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viernes, 20 de septiembre de 2013

Mystic River, by Clint Eastwood

Ésta es una película de casualidades casi imposibles y de coincidencias cogidas por los pelos. Hay dos tragedias, una violación y un asesinato, pero lo que las une es tan peregrino que Eastwood le tiene que pegar unas cuantas patadas al guión para que medio le cuadre.

Es cierto que el principio es muy potente, pero poco a poco la trama se va embrollando sin sentido hasta llegar a un final simple y llanamente impresentable, cuando no directamente insultante porque se basa en aceptar la total estulticia del espectador.

El desenlace es fullero a más no poder; de repente resulta que el quid de la cuestión estaba en un personaje secundario que pasaba por allí y al que apenas se le ve el pelo. Pero esto qué coño es, una tomadura de pelo, un vacile de Harry el Sucio o qué.

Para mí lo único salvable es la interpretación de Tim Robbins, magnífico en su papel de hombre machacado por un trauma. En cambio Sean Penn está tan sobreactuado como malhechor de medio pelo en busca de venganza que parece todo el rato al borde del telele.

Clint Eastwood nos deja claro un mensaje: la vida es una puta mierda, a los buenos al final siempre les terminan dando por culo y los malos se suelen ir de rositas. Bueno, vale, Clint, eso ya lo sabía. Alguna otra obviedad que quieras contarme?

domingo, 24 de febrero de 2013

Mi nombre es Harvey Milk, by Gus Van Sant


Conozco a un tipo que es gay y facha al mismo tiempo. Sí, ya sé, es algo así como ser negro y del Ku-Klux-Klan o judío neonazi, pero ese tipo de gente existe. Es así y hay que asumirlo. Cuando le preguntas a este tipo por el matrimonio homosexual dice que es un pego y que él no necesita casarse. Ya, bueno, y yo tampoco y sin embargo no por eso voy  por ahí lanzando proclamas incendiarias contra el matrimonio hetero, por mucho que me parezca una institución caduca, obsoleta y rancia a más no poder.

Y a qué viene esto? Dirá alguno. Pues viene a que precisamente en esta película Gus Van Sant nos muestra los primeros movimientos en Estados Unidos por los derechos civiles de los homosexuales y la relación de éstos con la política. El tal Harvey Milk, que como empresario venía de una mentalidad liberal republicana, se ve obligado por su condición sexual a replantearse su posición, y se convierte en el primer político abiertamente gay que se presenta a unas elecciones con su condición sexual como referente. En ese aspecto la película es interesante, incluso necesaria. Está bien que alguien nos haga recordar de vez en cuando la tremenda lucha que ha hecho falta hasta llegar al día de hoy, con una serie de derechos asumidos por la sociedad que aunque creamos ya consolidados, para nada, que ahí siguen los del crucifijo in pectore pugnando por recuperar terreno.

Lo que no me gusta de la película es la falta de coherencia del director. Por qué Van Sant, que nos habla de la homosexualidad y de los derechos civiles del colectivo gay, es tan timorato con la cámara? Por qué cuando Sean Penn y James Franco se besan (supercastamente, todo hay que decirlo, plan piquito y leve restregón de morros) aparece un súbito fundido en negro, o se va difuminando la luz hasta la siguiente escena? Bueno, y como dice el chiste, ya de follar ni hablamos.

Volvemos a lo mismo de siempre: quiero reivindicar algo pero no quiero herir demasiado la sensibilidad del espectador que sienta cierta repugnancia ante la imagen de dos tíos metiéndose la lengua hasta la garganta o sobándose o directamente echando un polvo. Ante todo no asustar al público.

