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martes, 1 de abril de 2014

Ocho apellidos vascos, by Emilio Martínez Lázaro

Si no eres un incondicional del humor estilo Tele 5.

Si no terminas de captar de qué se ríen los adolescentes granulentos de tu familia.

Si eres más de David Navarro que de Dani Rovira.

Si lo de "Euskadi tiene un color especial" no te parece el hallazgo del siglo.

Si con el Risitas y el Peíto has sentido alguna vez vergüenza ajena.

Si te da repelús que algunos alaben esta película por su "valentía".

Si no crees que haya que ser una Juana de Arco para explotar topicazos.

Si "Bienvenidos al Norte" te pareció una puta chorrada.

Si te importa un huevo que te digan que no tienes sentido del humor.

Si Emilio Martínez-Lázaro te parece un director-despojo.

Si te avergüenzan los índices de audiencia de la televisión de este país.

Si no acostumbras a comer mierda.... No te comas esta mierda.

lunes, 13 de mayo de 2013

Carreteras secundarias, by Emilio Martínez-Lázaro

Ésta es una historia que carece de un mínimo de credibilidad cinematográfica, que es lo menos que se le puede pedir a una película del género viajero. El catálogo de imposibles y de despropósitos sería largo, pero por resumir:

1. El propio personaje protagonista, que en realidad es Antonio Resines haciendo, una vez más, de él mismo, por supuesto en plan primo, que es lo habitual cuando hace de él mismo.

2. Que de este triste personajillo absolutamente falto de atractivo personal se vayan enamorando locamente por todo el territorio español pedazos de tías como Maribel Verdú cuando era algo más que un saco de huesos y aún tenía tetas, culo y carnes macizorras. Pero vamos, esto ya pasaba en Los Serrano y casi estamos acostumbrados a la increíble suerte con las tías que tiene este hombre.

3. La relación padre-hijo, que supuestamente es la base de la historia. Aquí qué pasa, no se sabe muy bien si el hijo odia al padre o lo quiere o lo desprecia o simplemente le da pena y no lo manda a la mierda por no dejarlo solo.

4. Todos los personajes están desdibujados y las historias paralelas totalmente indefinidas. La del enamoramiento del niño con la chica de la base militar, la de la familia rica de Resines… da la sensación de ir dando tumbos de un lado a otro sin que se sepa muy bien a dónde va ni lo que pretende.

5. Lo mismo ocurre con los lugares de destino de los dos viajeros; en ningún momento se explica por qué van de un lado a otro, por ejemplo por qué dejan la costa y tiran para el interior, donde hay muchas menos posibilidades de hacer negocio. Parece como si se movieran al tuntún, sin motivo ni razón, sólo porque la película se llama “Carreteras secundarias” y hay que justificar el título.

En fin, Emilio Martínez-Lázaro tiene su oficio y eso se nota, pero pocas veces le he visto darle al tajo con un guión más flojo y con menos consistencia. Y en cuanto a los actores yo casi a la única que salvaría es a la Verdú, por muy increíble que pueda parecer su historia de amor con Resines. La pobre se lo curra y hace lo que puede para convencernos de que los bigotes y la calvicie incipiente de don Antonio le provocan hormigueo estomacal y pálpitos en la pepitilla. Maribel, guapa, déjalo; todo esfuerzo interpretativo tiene sus límites.

jueves, 17 de marzo de 2011

Las 13 rosas, by Emilio Martínez Lázaro

Realmente he estado dudando un buen rato entre calificar esta película de regular o directamente mala, aunque al final me he decidido por lo primero, reconociendo así el esfuerzo y la buena voluntad del director y una pequeña parte del reparto, que la salvan un poco de la quema total y absoluta. No es tanto que el tema esté trillado a más no poder, que lo está, y ya resulta cansino, sino que el tratamiento es siempre el mismo, no se sale ni medio centímetro de la línea pensante oficial. De verdad, es un hartazgo. Contabilicé al menos cuatro veces en las que alguno de los personajes dice algo similar a "espero que esto no se olvide", "alguien tendrá que recordar esto", etc. Es un cante tremendo, sobre todo teniendo en cuenta que la película coincide en el tiempo con la polémica sobre la memoria histórica. Joder, podían haber disimulado una mijilla el evidente intento de manipulación del personal. Son casi tan sutiles como un mazazo en la cabeza, un poquito de por favor.

Y si a eso le añadimos un reparto para echarse a llorar, salvo honrosas excepciones, compuesto casi en su totalidad por jóvenes promesas televisivas de series tipo "Los Serrano" , pues apaga y vámonos. Y un vestuario de todo menos natural, esas chicas que están en una cárcel completamente hacinadas, pero eso sí, todas ellas monísimas e ideales de la muerte, con el peinado de la época impecable, el modelito fantástico, sus tacones monísimos... Hombre, por diosssss, yo entiendo que esas actrices no están muy por la labor de que las saquen feas, con las caras sucias y los pelos llenos de greñas como si estuvieran en una cárcel hacinada, pero...señores, es que ese productor las ha contratado precisamente para eso. Por favor, un poquito de verosimilitud en la caracterización de las 13 rosas, que efectivamente pasan por su supuesto calvario como unas rosas, que ya quisiera yo ir la mitad de mona a una boda.

En fin, lo dicho entre mala y regular, y sólo recomendable para auténticos forofos del cine guerracivilista en versión oficial.

Por cierto, qué malisimos todos los fachas y qué estupendos, sanotes y bonachones todos los rojillos. Y conste que yo soy rojilla, pero por favor, que me dejen pensar un poquito, que no me lo den tan mascao.

Los peores años de nuestra vida, by Emilio Martínez Lázaro

Buen intento... Pero fallido.

David Trueba, voy a decirte una cosa. Tú no eres Woody Allen. Y Gabino Diego tampoco. A feos sí, estáis muy a la par, pero no por ser igual de feo que Allen se tiene que tener el mismo talento.

Hacer recitar a Gabino todas esas soplapolleces continuamente hasta la extenuación no le convierte automáticamente en el personaje alleniano al que suele interpretar el propio Woody. Esas cansinas charlas consigo mismo, esas visiones fantasiosas del futuro, esos diálogos en el cine con los personajes de la pantalla, tienen su gracia si las hace alguien con cierto carisma, pero la pierden por completo cuando se hacen tan repetitivas y el que las interpreta las suelta como quien está soltando la tabla de multiplicar.

El personaje de Gabino Diego es pelmazo a más no poder. No es que sea un pagafantas, como dicen algunos en sus críticas; es que a ver quién es la bonita que aguanta dos horas seguidas a semejante tostón, todo el tiempo soltando chorradas o, todavía peor, calibrando qué comentario "ingenioso" va a decir a continuación. No es que tenga que pagar las fantas, es que ni pagando las fantas, los vinos, las tapitas, el puro y la copa hay cristo que lo aguante.

Mis 3 puntos van por Agustín González, siempre fantástico aunque sea en un bodrio como éste. Sus escenas con las gallinas sin duda son lo mejor de la peli. Sólo él fue capaz de hacerme reir. A los demás un contundente tomatazo en to la jeta. Petardos