martes, 15 de octubre de 2013

Mi chica (My girl), by Howard Zieff

Seamos sinceros: esta película está diseñada específicamente para irritar el lacrimal, y vive Dios que lo consigue. Quien no llore viéndola, sobre todo en el último cuarto de hora, es que es un cabrón sin sentimientos o un absoluto degenerado.

Yo la vi básicamente porque la noche anterior había visto "El chef" y me había descojonado, así que mi tradición cultural judeocristiana me impulsó a compensar tanta risa con una dosis proporcional de lágrimas y sufrimiento. En esta vida el equilibrio emocional es fundamental.

Pues sí, la vi para llorar, y efectivamente lloré. Y por qué lloraste, se preguntará alguno. Pues mira, lloré porque:

A. Tenía buena predisposición a hacerlo.

B. Los dos niños protagonistas son para llorar a moco tendido.

C. Creo sinceramente que la historia lo merecía.

Eso sí, si la peli hubiera sido buena podría haber llorado mucho más. Pero como es un auténtico truño reconozco que he llorado un poco por compromiso, por no hacerle un feo a Howard Zieff, el director, que el tío se lo ha currado de verdad, y sobre todo porque había anunciado en mi casa que iba a llorar seguro, y no me quitaban ojo de encima. Simplemente tenía que llorar sí o sí, yo cuando prometo cumplo.

lunes, 14 de octubre de 2013

El chef, la receta de la felicidad, by Daniel Cohen

Me ha gustado esta película porque:

1. Me pasé todo el rato babeando con los platos. Y hasta con los nombres.

2. Me llegó hasta el olorcito, que traspasaba la pantalla.

3. Me gustó la defensa que hace de la alta cocina tradicional.

4. Me gustó aún más la ridiculización de la moderna cocina deconstructivista.

5. Me partí de la risa con algunas escenas.

6. Me encantó cómo recoge el ambiente de trabajo en una cocina.

7. Me pareció tierna, divertida, sencilla y poco pretenciosa

Daniel Cohen, qué hambre me has hecho pasar, cabrón.

viernes, 11 de octubre de 2013

El amigo de mi hermana (My sister's sister), by Lynn Shelton

Qué difícil es encontrar una película como ésta. Con gente que la caga con cagadas normales y corrientes, y que se siente fatal y luego peor, y luego poco a poco va asumiendo sus cagadas y va sacando la cabeza, intentando mirar hacia delante y sobrevivir con sus cagadas a cuestas.

Con perdón del protagonista masculino, que lo hace muy bien y aporta su granito de arena, para mí ésta es una historia básicamente de mujeres. Lo que más me interesa de lo que nos cuenta Lynn Shelton es la relación entre las dos hermanas, una relación que parece fuerte, a prueba de bombas y huracanes, pero que está a punto de irse al carajo por lo de siempre, por una gilipollez.

Qué alivio ver a un hombre que parece un hombre, con sus lorzas (sí, ellos también las tienen) y sus bolsas en los ojos. Creía que en el cine no existían. Y qué maravilla de dueto el de Emily Blunt y Rosemarie DeWitt. Pedazo de actrices las dos, me quito el sombrero. Qué distinta esta Emily Blunt de la que vi el otro día en "Destino oculto". Cómo una misma actriz, dependiendo de la veracidad de su personaje, puede parecer tan natural o tan forzada y artificial. Lo que hace creerse un papel y vivirlo.

Guión lleno de sugerencias y matices, diálogos brillantes y silencios más brillantes todavía, tres actores que no parecen estar actuando sino viviendo. Que se miran, que se ríen, que hablan como tú, como yo, como el vecino. No le hacía falta nada más, pero añade a eso los paisajes, y la música y esa maravilla de fotografía, lavirrrgen.

