No me gusta "Leaving Las Vegas" por ser una historia sobre el alcoholismo. Esa parte ni siquiera me convence . Nadie que beba al ritmo de Nicolas Cage en esa película podría aguantar vivo cuatro semanas. Tampoco podría mantenerse en pie la mayor parte del tiempo. Ni razonar. Ni acordarse de nada. Ni bailar. Ni conducir. Ni comer. Ni jugar. Y dudo de que pudiera llegar a sentir lo suficiente como para enamorarse. Alguien que se bebe una botella de vodka del tirón y después lo que le echen simplemente no podría ni moverse. Probablemente moriría asfixiado en la primera vomitona porque no sería capaz de volver la cara.
Para pelis sobre el alcohol yo me quedo y siempre me quedaré con "Días de vino y rosas", que eso sí es realismo y horror puro y duro. En cambio aquí todo es tan increíble que no da ni miedo porque sabes que ese tío, con lo que bebe, es imposible que esté vivo. Tal vez ahí a Mike Figgis se le haya ido un poco la mano. Quizás debiera haber sido un poco más comedido en cuanto a las cantidades de alcohol que consume su protagonista para hacerlo humano, real.
No, para mí ésta no es una buena película sobre el alcoholismo. Pero en cambio es una magnífica historia de amor. Amor sin sexo, sin futuro, sin sentido, sin esperanza. Como hay pocas historias de amor en el cine o en la literatura, no digamos ya en la vida.
Hay quien dice que no entiende cómo una mujer espectacular como la protagonista se enamora locamente de un borracho terminal, que no es precisamente un tipo de persona agradable para convivir. Y él avisa, que conste: rompo cosas, no sé dónde estoy, vomito por todas partes... Menudo planazo para elegirlo voluntariamente
Entiendo que nadie lo entienda. Quién en su sano juicio se entregaría voluntariamente a algo así? Es que no hay por ahí nada mejor para esa muchacha? En la película incluso un taxista se lo dice a la chica: "Tú podrías tener al hombre que quisieras". Y puede que sí, que fuera verdad. Pero se da la circunstancia de que a esa muchacha no la quiere nadie, y resulta que la única persona con la que se encuentra que le muestra algo de cariño y de consideración es el borracho Cage.
Y creo que también hace mucho que el tío está tan pallá que ni siquiera puede follársela. Y eso le permite a ella algo que nunca le había pasado: estar con alguien, hablar, abrazarse, sentir calor humano sin temer nada. La realidad es que ante algo así no es tan difícil enamorarse; si hicieran una encuesta por ahí serían bastantes las tías que sencillamente estarían encantadas. La impotencia sexual masculina es una virtud muy minusvalorada pero que muchas mujeres saben apreciar (Lástima que la Viagra haya venido a joderlo todo).
A este respecto es muy interesante cómo transcurre la historia o no-historia sexual entre nuestros protagonistas. A ella al principio le alivia la falta de sexo; está cansada, hastiada, le gusta que ese hombre la abrace y la desee sin follársela. Pero llega un momento en el que ella necesita sentirlo y sabe que solo puede llegar a él a través del alcohol. Y ahí vemos una de las escenas sexuales más conmovedoras e impactantes de la historia del cine. Ella se rocía de alcohol para que él beba sobre su cuerpo, para que chupe sus pezones, para que la lama, para que se desespere por ella. Es la única manera.
Y aunque solo fuera por esa secuencia yo le daría un 10. Por la cara de ella cuando cree descubrir cómo conseguirlo. Por la reacción de él cuando comprende lo que ella quiere y sabe que lo puede conseguir. Y sobre todo, por el final de esa escena, que no por esperado deja de ser absolutamente aniquilador.
jueves, 19 de noviembre de 2015
miércoles, 18 de noviembre de 2015
Election, by Alexander Payne
Es posible parodiar un proceso electoral con lo que ya de por sí tiene de parodia en sí mismo? Pues sí, es posible. Y el amigo Alexander Payne lo demuestra con esta divertidísima película en la que da un buen repaso a todos los personajes que tienen protagonismo en unas elecciones, desde los candidatos y sus distintas motivaciones, a los propios electores y las suyas.
