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miércoles, 4 de marzo de 2015

The invisible woman, by Ralph Fiennes

Al igual que la obra de Dickens, la historia que cuenta esta película es un clásico: señor cercano a la cincuentena que, cansado de su fláccida y regordeta esposa también cincuentona y madre de sus diez chiquillos, se encoña de lozana e ingenua jovencita treinta años menor. Lo dicho, un clásico. Que el señor en cuestión se llame Charles Dickens no cambia demasiado los hechos. El escritor cumple puntualmente con todos los tópicos del proceso:

1. Un aciago día sorprende a su oronda señora desnuda en el baño y le da un ataque de espanto.

2. Busca, compara y encuentra algo mucho mejor, con bastante menos grasa y muchos menos años.

3. Le va tirando los tejos sin prisa pero sin pausa a la doncella objeto de su deseo.

4. La deseada se resiste un poco pero, atraída por el intelecto y la fama del caballero, y tal vez un poco también por su posición social y su desahogada cuenta corriente, al final cae rendida y le entrega la flor de su virginidad.

5. Mucho sexo y mucha pasión al principio y paulatina caída en nueva rutina conyugal.

Y ya está, punto pelota, lo de siempre pero en antiguo. El principal atractivo de la película está en que, aparte de dirigirla, la protagoniza mi adorado Ralph Fiennes, que hasta disfrazado de encoñado decimonónico está apuesto y encantador; y en una Kristin Scott-Thomas que siempre da un elegante toque personal a sus trabajos. Respecto a la protagonista femenina, Felicity Jones, simplemente cumple con pasmosa insipidez en su papel de doncella obnubilada. Fiennes sencillamente se la come, en todos los sentidos.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Sucedió en Manhattan, by Wayne Wang

Dicen por ahí los sabios críticos a los que leo con fruición que ésta es una nueva adaptación de la Cenicienta, una Cenicienta moderna más, vamos, una mala copia de “Pretty woman”. Pues miren ustedes, señores críticos, será una copia, no digo yo que no, pero en mi opinión, un poquito menos infumable que el original. No demasiado pero lo suficiente para poderse ver sin vomitar hasta la primera papilla.

No nos engañemos. Es, al igual que “Pretty woman”, una historia insustancial, ideada para mentes simples, y poco evolucionadas, casi al borde de la subnormalidad, pero sin embargo hay un par de cosillas que hacen que sea una mijilla mejor, o menos mala. Por ejemplo una cierta voluntad de realismo en los personajes.

La protagonista esta vez no es una puta callejera impresionante de la que se enamoran locamente sus clientes multimillonarios sino una camarera de hotel, guapita y con un culo estupendo pero dentro de la normalidad, que tiene que aguantar todo el día las chorradas e impertinencias de su pija clientela. Un personaje con el que, esta vez sí, pueden identificarse cienes y cienes de trabajadoras de la hostelería que saben perfectamente lo que es tener que tratarse a diario con lo más granadito del tonterismo nacional e internacional.

Por otra parte, puestos a desear que aparezca un príncipe azul a salvarnos de nuestra cochina vida laboral, yo qué quieres que te diga, prefiero mil veces que tenga la cara y la apostura de Ralph Fiennes que la insulsez estirada y gélida de Mister Gere.

En definitiva, unos personajes algo más hubaaaanos y una historia con ciertos visos de realidad dentro de la estupidez habitual e inevitable de la comedia romántica made in USA. Hay que reconocerle a Wayne Wang que con el material que tiene entre manos no hace algo demasiado cochambroso y nauseabundo. Se puede hasta ver con relajo sin subirse por las paredes y bostezando lo justo.

Lo peor, cómo no, el niño. Éste encima nos ha salido rarito y de mayor quiere ser político. Si ya de por sí los personajes infantiles son insoportables en estas películas, ver al mocoso este aficionado a leer biografías de políticos como Nixon o Kissinger, podría hacer echar la pota hasta a una cabra montés. Pero en fin, mirando al nene lo mínimo posible y centrándose en el príncipe azul Fiennes la cosa se hace llevadera. Palabrita.

jueves, 18 de abril de 2013

Spider, by David Cronenberg

Adentrarse en una mente enferma e intentar reflejar su funcionamiento debe de ser una de las aventuras más apasionantes que pueda plantearse un cineasta, pero es francamente arriesgado. Desde luego lo que pueda salir de ahí nunca será una peli de acción trepidante ni un entretenimiento ligero; por fuerza tiene que ser algo complejo, tortuoso e intrincado; y de la aventura se puede salir igualmente triunfal o trasquilado.

En mi opinión Cronenberg triunfa totalmente. Partamos de la base de que sabemos a lo que vamos cuando nos ponemos a ver esta película y no esperamos partirnos el culo de la risa, porque leo por ahí algunas críticas que no sabe una muy bien si es que el que las ha escrito esperaba ver Mortadelo y Filemón y se equivocó de sala.

