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jueves, 18 de octubre de 2012

Abre los ojos, by Alejandro Amenábar

A pesar de la insoportable estridencia de Penélope Cruz, de la planicie interpretativa de Eduardo Noriega y de la inaudible voz de "susurritos" Nimri, “Abre los ojos” es para mí una obra maestra. Y lo que digo es fuerte porque con la base de ese trío de mataos conseguir levantar una historia apasionante y genial como ésta tiene mucho mérito.

Si “Tesis” tenía el encanto de la virginidad de Amenábar, su segundo largo goza de la ventaja de su incipiente experiencia junto con el toque de frescura de la juventud. Parece haber encontrado su camino y seguirlo con paso firme. Lástima que luego se nos despendolara dedicándose a vagar por pedregosos andurriales hasta llegar a ese monstruo pretencioso, mastodóntico e intragable que es “Ágora”.

En “Abre los ojos” se abordan tantos temas y están tan bien trabados que sorprende su perfecto engranaje. Una vez más Amenábar hace un completo: guión, música y dirección. Una vez más lo borda. Y una vez más nos absorbe, nos sorprende y nos transporta a mundos desconocidos que provocan a partes iguales terror y fascinación.

La vida como sueño, las posibilidades de lo virtual, la fina línea entre lo real y lo imaginario, la futilidad de la belleza, el poder del amor… En fin, es difícil hablar de esta película sin destriparla, así que es mejor hablar poco y simplemente recomendarla con entusiasmo. Eso sí, corriendo un tupidísimo velo sobre el lamentable reparto. Una pena.

martes, 4 de septiembre de 2012

Tesis, by Alejandro Amenábar

"Tesis" es toda una tesis sobre cine. En ella Amenábar nos muestra su filosofía sobre el séptimo arte, sobre cómo él lo entiende desde su condición de hombre casi renacentista que participa en su obra íntegramente, desde la elaboración del guión hasta el montaje, pasando por la composición de la música. Tesis es Amenábar y Amenábar es Tesis.

Creo que muchos sospechamos en su momento que este chaval con su primera obra había tocado techo. No significa ni mucho menos que el resto de sus películas desmerezcan pero carecen de la frescura, la originalidad y, sobre todo, el factor sorpresa que sí tuvo ésta.

Sobrecogedora, escalofriante, técnicamente perfecta, con un tema de fondo casi tabú, una intriga hitchcockiana, unas persecuciones angustiosas y un final difícilmente previsible. Dentro del cine español una de las mayores revelaciones que hemos tenido y que posiblemente nunca tengamos. Si añadimos a todo ello el pánico letal que se refleja en los ojos de Ana Torrent, sale una "tesis" redonda.

Sin duda, Sobresaliente cum laude

Los otros, by Alejandro Amenábar

A mí “Los otros” me decepcionó un montón en su día. Reconozco que en posteriores ocasiones, cuando la he vuelto a ver, y ya sabiendo que no debía esperar gran cosa, le he pillado un poco más el puntito. Es lo que suele pasar cuando la primera película de un director te apasiona y las expectativas se disparan. Un error gordo pero harto frecuente.

Naturalmente carecía de la frescura y el encanto virginal de “Tesis” pero no se puede negar que hay detrás un guión muy elaborado, una técnica impecable, una ambientación maravillosamente claustrofóbica y una música impactante, todo ello obra por supuesto de nuestro Leonardo da Vinci patrio, el gran Amenábar.

Qué falla entonces? Pues personalmente me resultó fría, sin emoción. Le faltaba eso que hace que cuando estás viendo una película te metas, te impliques y sufras con los personajes. Sí, es verdad que te pegas un par de sustillos y que se consigue cierta tensión, pero es todo muy repetitivo, como muy plomizo. Nicole Kidman, maravillosa ella, eso sí, se pasa toda la cinta abriendo y cerrando puertas y persianas y poniendo cara de miedo, pero no tiene ni muchísimo menos el encanto y la naturalidad de la Ana Torrent de “Tesis”.

Lo mejor de “Los otros” sin duda es el final, que yo sinceramente no me esperaba. Ahí sí se produce ese momento sobrecogedor y emocionante que falta a lo largo de la película. Con ello consigue resarcirnos un poco de la decepción pero no llega a compensarla del todo. Al menos para mí.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Mar adentro, by Alejandro Amenábar

Para mí “Mar adentro” siempre ha sido una película notable. Conmovedora, interesante, con un tema polémico pero tratado con respeto y delicadeza... En fin, nunca la hubiera tachado de obra maestra, pero sí como bastante bien hecha y muy recomendable.

Lo que pasa es que me he metido a leer algunas críticas antes de hacer yo la mía y de repente me han dado unas ganas locas de elevarla a la categoría de obra de culto, tal es el dechado de barbaridades y despropósitos que he podido leer por parte del facherío más recalcitrante y casposo que pasearse pueda por la Internet.

De pronto he pensado que si Amenábar con su película quería denunciar una situación y reivindicar un derecho lo había conseguido con creces, a juzgar por la pupa que ha hecho entre la caverna patria. Por supuesto ni hablar de la interpretación de Bardem, que como todo el mundo sabe, es el actor-fetiche por antonomasia de la derecha española, el paradigma de la ceja, de las subvenciones, de los titiriteros y los estómagos agradecidos, etc etc. Y si hay algo que no soportan es que encima sea un tío reconocido internacionalmente con premios para parar siete trenes. Lo de Bardem es equiparable a la fobia contra Almodóvar pero en versión interpretativa.

En fin, que de un merecido 8 he saltado a un reivindicativo 10, y no le pongo más nota porque no se puede. Lo que sí aprovecho es para agradecer a Amenábar su sensibilidad en el tratamiento del tema y su compromiso personal con la causa de Ramón Sampedro.

Y a los fachas que lo han puesto a parir durante todos estos años recordarles que hasta un señor tan poco sospechososo de progre, de gay o de peligroso filocomunista como Clint Eastwood hizo su correspondiente alegato a favor de la eutanasia y el derecho a una muerte digna en “Million Dollar Baby” sin que nadie pusiera el grito en el cielo ni clamara venganza y justicia divina.

Cutres, casposos, fachas y retrógrados de distinto pelaje, esta crítica va por vosotros.

Ágora, by Alejandro Amenábar

Mantengo desde siempre la teoría, ampliamente comprobada, de que cuantos más extras haya en una película mucho más coñazo es. Vamos, que la relación entre número de extras y nivel de dispersión y aburrimiento es directamente proporcional.

Esta película es la evidencia que demuestra mi “tesis”. Amenábar, por favor, “abre los ojos” y recapacita. Cuantos menos extras, más fluye el talento.

Deja las superproducciones mastodónticas para “Los otros”, para ésos que no tienen ideas y necesitan un presupuesto y unas macroestructuras que compensen sus carencias. Que se pierdan “Mar adentro” con toda su parafernalia y tú vuelve a lo que sabes hacer: escribir guiones llenos de ingenio y llevarlos a la pantalla con sencillez y buen oficio y sin tanto aspaviento.

Eso sí, si puedes volver a trabajar con Rachel Weisz, no lo dudes. Maravilla de mujer y maravilla de actriz, ahí sí has dado en el clavo.