Diálogos llenos de ingenio, complejos enredos, personajes grotescos y patéticos se unen en un guión fresco y original que invita a la sonrisa permanente y a la carcajada ocasional.
Qué buena Reese Witherspoon en el papel de repelente y odiosa candidata a presidir el Consejo escolar. Algo así me imagino yo de adolescente a nuestra Cospedal. De hecho no es difícil reconocer en algunos de los personajes a ciertos políticos de nuestro entorno que no desmerecen en absoluto.
Genial el discurso de la candidata lesbiana: “Sé que estáis hartos de tantas votaciones y de tanto rollo. Me presento a estas elecciones con el firme propósito de terminar para siempre con esto y que no os veáis obligados el año que viene a pasar por todo este coñazo otra vez y a tener que volver a votar a la panda de capullos que se presenten”. Por supuesto, amplia ovación y entusiasmo general.
Diálogos llenos de ingenio, complejos enredos, personajes grotescos y patéticos se unen en un guión fresco y original que invita a la sonrisa permanente y a la carcajada ocasional.
Qué buena Reese Witherspoon en el papel de repelente y odiosa candidata a presidir el Consejo escolar. Algo así me imagino yo de adolescente a nuestra Cospedal. De hecho no es difícil reconocer en algunos de los personajes a ciertos políticos de nuestro entorno que no desmerecen en absoluto.
Genial el discurso de la candidata lesbiana: “Sé que estáis hartos de tantas votaciones y de tanto rollo. Me presento a estas elecciones con el firme propósito de terminar para siempre con esto y que no os veáis obligados el año que viene a pasar por todo este coñazo otra vez y a tener que volver a votar a la panda de capullos que se presenten”. Por supuesto, amplia ovación y entusiasmo general.
lunes, 16 de noviembre de 2015
La chica del puente, by Patrice Leconte
Por una de las escenas más eróticas que yo he visto en el cine: el lanzamiento de cuchillos en el vagón. Solo comparable a las de los lavados de cabeza en “El marido de la peluquera”. Leconte, gran maestro del erotismo.
Por una frase inolvidable: “No se deprima, amigo. Solo tiene que encontrar una noche en un puente a una chica de ojos grandes y tristes”.
Por la magnífica fotografía en blanco y negro de Jean Marie Dreujou.
Por los puentes desde los que se arrojan los suicidas desesperados.
Por la magia, por los magos que se encuentran por la vida.
Por los maravillosos primeros planos de Vanessa Paradis.
Por los ojos cálidos y acogedores de Daniel Auteuil.
Por los encuentros afortunados.
Por los buenos amantes.
Por la buena música.
Por la buena suerte.
Por el buen cine.
Por una frase inolvidable: “No se deprima, amigo. Solo tiene que encontrar una noche en un puente a una chica de ojos grandes y tristes”.
Por la magnífica fotografía en blanco y negro de Jean Marie Dreujou.
Por los puentes desde los que se arrojan los suicidas desesperados.
Por la magia, por los magos que se encuentran por la vida.
Por los maravillosos primeros planos de Vanessa Paradis.
Por los ojos cálidos y acogedores de Daniel Auteuil.
Por los encuentros afortunados.
Por los buenos amantes.
Por la buena música.
Por la buena suerte.
