sábado, 18 de agosto de 2012

Luna de Avellaneda, by Juan José Campanella

No cabe duda de que el tandem Campanella-Darín funciona, y funciona muy bien. Si ya se le une esa bestia  gore que es Eduardo Blanco y lo aderezas con un toque de la madre patria en la figura de ese pedazo de actor que es José Luis López Vázquez la cosa tendría que resultar la hostia. Pero no, no resulta.

Que Campanella escribe historias conmovedoras ya a estas alturas lo sabemos todos, porque todos hemos visto sus películas (El hijo de la novia; El mismo amor, la misma lluvia; El secreto de sus ojos...). Es un monstruo del lagrimón y de la risa, del drama y de la comedia, es un contador de historias nato; el tipo te mezcla lo agrio con lo dulce con la sabiduría de un gran chef, y te revuelve las tripas y te hace cagarte en todos los hijoputas que putean a sus héroes y les joden la vida... En fin, luego llega Ricardo Darín, te enamoras de él, de su mirada eternamente triste y de su aroma de hombre de verdad (pero de verdad de verdad) y ya está todo hecho.

El problema en Luna de Avellaneda es que hay un maniqueísmo más que evidente. Campanella es un sabio manipulador de sentimientos y todos lo sabemos porque a todos nos ha tocado por aquí o por allá alguna vez o más de una, pero no le perdono el descaro. No le perdono que haya unos buenos, honrados, dignos, honestos, fieles e idealistas que quieren conservar su club del barrio frente a unos malos, interesados, indignos, traidores y materialistas que quieren vender el club y conseguir a cambio un puesto de trabajo.

No me interesan en el cine los blancos y negros argumentales, y en esta película sobran. Hay muy poca sutileza, para tratarse de un tipo normalmente tan sutil como Campanella. Sí, se ve, como siempre en sus historias, gente de la calle, con la que el espectador se siente muy identificado, y ese toque tragicómico tan característico, que también hace que el público se reconozca en las vidas que cuenta.

La pena es que en nuestras vidas las decisiones no son tan sencillas y hay muchas tonalidades y matices entre lo honesto y lo deshonesto, lo digno y lo indigno, lo leal y lo traicionero, lo heróico y lo vil. Es más, en el mundo real no existe nadie con ninguna de esas cualidades en estado puro, por mucho que a menudo en el cine se empeñen en mostrar lo contrario.

Por cierto, yo no tengo la menor duda de que hubiera votado a favor de vender el club. Cuando hay por medio gente pasando calamidades, a mí que no me toquen mucho los ovarios con idealismos ni pollas. Las Lunas de Avellaneda tienen su momento y los estómagos vacíos el suyo.

viernes, 17 de agosto de 2012

El río de la vida, by Robert Redford

Ésta es una de esas películas que una no sabe muy bien cómo valorar. No cabe duda de que tiene una fotografía maravillosa, un trasfondo poético innegable, unos personajes carismáticos y entrañables, unas interpretaciones memorables (de todos me quedo con Pitt, al que le toca el personaje sin duda más emblemático y potente), lo tiene prácticamente todo, pero terminas de verla, y dices... Y?

Supongo que para los amantes de la pesca debe de ser un pepinazo. Las escenas en el río con los dos hermanos dándole a la caña y a las moscas seguro que son para flipar, claro... si el tema te apasiona. Pero si lo de pescar no es lo tuyo todas esas escenas se hacen larguiiiiiiiiiiiiiísimas, pesadiiiiiiiiiiiiisimas, interminaaaaaaaaables... Un puto coñazo, vamos.

No dudo de que en la pesca haya un huevo de poesía y de que sea una de esas aficiones capaces de entusiasmar hasta la muerte a su público. Conozco a bastante gente que los fines de semana se levanta a las 5 de la mañana para cogerse un sitio bueno en el que echar el anzuelo y tirarse horas y horas pendiente de si el bicho pica o no pica. Yo sinceramente no lo puedo entender.

Sí puedo reconocer, en cambio, la belleza de la película, su evidente perfección técnica, el tono entre intimista y metafórico lleno de encanto, la sutileza de los diálogos, el impecable trabajo actoral... Lo reconozco todo, sí, pero... qué coñazo de río, hossssstia!!!!!!!

miércoles, 15 de agosto de 2012

Mi vida como un perro, by Lasse Hallström


He visto muchas películas sobre la infancia pero nunca una sobre la infancia en Suecia. La verdad es que no parece tan malo ser niño en Suecia. Lo que he aprendido con esta película es que los niños suecos se lo pasan bomba, mucho más que los niños españoles.

