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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Lolita, by Stanley Kubrick

D - Divina, Sue Lyon.
I - Impecable, la dirección de Kubrick.
V - Valiente, la novela de Vladimir Nabokov.
I - Impactante, la primera imagen de Lolita en el jardín.
N - Natural, la atracción por la frescura y la insolencia de la juventud
A - Angustiosa, la locura in crescendo del patético cuarentón Humbert Humbert.

L - Lúbrica, la mirada de Lolita.
O - Oscura, la obsesión de Humbert.
L - Lúcida, la visión de Nabokov sobre el amor.
I - Inolvidable, la interpretación de James Mason.
T - Terrorífico, el poder inconmensurable de las armas de mujer.
A - Alucinante, el modo en que los hombres pierden el seso cuando se encoñan.

domingo, 28 de octubre de 2012

Ha nacido una estrella, by George Cukor

"Ha nacido una estrella" es la película de los mil remakes. De hecho la versión de Cukor, según dicen la mejor de todas, ya era un remake de una versión anterior de los años 30; luego hubo una más en los 70 con Barbra Streissand de protagonista, y parece ser que Clint Eastwood está preparando otra para el año próximo. Si a todo esto le añadimos el pelotazo de "The artist", que viene a tratar el mismo asunto aunque no sea exactamente la misma película... lo dicho, los mil remakes.

Supongo que en Hollywood debe resultar un tema apasionante esto de la caída de los dioses, a juzgar por el tiempo y la pasta que le dedican. A mí la verdad es que me resbala mogollón lo de los actores alcohólicos y autodestructivos, me aburren y me parecen insoportablemente reiterativos y pesados. Pero bueno, es natural, en todos los gremios mola mirarse el ombligo y en éste del cine no iba a ser menos.

Con todo, lo que menos soporto de esta pestiñada convertida en clásico son los números musicales. Llegué a contabilizar uno de un cuarto de hora, el de Garland cuando se convierte en estrella. Es francamente insoportable, anticlimático, soporífero y vomitivo. Cuando parece que la acción avanza y se empieza a entusiasmar una con la historia, van y te sueltan un numerazo musical de casi 20 minutos y te dejan grogui. Que sí, que al que le vaya el rollo musical me imagino que le encantará escuchar a la señora esta y sus interminables gorgoritos, pero el que realmente está entregado a la trama se caga en la madre que parió a Cukor, a Garland y a su nación entera.

A decir verdad, lo único que me ha gustado han sido las tremendas borracheras de James Mason, que a pesar de su habitual inexpresividad facial, o tal vez gracias a ella, ofrece un interesante contrapunto a la hiperactuación de Garland.

Y también me encantó el "malo", interpretado maravillosamente por un secundario de lujo, Jack Carson. Me sentí totalmente identificada con su maldad. Tras más de dos horas soportando estoicamente los numeritos musicales, las exageradas muecas y la repulsiva hiperglucemia redentora  del personaje de Garland se apunta una con entusiasmo a cualquier infamia.

Que digo yo que estas neuras de estrellas que nacen y estrellas que mueren y estrellas que se pillan unas paporras del copón, no las podría solucionar esta gente yendo a un buen psiquiatra y tomándose unas pastillitas de colores para relajarse? En lugar de andar haciendo remakes por activa y por pasiva para que todas las generaciones que por el mundo pasen se enteren con todo lujo de detalles de lo desgraciadísimos que son. Por dios, Clint, no lo hagas!!!!!!

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Mundos opuestos, by Mervyn LeRoy

Chica buena, chica mala, marido disperso... En fin, la historia del mundo. La diferencia es que aquí son Stanwyck, Gardner y Mason, y eso marca las distancias.

Stanwyck para mí es una actriz muy poco valorada. Para casi todo el mundo el bello animal Gardner posiblemente se coma la pantalla. Y sin embargo para mí Ava Gardner, pese a su imponente belleza, es una actriz de registro único y pobre; sólo sabe hacer de guapa desgraciada, ése es su monopapel. Stanwyck es otro mundo; puede ser buena y mala, fea y guapa, imbécil o listísima... puede hacerlo casi todo porque es una tremenda actriz. Y en los tiempos que corrían, además fue de las más sobrias y moderadas, lo cual es muy de agradecer en un mundo tan dado a los excesos.

De los chicos también me quedo sin pensarlo con Van Heflin. Frente a Caradepalo Mason, Heflin aporta carisma, atractivo, encanto personal y, al igual que su partenaire Stanwyck, sobriedad interpretativa. Que falta le hace a esta historia de amores sobredimensionados que no se sostiene por ninguna parte.

Yo no sé en los años 50 cómo se entendía esto del amor, pero permitáseme dudar de que la cosa consistiera en lo que aquí se muestra. Los maridos de los años 50 veían muy normal llegar a casa y ver a su señora con un desconocido con el delantal puesto cenando en la cocina?

"Mira, mi amor, éste es el señor X, al que acabo de conocer, y se ha mostrado tan amable de traerme a casa, ponerse mi delantal y preparar esta deliciosa cena. Tomarás este fantástico soufflé con nosotros, verdad?"

La verdad es que siempre he tenido la sensación de que yo nací muy tarde. Esto sólo me lo confirma.