Joder, y eso es justamente de lo que abominaba el propio Milk, según se desprende de la película: de la falta de valentía para mostrarse como uno es, de los armarios cerrados, del terrible mal que ese ocultismo hace a la causa, porque cuánta gente hay que se muestra abiertamente homófoba sin complejos porque no sabe que la persona que está tomando café a su lado o que trabaja en la mesa contigua es homosexual? Y ahora viene un director que quiere contarnos una historia de arrojo y osadía y el tío va... y se caga por la patilla!!!! Pues eso, un quiero y no puedo, un sí pero no, un puro y duro coitus interruptus.

domingo, 20 de mayo de 2012

Hacia rutas salvajes (Into the Wild), by Sean Penn

Basada en un hecho real. No me extraña, me lo creo sin problemas; el mundo está lleno de gilipollas integrales como el protagonista de esta película que, para mi espanto, pasmo e indignación, tiene unas críticas espectaculares y unas puntuaciones realmente escandalosas.

Tenemos a un niñato de familia bien, recién terminada la universidad, y que tiene él superclaro que está por encima del bien y del mal, de esta asquerosa sociedad de consumo, de la moral burguesa de sus padres, de los sentimientos de la gente que lo quiere o lo aprecia...

Él es un espíritu libre y lo piensa demostrar, mochila a cuestas, recorriendo los parajes más salvajes de la América profunda, con la inestimable ayuda de su instinto pijoteril (que ya sabemos que es lo más útil para enfrentarse a los peligros de una naturaleza indómita) y un libro de plantas comestibles. Su objetivo es Alaska. Pa Alaska voy, de Alaska vengo, y por el camino yo me entretengo.

Es muy divertido ver a este singular e intrépido trotamundos enfrentarse a torrentes, animales salvajes, plantas venenosas, crecidas de ríos, tormentas y desiertos áridos con su mochilita y su libro, y claro, contándonos mediante una oportuna voz en off sus interesantísimas apreciaciones filosóficas de veinteañero chupiguay y molongo. Pero no creáis, que la suya no es la única voz en offf; también tenemos a la hermana del nene, que  nos va contando con toniquete llorón por su parte su particular vivencia por la ausencia del niño perdido.

Y luego la de amigos que hace este encantador muchacho durante su andadura, y la de gente interesante que conoce! Y a todos les seduce con su espíritu libre, y todos se lo quieren quedar y todos se lo piden para adoptarlo, follárselo o dejarle su herencia... pero él no, él no quiere ataduras ni dinero ni amor; él sólo quiere su libertad.

Y claro, la libertad es como la fama; cuesta. Y ahí tenemos a Emile Hirsch, que interpreta a nuestro joven y audaz héroe, abriendo y cerrando agujeros del cinturón según va oscilando su peso. Al final de la película a que no adivinas cuántos agujeros tiene.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Caza a la espía (Fair Game), by Doug Liman

Me puse a ver esta peli, que va sobre el caso real de la espía norteamericana Valerie Plame, algo mosca porque había leído previamente algunas críticas que la tachaban de filme cuasi documental. En fin, a mí los documentales me gustan (lo prometo, palabrita del niñojesús) pero no sé yo hasta qué punto sería capaz de tragarme uno sobre la historia de la tía ésta, que tampoco me parece demasiado apasionante. Y para colmo el tema Irak ya me carga un poco, y eso que no está ni las tres cuartas partes de explotado que el de Vietnam o el de la guerra civil en España. En fin, que a pesar de estas cosillas me piqué y allá que fui.

Mi diagnóstico: soy un marujón. Soy lo más peor. Me pasé toda la peli verdaderamente preocupada por la forma de conciliar la vida familiar y la laboral de la espía Plame. Llamadme incluso sexista; igual si el espía hubiera sido el marido no me haría estas preguntas. Pero es que una espía de altísimo nivel y un diplomático superocupadísimo no me los hago yo formando una familia y cuidando a niños pequeños. Me hace sentirme muy inferior y muy fatal. Yo no soy espía ni estoy todo el día por ahí viajando y jugándome el pellejo ni mi marido es un aguerrido luchador contra el imperio, joder, pero nos las vemos y nos las deseamos para esto de la conciliación. Seremos torpes, no te digo yo que no.

