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domingo, 19 de octubre de 2025

Sin gluten (Serie), by Javier Aguayo

Mira que vengo de ver una serie mala remala cuya malura era difícil de superar. Pues nada, parafraseando a los morados, SÍ SE PUEDE. Nunca existe un límite por lo bajo para las series españolas.

En esta ocasión por suerte los personajes no hablan gallego cantarín como en "Animal", cosa que se agradece. Para compensar hay variedad de acentos, tonos y melodías. Tenemos un colombiano, una gitana y una cubana que garantizan el multiculturalismo de obligado cumplimiento en toda serie española que se precie. También hay un chaval con TOC para que no falle la inclusividad y que esté presente el tema de la salud mental. Para eso también tenemos un protagonista que es alcohólico en rehabilitación y que acude a una terapia donde hay adictos a prácticamente todo: ludópata, adicto al sexo, adicta a las compras... en fin, una amplia gama para satisfacer a todo el personal perjudicado que exige representación en la ficción patria.

Con esta tropa se podría haber hecho algo medio qué. Habría bastado con pedirle un guion con chistecillos a ChatGPT y aunque sea repitiendo gracietas de "Aquí no hay quien viva" te monta algo hasta presentable, por lo menos para cubrir el expediente y sacarle alguna que otra risilla al personal.

Pero no, no se han molestado ni en eso. Aguayo y sus secuaces  han dado por sentado que con personajes tan variopintos la cosa fluye per se. Solo hay que dejarlos a su bola.

Y así tenemos diálogos tan geniales como el siguiente:

- Qué pasa, morita?

- Pos si yo soy morita tú eres gitanita.

- Pos sí, y a ti el latin te pone el chichi contentito.

- Oiga profe, qué quiere que hagamos?

- Cusha payo, o nos mandas algo o seguimos aquí tocándonos el jigo.

Este es el nivel, Maribel.

Ayyyyy, cómo se echa de menos al Diego Martín de Muertos S. L., ese inolvidable Chemi.

Eso sí, Antonio Resines sigue haciendo de Antonio Resines. Eso es lo único que nunca cambia. Haga de primo o de hermano siempre es el de los Serrano.



viernes, 27 de noviembre de 2015

La vida alegre, by Fernando Colomo

Qué gozada volver a los 80 de la mano de Colomo y reencontrarnos con Verónica Forqué o con el Resines de los primeros tiempos. O con Massiel, Wyoming, Gurruchaga, y con algunas de mis actrices favoritas del cine español: esa porteraza maravillosa que es Chus Lampreave, esa abuela inolvidable que fue Rafaela Aparicio... Y qué decir del ministro interpretado por el enorme Miguel Rellán, camuflado con peluca rubia y gafas de sol para no ser reconocido por sus escoltas.

Y sobre todo la risa, el buen humor, la forma de tratar temas espinosos como son las enfermedades venéreas con esa ligereza tan ochentera... La frescura, el tono, el color, y ayssssss, esa moda de la época que pone los pelos de punta... qué horrorrrrrr! Esas hombreras, esos peinados, ese horterismo inherente a aquellos tiempos... Pero anda que no mola esa sensación de espanto que causa a mil años luz.

La verdad es que me he divertido muchísimo viéndola. Creo que nunca la había visto entera antes, es de ese tipo de pelis que cuando las echan nunca las ves porque siempre crees que las has visto ya. Pero no, si la hubiera visto la recordaría. Imposible olvidar ese desfile friki que pasa por ahí, toda esa gente que decidió en su día echarle una mano a Colomo para hacer este divertimento por el que muy probablemente no cobraron ni un céntimo.