Por el buen cine.
martes, 10 de noviembre de 2015
Posdata: Te quiero (P.S., I love you), by Richard LaGravenese
Esta es la terrorífica historia de un marido petardo y coñazo como pocos he visto yo antes. Esa clase de marido que no te deja en paz ni muerto, y nunca mejor dicho. Los hay que se les aparecen a sus viudas en sueños, los hay que se convierten en fantasmas, y los hay, como este, que, sabiéndose condenado, planifica su post-muerte para seguir incordiando a su señora con cartitas de amor en las que le va diciendo encima lo que tiene que hacer: ahora te compras un vestido mono y te vas de compras con tus amigas, ahora te vas al karaoke y tienes que cantar tal canción (que ya es putada); ahora te coges a tus colegas y os vais a un viajecito a Irlanda que yo os he pagado con antelación (debo reconocer que de todos los planes post-mortem que le monta el difunto a su viuda a mí este detallazo es el que más me ha molado). Y hasta le dice el colega cuándo le da permiso para olvidarlo y buscarse otro maromo, que ya hay que tener mala follá.
Pero lo peor de todo es que la madre de la muchacha contribuye al complot y es la cómplice secreta del difunto. Cómo te lo comes? Qué clase de madre le haría algo así a su hija? Yo desde luego nunca le podría perdonar a la mía si me hiciera una putada así.
Para colmo de despropósitos Hilary Swank, que a todo esto se tira viviendo del cuento casi un año después de la muerte del marido (suponemos que le habrá quedado una buenísima pensión porque la muchacha decide no dar palo al agua), se propone hacerse diseñadora de zapatos, a lo Louboutin, y para ello hace un cursillo y la paya se dedica a diseñar los zapatos más horrorosos de la muerte que yo haya visto jamás, que en lugar de zapatos parecen jarrones de porcelana. Por dios, y que haya tías dispuestas a ponerse esas cosas en los pies! En fin, el sofocón estético que te llevas no tiene nombre.
Y qué me decís de las amigas de la colega? No os digo más que una de ellas se dedica a preguntarle a todos los tíos que conoce así a bote pronto: “Estás casado? Eres gay? Trabajas?” Y ya sí todas las respuestas son positivas hace la prueba de fuego, que es darse un morreo con el tipo y si le gusta se lo queda y si no da media vuelta y se las pira. No sé yo si esta clase de personajes tipo “Sexo en Nueva York” es que le molan a alguien, es de suponer que a las tías, porque estos productos pseudofeministas e hiperglucémicos suelen ir dirigidos a ellas, pero yo no conozco a ninguna tía que vaya de ese palo ni que le apeteciera ir. Richard LaGravenese, te has lucido, tío.
Lo único que se salva de la peli es el viaje a la vieja Irlanda, las imágenes del paisaje irlandés y el tío buenorro que la colega se liga por aquellos parajes, que encima la hijaputa tiene una suerte de la hostia y va dando de tío bueno en tío bueno, encima listos, sensibles, amables, divertidos. Hosssstia ya! Todos los cachas con los que la tía se cruza se quedan prendadísimos de ella, por no hablar de que no conoce ni a un solo tipo normalito, digamos, a un americano medio o a un irlandés medio, con su tripita y su medio calva y sus defectillos. Y tampoco es que Hilary Swank sea Miss Mundo, vamos, digo yo.
En fin, que pensándolo bien, con tanta potra para conocer tíos guapos, simpáticos, listos y estilosos, se tiene bien merecido lo del marido pelmazo más allá de la muerte. Mira, por lo menos que la tía tenga que cargar con su cruz como cualquier hija de vecina. Aunque lo peor de todo es que la fulana encima está encantada con lo de las cartitas de ultratumba del difunto. Te digo yo a ti que los americanos están como una puta chota.
Pero lo peor de todo es que la madre de la muchacha contribuye al complot y es la cómplice secreta del difunto. Cómo te lo comes? Qué clase de madre le haría algo así a su hija? Yo desde luego nunca le podría perdonar a la mía si me hiciera una putada así.