Bien es verdad que la mayoría de pelis españolas con niño transcurren en la guerra civil o en la posguerra y en esas circunstancias sólo hay niños penosos, mocosos, sucios, hambrientos, asilvestrados y muy muy desgraciados. Nada que ver con los niños de esta peli, que están perfectamente vestidos y acicalados. Y mira que me gustan a mí poco los niños de película pero reconozco que Anton Glanzelius, el chiquillo protagonista, no da el repelús habitual.

El protagonista de "Mi vida como un perro" es un niño que pierde a su madre y a su perra al mismo tiempo (adivinad qué pérdida jode más), y sin embargo hay muchas risas en esta historia. Y personajes divertidos, gente excéntrica, locos subidos a tejados, abuelos que se excitan leyendo anuncios de fajas, niños que boxean y se bañan en barriles llenos de agua...

Una historia que podría haber sido un dramón como una casa que haría derramar ríos de llanto, Hallström, a través de esos personajes casi de cuento infantil, la convierte en un simpático canto a la alegría de vivir. El tío tiene arte y oficio. No me extraña que los americanos lo abdujeran rápido.

martes, 14 de agosto de 2012

La estrella ausente, by Gianni Amelio

Hace un par de meses que he dejado de ver la televisión pública nacional. El desmantelamiento del equipo de informativos que tantas glorias ha dado en los últimos tiempos a RTVE tanto en premios internacionales como en niveles de audiencia me tiene francamente escandalizada, sobre todo cuando los dirigentes populares han empezado a traerse a "su gente" de Telemadrid y otros canales bazofia por el estilo para sustituir a los profesionales destituidos.

Ni que decir tiene que también han dejado de emitir series con un nivel de calidad y de audiencia más que aceptables, como "Cuéntame" o "Amar en tiempos revueltos" para traernos brillantes en bruto como la reposición de aquella maravilla del esperpento que fue "Ana y los siete" o para contratar a Bertín Osborne como nuevo presentador estrella de la casa. Hasta los famosos documentales de la 2 los están aprovechando para meter a saco su infame propaganda neofascista.

No hablemos de las películas que programan, prácticamente el 90% Western, y sobre todo, no hablemos de las que han dejado de programar. Desde que llegaron parecen haberse propuesto que el poco público que aún tenía el cine español  termine aborreciéndolo, al elegir para emitir en sus canales las películas más burdas, tostones, impresentables y bochornosas de nuestro cine. Ya sabemos de sus obsesiones, los de la ceja y todo eso. Se trata de conseguir que nadie, ni borracho, quiera ver nunca más una película española en todos los días de su vida.

Y alguno dirá: y a qué viene este rollo? Qué tiene que ver esto con la película de Amelio? Pues bien, tiene que ver que ayer, por primera vez en mucho tiempo, me decidí a ver un filme en la 2. Vi el título, me gustó lo que leí sobre ella (en fin, lo del choque de culturas y todo eso), me encantó que el protagonista fuera mi adorado Castellitto... en fin, que me extrañó un montón que esta gentuza se hubiera decidido por fin a echar una buena peli y, toda flipada por el acontecimiento, me puse a verla.

No tardé mucho en darme cuenta de por qué la habían elegido para emitirla; esta gente no da puntada sin hilo, y la carga ideológica la tienen que meter por huevos en todo lo que hacen. En toda mi vida de cinéfila jamás he visto una China más fea, con más miseria, con la gente más desdentada y los niños más mugrientos, todo gris, ni un rayito de sol por ninguna parte, ni una gota de vegetación... nada, es como un paisaje desértico de pesadilla lleno de pobres y de ratas, y de gente hacinada, y de fábricas deshumanizadas que afean aún más si cabe el horrible y nebuloso paisaje; es prácticamente el infierno en la Tierra.

Y claro, ya se explica todo. Cómo hacer un alegato anticomunista eficaz sin que se note demasiado. Pues echando pelis en las que haya un mensaje subliminal evidente: esta gente vive en la más absoluta miseria, y os recuerdo que son comunistas. Mañana os pongo un Western en el que se vea cómo con un par de pistolas y un sheriff con dos cojones se acaba rápido con la gentuza y se puede vivir en un mundo próspero y feliz, donde hay un montón de gente guapa y con dientes, como en los USA.

