Mostrando entradas con la etiqueta Eisenberg (Jesse). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eisenberg (Jesse). Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de febrero de 2017

Café Society, by Woody Allen

Inconfundible Allen. Su jazz, su fotografía impecable, sus decorados maravillosos del Hollywood años 30... pero sobre todo sus guiones y sus historias. Hay un toque de magia en este hombre que lo hace reconocible siempre (O casi siempre, salvo algún que otro bache que se le puede perdonar por los buenos ratos que nos hace pasar con la mayoría de sus películas)

En esta ocasión vuelve a contarnos una historia de amor, pero de esos amores que molan porque nunca se realizan del todo, y por tanto nunca sufrirán el desgaste de la convivencia ni de la rutina ni del día a día que inexorablemente lleva a la indiferencia con respecto al otro. Este amor del que nos habla Allen es de ésos que se quedan congelados en el tiempo, en un instante álgido, cuando aún no había llegado la decadencia ni ningún signo que la avanzara... esos amores que permanecen intactos en el recuerdo y que por eso nunca mueren. Los verdaderos amores eternos, que no son los de los abuelillos esos que vemos juntitos en el brasero viendo la tele o paseando a su perrito, sino que son los que esos abuelitos tienen en la cabeza y con los que les gusta soñar cada noche, los que se quedaron en el camino pero que siguen haciendo latir los corazones al recordarlos.

Preciosa Kristen Stewart, hay que ver lo que ha ganado esta muchacha con los años, y con un buen director de actores, que eso sí que lo ha sido de toda la vida el amigo Woody. Me falla la química con Eisenberg, que no me agrada demasiado porque carece del carisma que se le presupone al personaje. Pero a estas alturas eso es lo de menos porque lo que importa es ese amor que mantiene unidos en la distancia a los protagonistas, que se mantiene al margen de sus respectivas vidas pero que está siempre muy presente en su interior. Algo que hace que brille el mundo para ellos a pesar de la monotonía, la sordidez o la fealdad que a menudo les rodea.

Y cuando termina la película, como casi siempre pasa con Allen, a ritmo de un magnífico jazz se nos va dibujando una sonrisita un poco tontuna en la cara.

Es lo grande que tiene el cine, que consigue desplazarte en el tiempo y en el espacio y hacer que entres en otras vidas y en otras historias y que sufras y goces con los personajes como si fueran tus propias criaturas. Y en esta historia no podemos dejar de sentir esa nostalgia tan vívida que se refleja en los rostros de Stewart y Eisenberg cuando cada uno piensa en el otro. La magia del amor. Bien, Woody.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Una historia de Brooklyn, by Noah Baumbach

Hummm, qué buena pinta! Premios en Sundance y Toronto; varias nominaciones a Oscars y Globos de Oro, estupendísimas críticas... Apuesta segura, no?

Bueno, pues no. Creía que nunca me quejaría en una crítica de esto, pero así es: demasiado corta. En apenas 80 minutos Baumbach pretende contarnos una ruptura conyugal y la serie de efectos secundarios que conlleva, sobre todo para los hijos. Con tanta compresión lo que consigue es mostrar un proceso absurdamente vertiginoso con el que nadie que haya vivido jamás una ruptura puede identificarse. Diálogos delirantes, escenas inconexas, unos padres que les cuentan a sus hijos adolescentes sus historias extraconyugales con pelos y señales, una custodia compartida a la soviética: 3 días a la semana los niños para ti, 3 días para mí y el que sobra, alterno. Pordiosssssss!

Eso sí; si para algo me ha servido verla es para reafirmarme en mi idea de que la custodia compartida es la aberración más gorda de la historia del derecho matrimonial. Disfrazado de logro social histórico, se nos pretende hacer ver que lo mejor para unos niños es pasarse la vida, maleta en mano, de casa en casa para pasar con cada uno de sus progenitores exactamente el mismo número de horas, minutos y segundos de la semana. No sea que alguno de los padres se pueda mosquear si el otro le saca un cuarto de hora.  Pues eso, delirante.

En cuanto a las interpretaciones, están por encima del nivel de la película. Laura Linney y Jeff Daniels cumplen con nota en su papel de padres egocéntricos y desequilibrados. Pero de todo el reparto sobresale la presencia de un jovencísimo Jesse Eisenberg, el chico protagonista de "La red social", que unos años antes de su gran éxito ya despuntaba. Atención a ese chaval.