Para colmo de despropósitos Hilary Swank, que a todo esto se tira viviendo del cuento casi un año después de la muerte del marido (suponemos que le habrá quedado una buenísima pensión porque la muchacha decide no dar palo al agua), se propone hacerse diseñadora de zapatos, a lo Louboutin, y para ello hace un cursillo y la paya se dedica a diseñar los zapatos más horrorosos de la muerte que yo haya visto jamás, que en lugar de zapatos parecen jarrones de porcelana. Por dios, y que haya tías dispuestas a ponerse esas cosas en los pies! En fin, el sofocón estético que te llevas no tiene nombre.
Y qué me decís de las amigas de la colega? No os digo más que una de ellas se dedica a preguntarle a todos los tíos que conoce así a bote pronto: “Estás casado? Eres gay? Trabajas?” Y ya sí todas las respuestas son positivas hace la prueba de fuego, que es darse un morreo con el tipo y si le gusta se lo queda y si no da media vuelta y se las pira. No sé yo si esta clase de personajes tipo “Sexo en Nueva York” es que le molan a alguien, es de suponer que a las tías, porque estos productos pseudofeministas e hiperglucémicos suelen ir dirigidos a ellas, pero yo no conozco a ninguna tía que vaya de ese palo ni que le apeteciera ir. Richard LaGravenese, te has lucido, tío.
Lo único que se salva de la peli es el viaje a la vieja Irlanda, las imágenes del paisaje irlandés y el tío buenorro que la colega se liga por aquellos parajes, que encima la hijaputa tiene una suerte de la hostia y va dando de tío bueno en tío bueno, encima listos, sensibles, amables, divertidos. Hosssstia ya! Todos los cachas con los que la tía se cruza se quedan prendadísimos de ella, por no hablar de que no conoce ni a un solo tipo normalito, digamos, a un americano medio o a un irlandés medio, con su tripita y su medio calva y sus defectillos. Y tampoco es que Hilary Swank sea Miss Mundo, vamos, digo yo.
En fin, que pensándolo bien, con tanta potra para conocer tíos guapos, simpáticos, listos y estilosos, se tiene bien merecido lo del marido pelmazo más allá de la muerte. Mira, por lo menos que la tía tenga que cargar con su cruz como cualquier hija de vecina. Aunque lo peor de todo es que la fulana encima está encantada con lo de las cartitas de ultratumba del difunto. Te digo yo a ti que los americanos están como una puta chota.
domingo, 8 de noviembre de 2015
Reencarnación (Birth), by Jonathan Glazer
Interesante planteamiento el de Jonathan Glazer en esta película. Es posible enamorarse de un niño si piensas que dentro se esconde el espíritu de un adulto?
El personaje de Nicole Kidman (por cierto, magnífica su interpretación) llega a creer que el niño protagonista es la reencarnación de su marido muerto. Las situaciones íntimas que el niño conoce la llevan a ese convencimiento, pese a que todo su entorno intente disuadirla. Kidman llega a enamorarse del niño, a plantearse un futuro con él, a pretender dejarlo todo para hacer realidad su loco amor.
Me parece minusvaloradísima esta película. Es valiente, es arriesgada, plantea una situación difícil, obliga al espectador a mojarse, a tomar una decisión sobre lo que está pasando y a elegir su propio final. Naturalmente luego el director lanza el suyo, y puede gustar más o menos, pero mucho antes tú has tenido que decidir si estás con Kidman o contra ella y has tenido que optar entre el Sean auténtico o el falso.
A mí sinceramente no terminó de convencerme la historia del niño. Todo el tiempo estuve convencida de que había una explicación racional. Y por otra parte el amor incondicional de Kidman por su marido muerto diez años antes tampoco era demasiado creíble, por más que ella haga un trabajo impecable.
Lo que me cuesta entender es que algunas escenas (la del baño, por ejemplo) hayan podido escandalizar a nadie. En ningún momento se ve nada que pueda inducir a la pederastia ni justificarla ni nada por el estilo. Todo ocurre de una forma muy sutil y las imágenes ni siquiera resultan mínimamente sugerentes.
