTADOR 2º: Pero bueno, cómo es posible que el amigo del niño, el tal Rafa, no se mosquee cuando le pone ejercicios y, en lugar de quedarse con él para ayudarlo y resolverle las dudas, lo deja solo haciéndolos y se va durante horas a dar vueltas por la casa, a colarse en todas las habitaciones y a espiar a los padres. Pero qué invento es éste.

ESPECTADOR 3º: Grrrrrrrrrrrrrrrr Fiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu! (Onomatopeya de un ronquido)

Como podéis comprobar, tres críticas bastante unánimes, fundamentadas y contundentes.

domingo, 4 de marzo de 2012

Mi refugio (Le refuge), by François Ozon

Premio especial del jurado en San Sebastián 2009, lo cual no es en absoluto garantía de nada, si acaso de muermo. Ya sabemos la clase de premios especiales que dan los jurados estos. Personalmente desconfío cada vez más de los premios en festivales,  salvo los del público, que obviamente coinciden un poco más con los gustos del idem.

Yo no creo que esta peli sea de premio; si acaso de premio a la mediocridad. No disgusta pero tampoco entusiasma; no es para vomitar pero tampoco para tirar cohetes. Vamos, que ni fu ni fá ni chicha ni limoná. Ni siquiera es muy francesa, que como mis muchísimos seguidores saben, es uno de los elementos que yo más valoro en una película. No lo puedo remediar; me pasa como a los yanquis progres, que me encanta todo lo francés.

La historia va de una drogadicta embarazada que se cuelga de un homosexual. Tiene muchos momentos "Verano azul" de paseítos por la playa y tal, y también tiene sus ratitos "Sexo feliz", para los incondicionales del tema, con la particularidad de que el sexo es con una señora embarazada de verdad, ya que la actriz protagonista, Isabelle Carré, parece ser que aprovechó su gestación para rodar esta historia que despierta tan pocos entusiasmos salvo para el jurado de San Sebastián de 2009.

También los forofos de la maternidad naturista disfrutarán viendo la barriga de esta señora casi todo el tiempo al aire. A mí, por ejemplo, eso me gustó porque las barrigas de embarazadas me molan un montón y si la propietaria es alguien de confianza casi siempre se la toco. Y si es Navidad, paso mi billete de lotería por ella, al igual que por la calva de los calvos. Por mi parte es el único atractivo que le encuentro a la película.