miércoles, 12 de junio de 2013

Charlotte Gray, by Gillian Armstrong

A ver, queridos cocinéfilos, qué cocinaríais vosotros con una cámara medianamente apañadita, vuestra calenturienta imaginación y los siguientes ingredientes:

Un encantador pueblecito de la campiña francesa.

Una inglesa con pinta de femme fatale en la resistencia.

Un jefe de comando guapísimo y sexi a más no poder.

Un par de niños judíos ocultos en un precioso palacete.

Un maestro despechado con bastante mala leche.

Un montón de soldados nazis ávidos de sangre judía.

Y... besos, ternura, qué derroche de amor, cuánta locura.

Pues con todo eso Gillian Armstrong se monta una sosita historia de amor bastante chorra con trasfondo bélico de la que únicamente se salvan, por este orden: la magnífica fotografía, la belleza impecable de Cate Blanchett, y un bomboncito llamado Billy Crudup al que Blanchett se come, como su propio nombre indica, bien crudup. Ay omá qué rico.!!!

martes, 11 de junio de 2013

Es más fácil para un camello..., by Valeria Bruni Tedeschi


Qué casualidad. Después de ver ayer "Lost in translation",  una película hecha por una pija rica para contarnos lo mucho que sufren los pijos ricos, hoy me pongo a ver esta historia, que empieza con la siguiente escena: una mujer se acerca a un confesionario y  dice: "padre, me confieso de que soy asquerosamente rica". El cura, para animarla y tal, le suelta: "pues ya sabes, antes entrará un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos".

Y yo que pensaba que lo más plasta que podía haber en el mundo era un político en campaña... Qué equivocada estaba. Mucho más plasta es un rico con sentimiento de culpa por su riqueza. Esa pretensión de mostrar al mundo lo duro que puede llegar a ser vivir sin dar palo al agua y con un montón de billetes en el banco es aún más patética que todos los intentos del gobierno por convencernos de que a la crisis le quedan dos días.

La diferencia entre Coppola y Valeria Bruni es que esta última se lo toma a coña y hasta se ríe de sí misma, cosa que Coppola no es capaz de hacer ni aunque la torturen con cosquillas en la planta del pie. Y claro, así se hace mucho más llevadero que te suelten el coñazo.

La peli es "rarilla". Tiene momentos muy divertidos (las clases de ballet de la protagonista, por ejemplo); tiene también un puntito onírico y surrealista, pero sin abusar; tiene momentos muy frikis y personajes aún más frikis; y hasta a veces se deja caer con algún que otro momento dramático, pero que no pega ni con pegamento porque entre tanto desmadre no te lo puedes creer.

Bruni (no confundir con Carla) hace un completo: es guionista, directora y protagonista, vamos, la responsable absoluta del bicho. Y hay que reconocer que no le sale del todo mal, que la tía es original y tiene sentido del humor y que la peli se ve con agrado. Si no fuera porque ya está una a estas alturas hasta el moño de pijos arrepentidos...

lunes, 10 de junio de 2013

Lost in translation, by Sofia Coppola

Hola, me llamo Sofía Coppola, soy asquerosamente rica y os voy a contar cómo nos aburrimos los ricos.

Os sitúo: Tokio. Qué clase de personas creéis que se pueden morir de aburrimiento y de asco en un lugar tan fascinante. Pues sí, por increíble e incluso insultante que os parezca, esa gente existe.

Una joven aparentemente sana, estupenda, monísima y sin taras visibles (Scarlett Johansson) ha viajado hasta allí con su marido pero, como él se pasa el día trabajando y ella parece ser incapaz de pasárselo bien sola, se aburre como una ostra. Mira por la ventana; se rasca la nariz; coge un libro; lo mira; lo suelta; bosteza; se tumba en la cama; mira por la ventana; se vuelve a rascar la nariz... Sí, señores, en Tokio.

Un viejo actor cuya carrera pega los últimos coletazos (Bill Murray) viaja a la ciudad para rodar un anuncio, y entre toma y toma también se aburre como otra ostra. Éste mata las horas en el bar tomando whisky y escuchando a una petarda americana cantar. Sí, señores, en Tokio.

Pues sí, la vida es así, Dios le da gafas a quien no tiene ojos y pañuelo a quien no tiene mocos, qué se le va a hacer.

Luego estos dos se conocen, simpatizan, empatizan, surge la química y... se dedican a compartir su aburrimiento el uno con el otro. Y ya lo de siempre: yo te hago ojitos, tú me echas una sonrisita, yo te cojo la manita... y el suspense: cuándo coño se acostarán estos dos y dejarán de marear la perdiz. Y básicamente éste es el argumento de la película.