Hay demasiada gente por ahí dispuesta a escandalizarse por cualquier cosa. No pasa nada, en todo caso ese tipo de polémicas suelen beneficiar a las películas. Cuanto más capullo echándose las manos a la cabeza más taquilla. Si yo hubiera sido Glazer habría metido bastante más cañita para atraer a todos esos gilipollas y que pusieran el grito en el cielo y dispararan el taquillaje. En este caso estaría más que merecido.
El personaje de Nicole Kidman (por cierto, magnífica su interpretación) llega a creer que el niño protagonista es la reencarnación de su marido muerto. Las situaciones íntimas que el niño conoce la llevan a ese convencimiento, pese a que todo su entorno intente disuadirla. Kidman llega a enamorarse del niño, a plantearse un futuro con él, a pretender dejarlo todo para hacer realidad su loco amor.
Me parece minusvaloradísima esta película. Es valiente, es arriesgada, plantea una situación difícil, obliga al espectador a mojarse, a tomar una decisión sobre lo que está pasando y a elegir su propio final. Naturalmente luego el director lanza el suyo, y puede gustar más o menos, pero mucho antes tú has tenido que decidir si estás con Kidman o contra ella y has tenido que optar entre el Sean auténtico o el falso.
A mí sinceramente no terminó de convencerme la historia del niño. Todo el tiempo estuve convencida de que había una explicación racional. Y por otra parte el amor incondicional de Kidman por su marido muerto diez años antes tampoco era demasiado creíble, por más que ella haga un trabajo impecable.
Lo que me cuesta entender es que algunas escenas (la del baño, por ejemplo) hayan podido escandalizar a nadie. En ningún momento se ve nada que pueda inducir a la pederastia ni justificarla ni nada por el estilo. Todo ocurre de una forma muy sutil y las imágenes ni siquiera resultan mínimamente sugerentes.
Hay demasiada gente por ahí dispuesta a escandalizarse por cualquier cosa. No pasa nada, en todo caso ese tipo de polémicas suelen beneficiar a las películas. Cuanto más capullo echándose las manos a la cabeza más taquilla. Si yo hubiera sido Glazer habría metido bastante más cañita para atraer a todos esos gilipollas y que pusieran el grito en el cielo y dispararan el taquillaje. En este caso estaría más que merecido.
martes, 3 de noviembre de 2015
El hombre del tiempo, by Gore Verbinski
Vaya, los hombres del tiempo tienen vida. Yo siempre pensé que dedicaban todo su idem a mirar al cielo concienzudamente y predecir si iba a llover o a brillar un sol reluciente. Pero no, resulta que tienen padres, hijos, esposas, exesposas, e incluso en el caso de nuestro héroe (o más bien antihéroe) tiene una legión de “fans” que cuando no les gustan sus predicciones le arrojan a la cara todo tipo de porquerías, desde perritos calientes a burritos, batidos de chocolate o goffres.
Nuestro hombre del tiempo ha entrado en crisis. Mientras le ofrecen una suculenta oferta de trabajo que implica su traslado a Nueva York, su vida personal se desmorona: su exesposa no quiere volver con él y le confiesa abiertamente que le odia y que le resultaba insoportable practicarle felaciones; su padre es invadido por un linfoma con su correspondiente metástasis; su hijo adolescente es acosado por un pederasta y su obesa hija es conocida en su colegio como “pezuña de camello”.
Muy bueno el trabajo de Nicholas Cage, cargado de patetismo y de un sordo sufrimiento contenido, verdaderamente consigue dar muchísima pena. Y qué decir del fantástico Michael Caine, que protagoniza algunas de las escenas más emotivas de la película. Los diálogos entre padre e hijo son el paradigma vivo de la incomunicación. Se nota que los dos se quieren muchísimo pero son incapaces de entenderse, por lo menos verbalmente.