“Spider” se sostiene básicamente en la inconmensurable interpretación de Ralph Fiennes. Es difícil de explicar porque realmente impresiona muchísimo. Fiennes es la enfermedad mental hecha carne. Cada uno de sus gestos, sus miradas, su forma de caminar, de sentarse, su fumar compulsivo, su aislamiento… Consigue despertar en el espectador un sentimiento inmenso de compasión, desde el primer plano en la estación cuando aparece perdido y desolado justo detrás de todos los demás viajeros hasta la última escena en el coche. Nunca nadie ha sabido representar mejor la tortura de una mente trastornada. Qué grande Ralph!

Tampoco desmerecen en absoluto los secundarios, aunque destaca Miranda Richardson, magnífica en su doble papel de madre del protagonista y procaz prostituta. De hecho estos dos personajes son los que van a marcar definitivamente el futuro del pequeño Spider.

Muy ilustrativa la metáfora de la telaraña. Por si la interpretación de Fiennes fuera poco, la representación gráfica del caos de su mente en ese hilo que se va enredando inexorablemente en la habitación del protagonista, dejan poco lugar a dudas. Eso es justamente lo que Spider tiene dentro de su cabeza. Imposible expresarlo mejor.

domingo, 1 de julio de 2012

El dragón rojo, by Brett Ratner

La película no estaría mal si no fuera porque reproduce casi  con toda exactitud el esquema argumental de "El silencio de los corderos", por no decir que lo imita descaradamente, sin el menor pudor.

Tenemos al mismo psicópata preso, a otro asesino en serie que el FBI busca, a otro poli que pide la ayuda de Lécter (en este caso a Jodie Foster la sustituye un Edward Norton absurdamente teñido de rubio y con el mismo carisma que un moco), al mismo director medio subnormal del psiquiátrico, la misma celda de Hannibal, el mismo pasillo con la misma silla... Es como un deja vù pero en cutre vù.

Esta simpática precuela no deja de tener su gracia; tenemos 11 años después de la película de Demme a un Anthony Hopkins, que curiosamente hace de Lécter bastantes años más joven. Claro, las precuelas se remontan a los orígenes de las historias. El problema es cuando el protagonista es el mismo y en la realidad es bastantes años más viejo. Como que algo no cuadra ahí.

Hopkins se limita a repetirse; es el mismo de El silencio, ni más ni menos ni menos ni más. Tal vez con un guión algo más cutrecillo, unos diálogos menos intensos y con mucha menos química con su partenaire, pero perfectamente reconocible en sus gestos, sus miradas, su actitud provocadora... vamos, nuestro Hannibal de toda la vida.

Si acaso hay una aportación novedosa e interesante en esta entrega es mi adorado Ralph Fiennes, que una vez más vuelve a hacer magistralmente de malo atormentado a pesar de esa carita de bueno que dios le ha dado. No destripo nada si digo que él es el asesino porque casi desde el principio el director nos revela su cara y hasta sus motivos. El quid de la historia está en el proceso policial para encontrarlo y atraparlo. Fiennes está estupendo, como siempre, y se termina comiendo con papas al resto del reparto, que a pesar de su espectacularidad no brilla demasiado.

Repito, no es un mal thriller; entretiene bastante y mantiene un ritmo tenso y expectante. Si no fuera porque esta peli ya la hemos visto pero con un guión mucho mejor tal vez la consideraría con algo más de generosidad. Eso sí, no perdono a ese infame Norton rubio de bote cuya imagen se me ha quedado grabada en la mente y desgraciadamente ya nunca podré olvidar.

lunes, 28 de mayo de 2012

Escondidos en Brujas, by Martin McDonagh

Me puse a ver esta película más que nada para volver a Brujas, una de mis ciudades favoritas del mundo mundial. Y sólo por eso volvería a verla una y mil veces porque los exteriores son una maravilla, un verdadero regalo para la vista.

Eso sí, ése es el único mérito de la peli. No recordaba un homenaje más terrible a una ciudad desde "Vicky-Cristina", aquella perversión sólo apta para degenerados que Woody Allen dedicó a Barcelona, para espanto de los fans tanto de la ciudad como del director.

La acción transcurre en una Brujas navideña en la que la gente permanece sentada tranquilamente en las terracitas por la noche tomando cervezas, sin el menor ápice de frío ni de vaho ni de nada que haga pensar que están a 5 grados bajo cero, que es la temperatura natural de la ciudad en esa época del año.

El leitmotiv puede que os suene un poco: dos asesinos a sueldo bastante tarados y sus surrealistas diálogos sobre la vida y la muerte. Este tipo de cine por supuesto tiene su público y sus fans pero casualmente yo no me encuentro entre ellos, tanto si el director se llama Quentin como si se llama Martin.

Únicamente destacaría la aparición, breve pero agradecida, de Ralph Fiennes en la parte final, en un papel de malo con cara de bueno que sólo él podría hacer así de bien. Fiennes y Brujas, Brujas y Fiennes, dos motivos lo suficientemente potentes como para ver esta película a pesar de lo vacuo de la historia y de la tediosa  estulticia del guión.