Pasemos por alto los siete pares de hostias que les daríamos a cada uno; pasemos por alto la terrible injusticia de que este par de gilipollas se puedan permitir viajar a un lugar al que ni tú ni yo ni medio mundo podrá ir jamás. Pasemos todo eso por alto y vayamos al grano: por qué coño se aburren tanto los ricos. Por qué son tan terriblemente desgraciados. Qué coño le pasa a esta gente. Y sobre todo, por qué disfruta tanto esta tía contándonos siempre en sus coñazos de películas lo mal que se lo pasan.

domingo, 9 de junio de 2013

Polisse, by Maïwenn Le Besco

Una niña a la que su abuelo toquetea por debajo de la ropa.

Una policía que vomita 3 veces al día y no consigue quedarse embarazada.

Una mujer que pajillea a sus bebés para que se tranquilicen y duerman.

La brigada de protección a menores bailando en una disco después del trabajo.

Unos niños rumanos que mendigan, obligados por sus padres.

Un profesor de gimnasia enamorado de su alumno de 10 años.

Una adolescente come pollas a cambio de un móvil.

Una fotógrafa capturando imágenes de la brigada de menores.

Un policía enamorándose de la fotógrafa que captura imágenes.

Un niño que llora porque su madre, inmigrante sin techo, lo abandona.

Un policía que llora porque el mundo es una mierda.

Gritos, amor, sexo, lágrimas, inocencia, sordidez ... Una ventana.

Maïwenn Le Besco recogiendo el Premio del Jurado en Cannes.

jueves, 6 de junio de 2013

El dilema (The insider), by Michael Mann

Una gran película de Michael Mann. Certera, tensa, extensa, impecable en su desarrollo e intachable en su estética. Una banda sonora memorable. Y un duelo interpretativo de díficil resolución; no se sabe si es mejor Pacino o Crowe. Personalmente me quedo con el segundo, que para mí es un actor mucho más versátil. Pacino en el fondo siempre hace lo mismo: se mueve todo el rato de un lado para otro haciendo muchos aspavientos y de aquesta pose igual te hace de mafioso que de policía que de periodista, como en este caso.

El argumento supongo que ya lo sabéis. Basado en hechos reales, es la historia de un periodista y su fuente, un científico que saca a la luz el uso por parte de las tabacaleras de sustancias fuertemente adictivas muy peligrosas para la salud cuyo principal objetivo es acelerar el proceso de dependencia al tabaco. La tabacaleras quedan como el culo y este señor como un héroe que, tras una ardua lucha consigo mismo, resuelve su dilema y revela al mundo el gran secreto.

Mi problema es que yo en este contencioso voy con las tabacaleras. A ver, no es que considere que son unas hermanitas de la caridad, ni mucho menos; pero el tabaco es un negocio y estos tíos hacen lo que pueden, y sobre todo, "lo que les dejan" para rentabilizar al máximo su negocio. Y ahí está el quid de la cuestión, en ese "lo que les dejan". Porque queda claro que lo hacen porque hay alguien que les deja hacerlo.

Yo eso es lo que no entiendo. Cómo, tras salir a la luz el uso de esas sustancias peligrosísimas en un producto de consumo masivo, los gobiernos siguen permitiendo su venta tan ricamente. Pones un negocio de hostelería o de venta de alimentos y tienes un día sí y otro también a los inspectores ahí para comprobar que no te has saltado la menor norma de higiene en el trabajo, pero llegan éstos, le meten veneno a mansalva a su producto... y ahí no entra ni un inspector, tú. Ya le pueden meter matarratas, que como es un negociazo vía impuestos, les dejan que vendan legalmente y sin el menor obstáculo la mierda que les dé la gana. Y los malos de la película son las tabacaleras? O por lo menos, son los únicos malos?

Y luego está "la pobre víctima", el fumador.  Porque no olvidemos que todo este asunto tenía como finalidad última el terminar culpando a las tabacaleras de los cánceres que su producto provoca. Todo el mundo sabe a estas alturas que el tabaco es una droga fuertemente adictiva, que lleva sustancias peligrosísimas y supercancerígenas destinadas a que la nicotina llegue antes al pulmón y lo machaque con más brío. Y la gente sigue fumando igual. Desde cuándo nadie se ha echado para atrás al consumir una droga porque conozca los peligros que puede correr.

No, mire usted. Yo he sido fumadora un montón de años y un buen día me harté de ser esclava de un cacho de mierda liado en papel y de dar besos con sabor a cenicero, y lo dejé. Y jamás he echado la culpa a nadie de mi vicio; fui adicta porque me dio la gana y dejé de serlo cuando me dio la gana. Yo soy la única responsable de las consecuencias que mi adicción tuviera o pudiera tener en el futuro sobre mi salud, y abomino de todo intento de culpar a nadie más de lo que yo he hecho porque he querido y cuando he querido.

