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martes, 17 de diciembre de 2013

El club de la buena estrella, by Wayne Wang

Si te metes en la Wikipedia buscando a Amy Tan te encuentras con la siguiente entrada: “Escritora de Estados Unidos que explora las relaciones entre madres e hijas y lo que significa ser parte de la primera generación de Asiáticos Americanos”.

Pues ya está todo dicho. Con esta presentación queda claro para quién fue escrita esta novela y para quién fue hecha esta película. Porque salvo que seas una madre o una hija o seas inmigrante asiática esto es un rollo macabeo de proporciones monumentales.

Y mira, aunque seas una madre o una hija, puede seguir siendo un rollo insoportable, porque además (esto se le olvidó decirlo a los de la Wikipedia) esta mujer ahonda en relaciones madre-hija, pero “superconflictivas”, vamos, que si tienes unas relaciones más o menos normales con tu madre o con tu hija, con sus más y sus menos pero nada digno de ser elevado a los altares de la literatura, pues esta historia te parecerá un coñazo de padre y muy señor mío, que es lo que me pareció a mí.

Porque es muy poco probable que te encuentres en una misma película a tantas madres juntas con un pasado traumático y a tantas hijas con unas relaciones tan problemáticas con sus madres. Os cuento un poco por encima: una madre que mató a su propio hijo allá en la China, otra que abandonó bajo un arbolito centenario a sus dos hijas gemelas, otra que fue brutalmente violada… y así todas las madres.

Y luego las hijas, cuatro hijas igualmente incomprendidas por sus cuatro madres. Ninguna madre está, en principio, contenta con la hija que le ha tocado, aunque luego al final resulta que no, que todo era una falsa impresión y que las cuatro progenitoras están en realidad superorgullosísimas de sus hijas, las cuales, por supuesto, terminan siendo todas hijas ejemplares completamente dignas de la más exigente mamá asiática.

Wayne Wang adapta la novela con total fidelidad a la intención lacrimógena de Tan y nos obsequia con una historia (magníficamente ambientada y sustentada por un estupendo elenco de actrices asiáticas de todas las edades, eso hay que reconocerlo) que puede interesar básicamente a quien interesen las novelas de la escritora, o sea, a mujeres problematizadas por sus relaciones familiares y preferiblemente orientales.

Si eres hombre directamente te aburrirás como una ostra y no entenderás nada. Si eres mujer pero mantienes una relación más o menos normal con tu madre o con tu hija esto te sonará a chino, que además es lo que es. Y si eres mujer y tienes problemas con tu madre o con tu hija de todas formas te sonará un poco raro que se puedan juntar en un mismo relato tantas mujeres con tantos problemas con sus madres y con sus hijas.

Ahora bien, si eres fan de las historias lacrimógenas de Amy Tan esta película te encantará. Y si en general te gustan los dramones de todo pelaje, principalmente familiares, también te lo puedes pasar pipa. Al resto del personal le aviso desde ya de que es superlarguísima y supercoñazo y que verla entera puede ser muy heavy.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Sucedió en Manhattan, by Wayne Wang

Dicen por ahí los sabios críticos a los que leo con fruición que ésta es una nueva adaptación de la Cenicienta, una Cenicienta moderna más, vamos, una mala copia de “Pretty woman”. Pues miren ustedes, señores críticos, será una copia, no digo yo que no, pero en mi opinión, un poquito menos infumable que el original. No demasiado pero lo suficiente para poderse ver sin vomitar hasta la primera papilla.

No nos engañemos. Es, al igual que “Pretty woman”, una historia insustancial, ideada para mentes simples, y poco evolucionadas, casi al borde de la subnormalidad, pero sin embargo hay un par de cosillas que hacen que sea una mijilla mejor, o menos mala. Por ejemplo una cierta voluntad de realismo en los personajes.

La protagonista esta vez no es una puta callejera impresionante de la que se enamoran locamente sus clientes multimillonarios sino una camarera de hotel, guapita y con un culo estupendo pero dentro de la normalidad, que tiene que aguantar todo el día las chorradas e impertinencias de su pija clientela. Un personaje con el que, esta vez sí, pueden identificarse cienes y cienes de trabajadoras de la hostelería que saben perfectamente lo que es tener que tratarse a diario con lo más granadito del tonterismo nacional e internacional.

Por otra parte, puestos a desear que aparezca un príncipe azul a salvarnos de nuestra cochina vida laboral, yo qué quieres que te diga, prefiero mil veces que tenga la cara y la apostura de Ralph Fiennes que la insulsez estirada y gélida de Mister Gere.

En definitiva, unos personajes algo más hubaaaanos y una historia con ciertos visos de realidad dentro de la estupidez habitual e inevitable de la comedia romántica made in USA. Hay que reconocerle a Wayne Wang que con el material que tiene entre manos no hace algo demasiado cochambroso y nauseabundo. Se puede hasta ver con relajo sin subirse por las paredes y bostezando lo justo.

Lo peor, cómo no, el niño. Éste encima nos ha salido rarito y de mayor quiere ser político. Si ya de por sí los personajes infantiles son insoportables en estas películas, ver al mocoso este aficionado a leer biografías de políticos como Nixon o Kissinger, podría hacer echar la pota hasta a una cabra montés. Pero en fin, mirando al nene lo mínimo posible y centrándose en el príncipe azul Fiennes la cosa se hace llevadera. Palabrita.