Un aviso: antes de empezar a verla hay que hacer un ejercicio supremo de credulidad, y admitir que la gente puede seguir andando tranquilamente tras recibir diez o quince balazos en el vientre, o que se puede hablar sin problemas después de caer de una torre de 200 metros. Vamos, como si estuviéramos viendo un episodio de Correcaminos y El Coyote.

domingo, 29 de enero de 2012

Quiz Show. El dilema, by Robert Redford

El apasionante mundo de la televisión y el apasionante mundo del tongo hacen piña en una historia que también apasiona y difícilmente puede dejar indiferente.

El buen hacer habitual de Redford se une a un reparto brillante encabezado por el carismático Ralph Fiennes y reforzado con la presencia de un impresionante John Turturro, que ha sido un verdadero descubrimiento para mí. Menuda interpretación de concursante friky, resentido y obsesionado! Fiennes, por su parte, sigue conmoviéndome hasta la médula. Consigue contagiarme el dolor de su personaje, su vergüenza, su pena, su arrepentimiento... Me enamora, como casi siempre.

El mundo de la televisión se nos presenta como cruel, despiadado, demoledor y sobre todo, invencible. Pueden caer los ídolos de barro que crea, pero nunca caen los directivos ni las grandes cadenas ni los patrocinadores. Todo es mierda pero mierda resistente a prueba de bomba; eso sí, siempre habrá alguna cabeza de turco que pague por toda esa mierda.

La verdad es que ves la peli y ganas te entran de romper la tele... hasta que recuerdas que no sólo la tele es mierda, sino que vivimos en una sociedad globalmente fecal. Lo peor es que todos nos esperamos cualquier cosa de programas como "Sálvame", "El programa de Ana Rosa" o "Dónde estás corazón", pero también a todos nos gusta pensar que "Saber y ganar" o "Cifras y letras" son otra cosa: algo puro, auténtico, serio, de calidad. Y después de ver esto... ahí queda la duda.

lunes, 26 de septiembre de 2011

La duquesa, by Saul Dibb

Aunque la petarda se vista de seda, petarda se queda. Y petarda es la protagonista de esta película, como lo fue su descendiente, la desgraciada e inolvidable petarda por excelencia, la difunta Lady Di, que en paz descanse. En esta historia se recrea una turbia relación matrimonial entre personajes de la nobleza aderezada por la presencia del tercer elemento en discordia que da lugar a un apasionante triángulo amoroso. Os suena de algo? Pues sí, de tal palo tal astilla y en esta familia parece que la gilipollez es hereditaria.

Nunca he simpatizado con el personaje de lady Di, y sí con el del pobre príncipe Charles, que se vio obligado a soportar durante buena parte de su vida los desbarres de la princesa del pueblo y sus desvaríos emocionales. Pero vamos, si hubiera simpatizado con ella lo más mínimo, viendo ayer la soberana estupidez de su antepasada la duquesa de Devonshire y los afanes de su desgraciado marido por intentar hacerle entender lo que es un matrimonio de conveniencia y lo poquito que tiene que ver con el amor,  todas mis simpatías se hubieran ido al carajo ipso facto.

Luego está el personaje de Camille, esa mujer que sí sabe dónde tiene que estar y cuál es su papel y que ni pide ni intenta ser otra cosa. Por supuesto un bálsamo de paz y felicidad en las vidas de estos desdichados hombres que tuvieron la desgracia de casarse con señoras enajenadas y enamoradas del amor.  En el caso de la película, la Camille del Siglo XVIII es lady Bless Foster, el contrapunto intelectual y emocional de la desequilibrada duquesa. En definitiva, historia de petardas que encantará a todas las petardas como ellas. Eso sí, Ralph Fiennes, mi adorado Ralph, se sale en su papel de flemático y gélido noble inglés. Por contra, a Keira Knightley dan ganas de ahorcarla con una soga de esparto durante todo el metraje.

jueves, 17 de marzo de 2011

El fin del romance, by Neil Jordan

Esto es lo que podríamos llamar un drama erótico-místico. La cosa empieza bien, una historia de amor adúltero de gran intensidad dramática con unos intérpretes bastante convincentes en sus respectivos papeles. No tiene mala pinta.

Pero luego ocurre algo, y... catapunchimpún, de repente la seductora y sensual amante que era Julianne Moore se nos convierte por arte de birlibirloque en una mística, empieza a flipar con supuestos mensajes de Dios y se le va la pinza por completo, y es cuando la película empieza a dar más risa que otra cosa. Ese pobre Ralph Fiennes, que a mí además es un actor que me encanta, por ahí penando detrás de la iluminada Moore, que para más inri se pone en plan beato a echar promesas al Altísimo.

En fin, supongo que como está basada en una novela, se habrá atenido a lo que es el argumento literario, pero sinceramente yo a última hora no sabía muy bien si estaba viendo una comedia chusca o debía de echar algún lagrimoncillo para no hacerle un feo al dramón.

Un chasco más en mi ya larga carrera de chasquerío. Me las prometía felices, el argumento me motivaba, los actores me encantaban, las críticas en general eran buenas, pero... me quedé con dos palmos de narices, con la mirada pelín bobalicona, la boca abierta y totalmente patidifusa y decidida a no hacerme más ilusiones antes de ver una película. Nunca mais.