Cuál es el problema? Pues que mucha gente hoy en día viaja. Y sí, todos sabemos que China no es como nos la quisieron pintar cuando las Olimpiadas de Pekín, pero ni mucho menos es este saco de inmundicia ética y estética que nos pinta Amelio (no confundir con el mono Amedio), no sé con qué intención, la verdad.

Hasta Castellito sale feo y sin pizca de su fuerte atractivo personal en esta película. Es que es todo tan tétrico, tan dantesco, tan irreal... Tan asquerosamente descarado.

lunes, 13 de agosto de 2012

La cara oculta, by Andrés Baiz

Interesante trama la que plantea Andrés Baiz en esta mezcla de suspense y dilema ético que, cuanto menos, no se puede negar que entretiene.

Por lo que he leído por ahí la putada es el trailer, que viene a destripar todo el misterio de la primera parte de la película, así que aviso yo también alto y claro: NO VEAIS EL TRAILER!!!!!!!

Sinceramente la valoraría mucho mejor si no fuera por el actor protagonista. Quim Gutiérrez es un tío que está muy bueno, buenísimo, eso no puede discutirse; como modelo es pa comérselo. Pero no es actor: no sabe interpretar, no sabe vocalizar, carece de registros, pone la misma cara en una comedia que en un drama o en un thriller, suelta su parte del guión como si lo estuviera ensayando ante un espejo... Es simplemente impresentable. Quim, ésta es una crítica constructiva: tío, apúntate a clases de interpretación y luego ponte a hacer pelis. O cambia de escuela, si es que ya las das.

Por lo demás la historia está bastante bien y el final es impactante, definitivo y contundente. No entiendo a la gente que dice que es un final abierto; para mí está muy claro lo que pasa y lo que va a pasar después. Y mucho menos entiendo a los que claman por una posible secuela. Nooooooo, por favoooooor! La historia  tal y como está queda perfectamente cerrada y finiquitada. SECUELAS NO!!!!!!


sábado, 11 de agosto de 2012

Acusados, by Jonathan Kaplan

Pues mira tú por dónde este drama judicial de carácter eminentemente efectista y sonrojantemente artificioso me va a servir para hacer mi crítica número 600.

La cosa va de una tía bastante colgada y descerebrada que se mete en una de esas encerronas rebosantes de testosterona en las que alguna vez nos hemos visto envueltas casi todas las tías. La testosterona disparada, el alcohol y la bestialidad generalizada de la concurrencia hacen el resto y la cosa en este caso termina en violación colectiva con regocijo generalizado de los presentes. Lo dicho, una panda borrachos sin muchas luces y bastante recalentados, y ya tenemos el drama servido.

Que nadie tiene derecho a violar a nadie creo que a estas alturas está fuera de toda discusión para cualquier persona mínimamente civilizada; ahora bien, que.un proceso judicial tenga la menor posibilidad de desarrollarse de la forma que cuenta la película es casi tan probable como que una rana viole a un elefante.

Pero lo verdaderamente alucinante de esta película es el grado de efectismo judicial. En realidad si la justicia norteamericana se parece de verdad en algo a lo que nos muestran en el cine, sería muy similar a una corrida de toros.

Sale el fiscal o el defensor (el que le toque el papel de bueno, en este caso la fiscal) e interroga al testigo principal: un capotazo por aquí, un muletazo por allá, una manoletina,... Oleeeee! El testigo (el toro, vamos) se queda todo tembloroso de la emoción y hecho polvo en el estrado, y entonces el fiscal bueno da media vuelta, mira al jurado con descaro y suficiencia (al graderío, vamos) y se dirige muy tieso a su sitio. "No hay más preguntas, señoría". Oleeeeeeeeeeee!

Sale el otro abogado con el objetivo claro de desacreditar el testimonio del testigo-toro. Y con él llega la suerte de varas y las banderillas: un puntillazo por aquí, otro pinchazo por allá... El testigo cada vez más hecho mierda, el tembleque y las convulsiones adquieren tintes parkinsonianos, y cuando por fin entra a matar el testigo ya entra en modo delirio y termina confesando que usa gafas de 30 dioptrías o que iba borracho como una cuba o que padece conjuntivitis crónica desde los 6 años. El caso es que por fin queda desacreditado ante el jurado-graderío, mientras el acusador da la espalda al testigo-toro, levanta la cabeza orgulloso de su brillante actuación y brinda su faena con un guiño a su esposa, a su novia o a un primo lejano que está entre los espectadores. Ovación, orejas, rabo y vuelta al ruedo. Oleeeeee, oleeeeee y oleeeeeeee! Toreroooooo, torerooooo, torerooooo!