Hay otros mundos aparte de Almodóvar. Los ochenta estuvieron llenos de gente ingeniosa, muy loca, muy divertida, transgresora, con ganas de pasárselo bien y de hacer disfrutar a la gente. También hubo muchos rollos chungos (la droga, los escándalos políticos...), pero todos ellos están presentes en esta historia aunque completamente desdramatizados, convertidos en ingredientes de un relato costumbrista de unos tiempos que tuvieron sus más y sus menos pero que siempre son gratos de recordar. Para nostálgicos empedernidos y para todos los que tengan interés en saber cómo éramos y cómo nos descojonábamos allá por los 80.

lunes, 13 de mayo de 2013

Carreteras secundarias, by Emilio Martínez-Lázaro

Ésta es una historia que carece de un mínimo de credibilidad cinematográfica, que es lo menos que se le puede pedir a una película del género viajero. El catálogo de imposibles y de despropósitos sería largo, pero por resumir:

1. El propio personaje protagonista, que en realidad es Antonio Resines haciendo, una vez más, de él mismo, por supuesto en plan primo, que es lo habitual cuando hace de él mismo.

2. Que de este triste personajillo absolutamente falto de atractivo personal se vayan enamorando locamente por todo el territorio español pedazos de tías como Maribel Verdú cuando era algo más que un saco de huesos y aún tenía tetas, culo y carnes macizorras. Pero vamos, esto ya pasaba en Los Serrano y casi estamos acostumbrados a la increíble suerte con las tías que tiene este hombre.

3. La relación padre-hijo, que supuestamente es la base de la historia. Aquí qué pasa, no se sabe muy bien si el hijo odia al padre o lo quiere o lo desprecia o simplemente le da pena y no lo manda a la mierda por no dejarlo solo.

4. Todos los personajes están desdibujados y las historias paralelas totalmente indefinidas. La del enamoramiento del niño con la chica de la base militar, la de la familia rica de Resines… da la sensación de ir dando tumbos de un lado a otro sin que se sepa muy bien a dónde va ni lo que pretende.

5. Lo mismo ocurre con los lugares de destino de los dos viajeros; en ningún momento se explica por qué van de un lado a otro, por ejemplo por qué dejan la costa y tiran para el interior, donde hay muchas menos posibilidades de hacer negocio. Parece como si se movieran al tuntún, sin motivo ni razón, sólo porque la película se llama “Carreteras secundarias” y hay que justificar el título.

En fin, Emilio Martínez-Lázaro tiene su oficio y eso se nota, pero pocas veces le he visto darle al tajo con un guión más flojo y con menos consistencia. Y en cuanto a los actores yo casi a la única que salvaría es a la Verdú, por muy increíble que pueda parecer su historia de amor con Resines. La pobre se lo curra y hace lo que puede para convencernos de que los bigotes y la calvicie incipiente de don Antonio le provocan hormigueo estomacal y pálpitos en la pepitilla. Maribel, guapa, déjalo; todo esfuerzo interpretativo tiene sus límites.

jueves, 26 de julio de 2012

Celda 211, by Daniel Monzón

Definitivamente somos un país cutre. Una buena parte del público mayoritario patrio abomina del cine español, y tiene que venir alguien a hacer una película al más puro estilo yanquiland, por gilipollesca, demencial y paranoide que pueda ser, para que todo el mundo se rinda a sus pies y se lance a soltar polladas mil sobre la supuesta excelencia del engendro.

Yo de "Celda 211" salvo, y de puro milagro, a Luis Tosar. Y tiene mucho que ver con que tengo debilidad por este hombre y con que me parece, con creces, el mejor actor del cine actual tanto nacional como internacional. Sin embargo a este personaje suyo le veo mucho menos mérito que a los demás. Le han puesto en bandeja un caramelito, un tipo carismático a más no poder, duro y tierno a la vez, con una fisonomía peculiar, que le obliga a una caracterización difícil... Vamos, que hasta a Mario Casas le das este papel y le dan un Goya fijo.

Lo demás no hay por dónde pillarlo: es mera imitación del más chapucero cine carcelario americano. Ritmo trepidante, guión lleno de trampas, cárceles que no se cree ni la madre que las parió, situaciones imposibles (toda la historia que montan con Resines, lavirrrgen, es una pura paranoia), personajes tópicos (dios mío, esos colombianos), casualidades de culebrón (lo de Marta Etura en la tele... por favoooooor!!!!)