Admiro mucho a los americanos porque las cuestiones de intendencia doméstica siempre las tienen superbien resueltas y pueden dedicarse tranquilamente al espionaje, la diplomacia, salvar al mundo y todas esas cosas. Yo, la verdad, no tengo tiempo ni siquiera para salvar España, con todo lo chica que es; menos mal que para eso está Rajoy, qué alivio.

Creo que el resto de la historia que nos cuenta Liman es muy superficial y tiene el mínimo interés frente a esta capacidad supersónica para la conciliación familiar. Eso sí, Sean Penn lo hace muy bien, como de costumbre, pero tampoco veo yo a este hombre cuidando críos y recogiendo la mesa. En definitiva, que mi punto maru me ha impedido disfrutar como debiera de esta, sin duda, excelente película.

jueves, 17 de marzo de 2011

Red Rock West, by John Dahl

Bueno, creo que a estas alturas es bastante redundante comentar el parecido de esta película con "Giro al infierno". La de Stone la vi hace unos meses y me gustó muchísimo, me pareció un hallazgo, tal y como comenté en mi crítica en Filmaffinity. Ésta de John Dahl me ha gustado menos, y aunque tiene el innegable mérito de ser la primera de las dos, lo que convierte a la otra en una copia, creo que en este caso la copia sobrepasa al original.

De todas formas, es interesante poder comparar ambas. De las interpretaciones principales, aunque Nicholas Cage lo hace bastante bien, para mí Sean Penn es un fuera de serie. También el guión de la peli de Stone me parece mejor, con más momentos de humor y mucho más irónico; por contra, éste es bastante más serio e incide fundamentalmente en la intriga.

De las dos chicas, no me quedo con ninguna. La verdad es que el aspecto de femme fatale de los años cincuenta de la de Red Rock pega como un santo con dos pistolas en un escenario de los 90. Esas caídas de ojos a lo Bacall, esa cara de "en cuanto te descuides te doy la puñalá"... en fin, a lo mejor en un remake de "El halcón maltés" hubiera quedado bien pero aquí canta un poco. En ese sentido, a pesar de no ser una gran actriz, López está como más en su papel.

En definitiva, que me quedo con la versión de Stone aunque reconozco el mérito de ésta y me parece interesante ver las dos para poder establecer comparaciones. Y en todo caso, es una peli bastante entretenida, que mantiene un inquietante suspense y que me parece altamente recomendable

El juramento, by Sean Penn

Una historia verdaderamente impactante que no puede dejar indiferente a nadie. Gira en torno a la obsesión de un hombre que dedica su vida a intentar cumplir un juramento que en un momento determinado hizo en circunstancias de máxima presión.

He leído por ahí que es una especie de remake de la película "El cebo", pero por lo que he podido saber, a pesar de seguir la misma trama, las dos películas inciden en puntos totalmente distintos. Si en la de Vajda parece ser que el elemento esencial es el asesino y su captura, en la de Penn todo se aglutina en torno a la evolución psicológica del policía jubilado y a su obstinación por cumplir su juramento. Aquí la figura del criminal pasa a un plano totalmente secundario, es una especie de fantasma que está ahí todo el tiempo pero sólo como leitmotiv de la obsesión del protagonista.

De la interpretación de Jack qué puedo decir. Simplemente impresionante. Es un papel totalmente alejado de su registro habitual, que se presta bastante a la sobreactuación. Aquí está sobrio, lo dice todo con las miradas, toda la evolución del personaje se refleja de un modo contenido y sin aspavientos. En dos palabras, lo borda.

Hay otras interesantísimas apariciones: Benicio del Toro en el papel de indio deficiente mental, magnífico; Vanessa Redgrave de abuela de la niña muerta, estupenda; Robin Wright, impresionante en su rol de camarera maltratada; Helen Mirren, de psicóloga que se percata de la enfermiza obsesión del policía; y hasta Mickey Rourke consigue conmover en el papel de padre destrozado de una niña desaparecida. Todos y cada uno de ellos ponen su granito de arena para hacer de ésta una gran película.

Sin duda, sobresaliente.