Cuánto tiempo hacía que no me emocionaba de verdad viendo una película. Que no me sonaba tan real, tan auténtica. Que no se me ponían los pelos como escarpias. Y casi más que con los diálogos con los silencios, con los gestos y con las miradas. Luego me he enterado de que la concibieron un grupo de amiguetes y que la rodaron en 12 días con un presupuesto de risa. No dudo de que tuvo que haber una buena dosis de improvisación. Tal vez eso lo explique todo.

jueves, 10 de octubre de 2013

La feria de las vanidades (Vanity Fair), by Mira Nair

Ésta es la historia de dos mujeres, una más lista, ambiciosa y emprendedora, y la otra mucho más estúpida, conformista y sumisa. La lista está interpretada, muy bien por cierto, por Reese Whiterspoon, y la tonta, también muy conseguida, por Romola Garai. Las dos a ratos son completamente hostiables aunque mucho más la tonta, que en ocasiones llega a resultar peligrosamente asesinable.

Mira Nair es una directora hindú que se ha metido a hacer esta adaptación al cine de la famosa y densísima novela “Vanity Fair”. Estéticamente la película es perfecta, la ambientación muy cuidada y el vestuario espectacular; respecto al guión, demasiado compacto para mi gusto.

La historia me gusta porque aunque lleva cierta carga de moralina creo que emite mensajes bastante inteligentes y certeros, a saber:

1. Las mujeres tontas sufren bastante más que las listas.

2. Las listas tienen más recursos para afrontar las contrariedades.

3. Las tontas sin embargo suelen tener bastante mejor suerte.

4. Los hombres se vuelven todos gilipollas cuando se enamoran.

5. Los cabrones gustan más y tienen más suerte en el amor.

6. Los buenos dan un montón de repelús y además son un coñazo.

7. La pareja hetero ideal es una mujer lista y un tío cabrón.

En definitiva, una buena historia, bien contada, bien interpretada y bien ambientada. Y brutalmente sincera. Whiterspoon, que lleva el mayor peso interpretativo, sorprende agradablemente.

martes, 8 de octubre de 2013

¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, by Stanley Kubrick

Olvida por un momento el título de esta película y que su director es Stanley Kubrick. Intenta obviarlo y contesta a esta pregunta: qué pensarías de una película que durante 80 minutos transcurriera más o menos así:

- Conecta la alarma MCT al dispositivo KN y da la señal.

- Conectando, señor. Transmitiendo órdenes.

- Las coordenadas del enemigo son 8-3-5, señor.

- Pues añade la clave al dispositivo de seguridad y dale al botón azul.

- No es posible. La espita del armonio no avanza en el nivel 4.

- Entonces aplicaremos la fórmula 527 del protocolo QYBC.

- Entendido, señor. Adaptamos los compresores WKF a la localización Z?

- Aún no. Esperemos a que la clave 3WF funcione. Si no, atacad.

- La base no contesta, señor. Aplicamos el código de seguridad MILC?

- Habéis probado con un E-2R4 a la base?

- Sí, señor, y la centralita informa de que la conexión no funciona.

- Tendremos que activar la función XZA y esperar respuesta.

- Imposible, el evacuador del ala norte falla, señor.

- Pues acoplad las estufideras del escranio al tornillo del bifásico.

- Lo hemos intentado pero la espita no cierra, señor.

- Tiene que cerrar. Probad con el conector B-5, nunca ha fallado.

- La clave de acceso al conector sólo la tenía Kramer, y ha muerto, señor.

- Joder, qué contrariedad. Qué se te ocurre, Smith.

- Una maniobra de relocalización del radar X con tecnología UB-7, señor.

- Pero Jackson dijo que el radar X necesitaba un transmisor XJL.

- No si lo conectamos a la USN del radar Z con un adaptador MIT.

- Bien, hagámoslo pues.

- El problema es que el adaptador MIT no es compatible con la USN.

- Y qué coño hacemos.

- La única salida es aplicar el código ZF, pulsar el botón y rezar, señor.

- Pues proceda, Mathew. Y que sea lo que Dios quiera.

Mira, me importa un huevo que esto lo haya dirigido Stanley Kubrick y que Peter Sellers interprete a 3 personajes y que George C. Scott haga un papel memorable. Esto es una M-I-E-R-D-A como la copa un pino. Ni Kubrick ni pollas.

Deep Blue Sea, by Renny Harlin

Para que nadie se llame a engaño empezaré diciendo sin dilación que la película es un truño como la copa un pino. Y ya, una vez aclarado este punto, procedo a hacer una crítica constructiva cien por cien, como es mi costumbre.