En definitiva, un buen trabajo de Gore Verbisnki, de Nicholas Cage, de Caine y del resto del resparto, niños incluídos para variar. Es de esas historias que se reconocen como auténticas, en las que los diálogos suenan a verdad y los personajes parecen de carne y hueso y no de cartón piedra.
Una de las escenas más divertida de la película (aparte de los sucesivos lanzamientos de comida-basura a la cabeza de nuestro hombre) es el diálogo de padre e hija sobre el espinoso asunto de la “pezuña de camello”:
“ En el colegio te llaman por algún mote?”
“Sí, pezuña de camello”.
“Y sabes por qué?”
“Sí, porque la pezuña de un camello es dura y resistente y soporta largas travesías por el desierto, y yo soy una chica dura y resistente. Por eso me llaman así.”
“Ah, vale”.
Bueno, supongo que este diálogo carecerá por completo de gracia para quien no sepa lo que es una “pezuña de camello”, pero es genial. Los que lo ignoren que se metan en Google y lo averigüen. No les voy a hacer yo todo el trabajo, qué coño.
lunes, 2 de noviembre de 2015
Algo prestado, by Luke Greenfield
Imagina que te gusta mucho un tío.
Imagina que al tío le gustas mucho tú.
Imagina que ninguno de los dos se lo dice al otro.
Imagina que le presentas una amiga a ese muchacho.
Imagina que el muchacho se enrolla con tu amiga y se hacen novios.
Imagina que al cabo de seis años deciden casarse y que tú seas dama de amor.
Imagina que días antes de la boda estalla la pasión y te acuestas con el novio de tu amiga.
Ya, te cuesta imaginar tal cantidad de despropósitos, verdad? Y no entiendes por qué coño si te gusta un tío y al tío le gustas tú ninguno de los dos dice nada y esperáis a que el tío se vaya a casar con tu mejor amiga para echar un polvo y deciros lo mucho que os gustáis.
Pues bien, yo tampoco he entendido nada y encima me he aburrido como una ostra. Aunque una no espera de una comedia romántica yanqui ni coherencia ni un mínimo de verosimilitud ni tan siquiera un poco de calidad en el guión lo que sí se puede pedir al menos es que entretenga.
Pero si encima te descuajaringas la mandíbula a bostezos y lo único que te entretiene es imaginar a Luke Greenfield, el director de la chorrada esta, a cuatro patas con el culo en pompa mientras tú flagelas enérgicamente sus blancuzcas nalgas, ahí ya se puede decir que en cuestión de cine... has tocado fondo.
Imagina que al tío le gustas mucho tú.
Imagina que ninguno de los dos se lo dice al otro.
Imagina que le presentas una amiga a ese muchacho.
Imagina que el muchacho se enrolla con tu amiga y se hacen novios.
Imagina que al cabo de seis años deciden casarse y que tú seas dama de amor.
Imagina que días antes de la boda estalla la pasión y te acuestas con el novio de tu amiga.
Ya, te cuesta imaginar tal cantidad de despropósitos, verdad? Y no entiendes por qué coño si te gusta un tío y al tío le gustas tú ninguno de los dos dice nada y esperáis a que el tío se vaya a casar con tu mejor amiga para echar un polvo y deciros lo mucho que os gustáis.
Pues bien, yo tampoco he entendido nada y encima me he aburrido como una ostra. Aunque una no espera de una comedia romántica yanqui ni coherencia ni un mínimo de verosimilitud ni tan siquiera un poco de calidad en el guión lo que sí se puede pedir al menos es que entretenga.
Pero si encima te descuajaringas la mandíbula a bostezos y lo único que te entretiene es imaginar a Luke Greenfield, el director de la chorrada esta, a cuatro patas con el culo en pompa mientras tú flagelas enérgicamente sus blancuzcas nalgas, ahí ya se puede decir que en cuestión de cine... has tocado fondo.
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