Y por eso esta película, por muy impecable que cinematográficamente pueda ser, que lo es, me parece falsaria, deshonesta y tramposa. Lanza un mensaje peligrosísimo al espectador: no te preocupes, no es culpa tuya que fumes tres cajetillas al día de esa porquería que te metes en el cuerpo; la culpa es de los hijosdeputa que te han creado la adicción en contra de tu voluntad. Tú no sabías, tú no querías, tú eres un buen chico. Y un cuerno! Puede que ese mensaje valga en una sociedad infantiloide como la norteamericana, pero conmigo no cuela. Qué coño!!!!

miércoles, 5 de junio de 2013

Insomnio, by Chus Gutiérrez

La comedia urbana lo que tiene es que a los urbanitas de pro nos gusta porque nos identificamos un montón con ella. Si no es un personaje es el otro, si no son cosas que nos pasan a nosotros son cosas que le pasan al vecino o al amigo, pero las ves y estás viendo "la vida".

Difícil no identificarse con esa madre primeriza totalmente abrumada entre el cuidado del bebé y las exigencias de su carrera. Cualquiera que haya tenido hijos podría hablar horas y horas sobre cómo cambia la vida de un día para otro y sobre el difícil reajuste que hay que llevar a cabo para acoplar al mocoso sin que se derrumbe todo el castillo.

Y cómo no verse reflejado o ver reflejado a algún amigo en esa muchacha (qué grande Candela Peña) a la que su novio ha abandonado y no sabe cómo afrontarlo ni ante sí misma ni ante los amigos.

Y quién no va a simpatizar con ese pobre chaval (también fantástico Ernesto Alterio) que se ha visto envuelto sin comerlo ni beberlo en un proyecto de boda a la antigua que ni le interesa ni le convence ni le hace la más mínima ilusión, y que además le ha servido para darse cuenta de que no tiene nada en común con quien se supone que va a compartir su vida.

Todos ellos se cruzan en las escaleras, en los parques, en los bares, en la calle, y tienen algo en común: un insomnio crónico que no les deja ni pensar ni descansar ni vivir. Y Chus Gutiérrez se ha limitado a mirar y a recoger en una película lo que ha visto; y lo ha hecho bastante bien. Lo ha hecho tan bien que yo hasta diría que estamos ante una de las comedias urbanas más logradas de los noventa. Una comedia sobre ti, sobre mí, sobre tu hermano, sobre tu primo, sobre tu compañero de trabajo...en definitiva, sobre gente corriente.

martes, 4 de junio de 2013

Underground, by Emir Kusturica



Peligro!!!! Palma de Oro en Cannes. Esto ya de por sí es un dato suficientemente disuasor. Como todo el mundo sabe, en Cannes sólo les dan Palmas de Oro a películas ostensiblemente infumables sólo aptas para palmeros y palmófilos sin remisión.

Sin embargo, por otro lado, esta película tenía un atractivo irresistible para mí: el director, Emir Kusturica, el mismo de "Gato negro, gato blanco", una de mis películas de humor negro surrealista favoritas. Sólo había visto ese filme de él y desde luego en él conectamos a tope. Por tanto decidí que había que ver "Underground", a pesar de esa temible y desalentadora Palma de Oro. Craso error, las Palmas de Oro raramente engañan.

Os imagináis que durante la guerra civil hubiérais estado escondidos en algún lugar remoto al que no hubiese llegado la noticia del fin de la guerra y que un día salís de vuestro escondite y os encontráis inmersos en otra guerra totalmente distinta? Pues ése es el punto de partida de esta otra ocurrencia de Kusturica, que empieza bien, con gracia y desparpajo, pero que tiene un defecto imperdonable: su larguíiiiiiiiiiisima duración.

Si algo tiene el género caricaturesco es que no se puede abusar de él, agotando la paciencia del espectador.  Cuando lo grotesco de los personajes y las situaciones llega a niveles de saturación entonces el efecto se viene abajo. Es justamente lo que ocurre en esta película, que aproximadamente por la mitad ya llega a ese punto y empieza a aburrir soberanamente. Si además miras el reloj y compruebas que queda aún hora y media de más y más desbarres y extravagancias pues entras en estado de shock y puede ocurrir una de estas dos cosas:

1. Que te rindas y decidas que ya has visto suficiente.

2. Que le eches valor, te chupes las casi tres horas enteras y llegues como un campeón hasta el final.

Yo me rendí.