En realidad a mí el argumento de esta historia me importaba un pimiento y ni siquiera terminé de enterarme bien. Parece que una científica bastante buenorra, saltándose todos los protocolos éticos habidos y por haber, se dedica a aumentar el cerebro de unos tiburones para extraer de ellos una proteína con la que curar enfermedades degenerativas como el Alzheimer. Partiendo de esta chorrada os podréis imaginar que pasara siete pueblos de la trama.

Así que dejémonos de tonterías sobre el guión y demás y vayamos a lo que verdaderamente mola aquí: los tiburones. Con los tiburones se flipa un huevo. Qué pedazo de mandíbulas, qué dentaduras prodigiosas, qué mordiscos antológicos. Qué manera de atacar, qué manera de morder, qué manera de arrancar miembros de cuajo. Qué clase, qué elegancia, qué estilazo.

A mí es que me gusta más un tiburón que a Rajoy un paseíto por la Fukushima postnuclear. Para mí donde se ponga un escualo, eso sí, bien separado de mí por una pantalla cuanto más grande mejor, que se quiten asesinos en serie, terroristas mequetrefes o violadores psicópatas.

Estos tres tiburones no decepcionan y la peli tampoco. No le falta un detalle: mordiscos terroríficos, sangre a raudales, saltos acrobáticos, ataques de frente, por la espalda, por arriba y por abajo…

Y por supuesto no faltan esos momentos impagables en los que los escualos pasan como si nada rozando a los protagonistas que van a sobrevivir mientras que a los desgraciados destinados a morir los huelen a la legua y se los meriendan en un pispás. Adelanto desde ya que van cayendo en orden inversamente proporcional a su atractivo físico; los más guapos los dejan para el final.

En fin, aunque el tal Harlin Renny no sea ningún genio del celuloide, se ve que el tipo no desconoce los secretos de la espectacularidad y en cuanto a vistosidad la peli está bastante conseguida. No me extraña que esté en el top ten de las películas rematadamente malas que a la gente le encantan. Ésa es justamente la mejor descripción que podría hacerse de ella: mala pa rabiar pero ideal pa disfrutar.

lunes, 7 de octubre de 2013

Destino oculto, by George Nolfi

Saben aquél que diu que estaba Dios aburrido tocándose los huevos y de repente se dijo: “Qué coño, voy a entretenerme un rato jodiéndole la vida a alguien”.

Pues sí, la teoría de George Nolfi es que Dios es algo así como el director general de una gran corporación, y los ángeles serían algo así como sus empleados. Y Dios no tiene otra cosa que hacer que tocarle las pelotas a la peña con la inestimable ayuda de sus celestiales esbirros. La verdad es que se parece bastante a la idea de Dios que yo tengo, a la vista de cómo va el mundo.

En fin, os cuento. Resulta que Matt Damon está predestinado a ser presidente de los USA y cambiar el mundo, y claro, al muchacho le gusta Emily Blunt pero el Mister opina que una novia le distraería de este designio divino y perjudicaría seriamente sus planes, así que no ve otra opción que mandarle a Damon un equipo de angelitos para joderle la marrana e impedir su ayuntamiento con la bella Blunt.

Y ahí que te ves a los ángeles, en plan “Los hombres de Paco”, echándole una mala leche al asunto que pa qué. Los ángeles son de varios tipos; algunos, los menos, tienen un pelín de escrúpulos y se limitan a provocar accidentes de tráfico, esguinces de tobillo y menudencias por el estilo, pero hay otros que, vaya tela, son auténticos cabronazos. Vamos, que con tal de impedir que la parejita se ajunte son capaces de auténticas marranadas de proporciones mastodónticas. Unos hijoputas de mucho cuidao.

Mientras veía la película había una pregunta que me venía una y otra vez a la cabeza: cómo podían los actores soltar sus demenciales diálogos sin descojonarse. Y cómo es posible que Matt Damon, un tío que seguro que tiene ofertas de sobra y al que no le falta el curro… cómo pudo aceptar este papel. Porque Emily Blunt igual no está tan solicitada y, mira, la pobre tiene que hacer cualquier cosa para ganarse las habichuelas, pero Damon… Damooooon, en qué coño estabas pensandoooooo.