Esto demuestra una cosa que yo hace años vengo sosteniendo: la mayoría de la gente quiere cine americano, única y exclusivamente, tanto si se hace en los USA como si se hace en España, Rusia, Mali o Lituania. No les interesa otra cosa. Y la manera de triunfar y de ganarse al público es darles la mierda que quieren y hacer pelis lo más parecidas posible a Misión Imposible, la saga Bourne o cualquier mamarrachada por el estilo.

Aquí no tenemos término medio, o nos liamos a glosar la guerra civil hasta el aburrimiento o la extenuación, o nos tiramos en barrena a importar bazofia... Paísssss!

Hala, ya podéis fusilarme tranquilamente. Total, bicho malo nunca muere.


jueves, 17 de marzo de 2011

Amanece, que no es poco, by José Luis Cuerda

Si tuviera que elegir de todas las frases de la película una que la identificara sería ésta: "alcalde, nosotros somos contigentes pero usted es necesario". Esta sentencia fantástica lo dice todo, nos cuenta el tipo de humor que nos vamos a encontrar a todo lo largo de la película, nos habla de la peculiaridad de sus personajes, de las situaciones completamente hilarantes, inesperadas, asombrosas a las que vamos a asistir.

En esta película todos los personajes son contingentes y necesarios a la vez. No me la imagino sin Resines en su moto y sin Ciges en su sidecar, ni sin el negro del pueblo, o sin la amiguita buenorra del alcalde, que es del norte pero habla andaluz porque nació graciosa. No me la imagino tampoco sin la panda de americanos con Gabino Diego a la cabeza, o sin los hombres que nacen de la tierra, sin el cura y sus exitosas y aplaudidas misas... Y ni pensar en Amanece sin el labrador-intelectual del pueblo, sin el suicida frustrado, sin el actor que quiere cambiar su personaje, sin el argentino que plagia a los clásicos, sin el profesor cantarín... Ningún personaje tiene desperdicio, ni falta ni sobra.

Creo que es mi primer diez en filmaffinity, y aunque espero que no sea el último, va a ser muy difícil que alguna película llegue para mí al nivel de ésta.

Otros días vendrán, by Eduard Cortés

Película llena de buenas intenciones y con un encomiable y esperanzador mensaje vital pero cargada de despropósitos de principio a fin.

No me refiero al ramillete de improbabilísimas casualidades que marcan el guión y que ya han sido ampliamente comentadas por otros filmafiniteros. Es básicamente por las reacciones de los personajes ante las circunstancias que se les plantean. Me extenderé un poco más al respecto en el espoiler.

Las interpretaciones pasables, lo mejor Fernando Guillén interpretando a un enfermo de Alzheimer. Cecilia Roth y Resines están correctos sin más. Las niñas francamente insoportables, vaya panda de niñatas redichas. El argumento completamente inverosímil. Sólo es planteable en clave de cuento fantasioso.
spoiler:
1. No es creíble la reacción de Resines cuando le proponen las niñas ir a conocer a la receptora del riñón de su hijo.

2. No es creíble el encuentro entre Roth y el chaval. Una mujer puede equivocarse y quedar con alguien que ha conocido en un chat y que resulta ser un niño, pero necesita mucho más para quedarse y follar con él que una grabación guarra.

3. La escena de la fiestecita y de la cancioncita dedicada al donante de órganos, francamente bochornosa. Pasé verdadera vergüenza ajena. Y ya cuando Resines coge la guitarra y se lanza por canción de autor, apaga y vámonos.

4. La quedada de Resines por el chat con Roth igualmente patética. Me quedé con las ganas de saber cómo pensaba reconocer a la desconocida chatera Mina si no hubiese sido porque era la única persona en todo el parque.

5. La reacción final de Resines cuando comprende la verdad. Sí, es un mensaje de esperanza y perdón precioso que me encanta y te hace sentir superflowerpower, pero es sencillamente imposible. Bien es verdad que el personaje de Resines en todo el argumento es el más inverosímil de todos, a pesar de lo cual tengo que reconocer que el tío es un profesional de tomo y lomo y consigue convertirlo en una especie de hado madrino que viene a salvar a Roth de su naufragio