Inconfundible Allen. Su jazz, su fotografía impecable, sus decorados maravillosos del Hollywood años 30... pero sobre todo sus guiones y sus historias. Hay un toque de magia en este hombre que lo hace reconocible siempre (O casi siempre, salvo algún que otro bache que se le puede perdonar por los buenos ratos que nos hace pasar con la mayoría de sus películas)
En esta ocasión vuelve a contarnos una historia de amor, pero de esos amores que molan porque nunca se realizan del todo, y por tanto nunca sufrirán el desgaste de la convivencia ni de la rutina ni del día a día que inexorablemente lleva a la indiferencia con respecto al otro. Este amor del que nos habla Allen es de ésos que se quedan congelados en el tiempo, en un instante álgido, cuando aún no había llegado la decadencia ni ningún signo que la avanzara... esos amores que permanecen intactos en el recuerdo y que por eso nunca mueren. Los verdaderos amores eternos, que no son los de los abuelillos esos que vemos juntitos en el brasero viendo la tele o paseando a su perrito, sino que son los que esos abuelitos tienen en la cabeza y con los que les gusta soñar cada noche, los que se quedaron en el camino pero que siguen haciendo latir los corazones al recordarlos.
Preciosa Kristen Stewart, hay que ver lo que ha ganado esta muchacha con los años, y con un buen director de actores, que eso sí que lo ha sido de toda la vida el amigo Woody. Me falla la química con Eisenberg, que no me agrada demasiado porque carece del carisma que se le presupone al personaje. Pero a estas alturas eso es lo de menos porque lo que importa es ese amor que mantiene unidos en la distancia a los protagonistas, que se mantiene al margen de sus respectivas vidas pero que está siempre muy presente en su interior. Algo que hace que brille el mundo para ellos a pesar de la monotonía, la sordidez o la fealdad que a menudo les rodea.
Y cuando termina la película, como casi siempre pasa con Allen, a ritmo de un magnífico jazz se nos va dibujando una sonrisita un poco tontuna en la cara.
Es lo grande que tiene el cine, que consigue desplazarte en el tiempo y en el espacio y hacer que entres en otras vidas y en otras historias y que sufras y goces con los personajes como si fueran tus propias criaturas. Y en esta historia no podemos dejar de sentir esa nostalgia tan vívida que se refleja en los rostros de Stewart y Eisenberg cuando cada uno piensa en el otro. La magia del amor. Bien, Woody.
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jueves, 9 de febrero de 2017
martes, 3 de febrero de 2015
La habitación del pánico, by David Fincher
David Fincher, genio hacedor de la inolvidable “Seven”, nos obsequia en esta ocasión con la historia de una madre y una hija que son secuestradas en su propia casa por un trío de señores con interesantes habilidades manuales. Las secuestradas se encierran en una habitación blindada y a partir de ese momento la cosa se convierte en una especie de competición esquizoide entre MacGyver y MacGyver. Algo así como:
- Vaya, no tenemos línea telefónica en esta habitación, pero no te preocupes, hija, coge esos cables y pélalos y pegaremos los hilitos amarillos con los verdes, los enchufaremos a una lata de Coca-Cola y podremos contactar con el exterior.
- Maldición, estas tías han conseguido hablar con la policía. Tendremos que neutralizarlas. Pásame esa botella de lavavajillas. Lo juntaremos con un poco de pasta de dientes, un moco y un chicle de menta y crearemos una reacción química que las hará salir de su escondite.
- Cáspita, qué es eso que está entrando por la rejilla del aire? Rápido, dame una lupa. La pondremos cerca de este agujero por el que entra un rayo catódico y provocaremos una deflagración controlada que les dará a esos malandrines en todas las narices.
- Hossstia, una explosión controlada. Estas tías son unas hijaputas, pero tranquilos, que no cunda el pánico. Pásame esa escoba, que la ataré a un ventilador y al ponerlo en marcha funcionará como una especie de arma letal que les cortará la cabeza a poco que la asomen por la puerta.
- Qué es eso que han construido esos cafres? Se van a enterar. Con estas pinzas de la ropa y aquella goma de borrar crearé un arma de destrucción masiva que se van a cagar por la patilla.
- Maldita sea, me han dado en todo el ojo con la goma. Dame ese vaso de plástico, que lo voy a fundir con un tomate y medio pepino y formaré una pasta tóxica que les lanzaré con un tirachinas casero hecho con unas bragas de licra y las voy a dejar hechas un trapajo.
- Mamaaaaá, ese bestia me ha quemado el pelo. Vamos a hacer un fusil de asalto con esta flauta, atándole un guante de plástico y utilizando como munición esos caramelos hall de eucalipto mentolado.
Y así es como unas angustiadísimas Jodie Foster y Kristen Stewart, que hay que reconocerlo, están estupendas las dos, consiguen enfrentarse cual aguerridas guerreras, a una banda de curtidos maleantes, y dar una lección magistral de ingeniería bélica que hará las delicias de los aficionados al bricolaje, aunque no tanto las de los aficionados al cine.
- Vaya, no tenemos línea telefónica en esta habitación, pero no te preocupes, hija, coge esos cables y pélalos y pegaremos los hilitos amarillos con los verdes, los enchufaremos a una lata de Coca-Cola y podremos contactar con el exterior.
- Maldición, estas tías han conseguido hablar con la policía. Tendremos que neutralizarlas. Pásame esa botella de lavavajillas. Lo juntaremos con un poco de pasta de dientes, un moco y un chicle de menta y crearemos una reacción química que las hará salir de su escondite.
- Cáspita, qué es eso que está entrando por la rejilla del aire? Rápido, dame una lupa. La pondremos cerca de este agujero por el que entra un rayo catódico y provocaremos una deflagración controlada que les dará a esos malandrines en todas las narices.
- Hossstia, una explosión controlada. Estas tías son unas hijaputas, pero tranquilos, que no cunda el pánico. Pásame esa escoba, que la ataré a un ventilador y al ponerlo en marcha funcionará como una especie de arma letal que les cortará la cabeza a poco que la asomen por la puerta.
- Qué es eso que han construido esos cafres? Se van a enterar. Con estas pinzas de la ropa y aquella goma de borrar crearé un arma de destrucción masiva que se van a cagar por la patilla.
- Maldita sea, me han dado en todo el ojo con la goma. Dame ese vaso de plástico, que lo voy a fundir con un tomate y medio pepino y formaré una pasta tóxica que les lanzaré con un tirachinas casero hecho con unas bragas de licra y las voy a dejar hechas un trapajo.
- Mamaaaaá, ese bestia me ha quemado el pelo. Vamos a hacer un fusil de asalto con esta flauta, atándole un guante de plástico y utilizando como munición esos caramelos hall de eucalipto mentolado.
Y así es como unas angustiadísimas Jodie Foster y Kristen Stewart, que hay que reconocerlo, están estupendas las dos, consiguen enfrentarse cual aguerridas guerreras, a una banda de curtidos maleantes, y dar una lección magistral de ingeniería bélica que hará las delicias de los aficionados al bricolaje, aunque no tanto las de los aficionados al cine.
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