En realidad es un espectáculo para el lucimiento de los protagonistas (abogados y fiscales), puro teatro, una dramatización que es a la justicia lo que una escoba es a las últimas tecnologías. Es patético, es absurdo, es delirante... Cuesta creer que a los americanos los llamen para formar parte de un jurado y no salgan huyendo del país para pedir refugio en Sierra Leona.

La prota es Jodie Foster, que ya apuntaba maneras pero que aún no había llegado a desvariar y a darle al baile de San Vito en la medida en que lo hace últimamente en casi todos sus papeles. Le dieron un Oscar por su interpretación pero sinceramente yo no le hubiera dado ni un triste Goya.

viernes, 10 de agosto de 2012

La piel suave, by François Truffaut

Bueno, de verdad que no me puedo creer que alguien se pueda tomar medianamente en serio esta película. Yo creo que ni los Monty Python hubieran hecho una parodia mejor de lo que es el típico encoñe de toda la vida de dios.

Truffaut y la nouvelle vague es lo que tienen, que lo mismo te descuajaringan la mandíbula de aburrimiento que de un ataque de risa. Yo particularmente viendo esta peli reconozco sin rubor que me he descojonao toda. Y para los que critican mi subjetividad diré que no sólo me he partido el culo yo sino también la compaña. Vamos, que hemos echado unas saludables risas en pareja muy bien echadas.

Para empezar está la elección del protagonista; pa haberlo matao. Si no sabéis quién es podéis buscarle por el Google y lo comprobaréis. Jean Desailly tiene cara de todo menos de voraz e insaciable amante. De marido aburrido sí; de burócrata soporífero, también; de señor con el colesterol por las nubes, sin duda; de empleado del registro de la propiedad, podría ser. Pero... de amante????? Quién coño estaría tan desesperada en el mundo para echarse a ese señor de amante??? Cagada total.

Es una pena porque para contar las secuencias que más risa dan tendria que destripar toda la película, y mi legendaria maldad no llega a esos extremos. Sólo me referiré por encima a ellas y quien haya visto el  truffo-truño me entenderá perfectamente, y quien no, pues que lo vea, de verdad que merece la pena.

1. La conferencia del escritor en un cine de pueblo: humor negro 100%. El organizador friki, el ágape de las autoridades del lugar, la novia sola en el hotel, el friki que quiere una copa, la novia que le manda a por medias... Puro Chaplin.

2. La escena de la escopeta.  Y de ésta sí que no puedo contar nada, pero es la hostia de divertida. Hay una peli por ahí de Brian de Palma que se llama "Vestida para matar" y que fijo que se inspiró para el título en "La piel suave".  Esa gabardina divina de morirse, esa pedazo de escopeta, qué estilazo, qué glamour... Qué coño, que donde se ponga una buena escopeta de cañón largo asomando por los bajos de la gabardina que se quite la típica pistolita de mierda en el bolsito.

Y luego, aparte de la cuestión humorística, también tiene un puntito de intriga importante. Por ejemplo, te tiras toda la peli preguntándote en función de qué cosa el protagonista se pone y se quita las gafas de ver. Hay veces que aparece conduciendo con las gafas puestas y otras en las que va el tío a pelo, ahí, a lo que caiga, en plan suicida, sin que en ningún momento se sepa el criterio según el cual se las pone y se las quita.

El tema de las gafas es verdaderamente enigmático. En casa hemos debatido largo y tendido sobre las distintas posibilidades: Coquetería? No, porque el tío las lleva y no las lleva indistintamente con la señora, con la amante y con quien encarte. Lentillas? Imposible, durante la misma secuencia a veces va con gafas y otras sin ellas. Un vacile del director? Pos va a ser lo más probable.

Francamente, me extraña que en ninguna crítica que he leído nadie comente nada de esto.

A menudo los críticos se pierden en disquisiciones inútiles y tontorronas y olvidan los detalles importantes que más preocupan al espectador de a pie. Pero bueno, afortunadamente para llenar esos huecos de la crítica oficial aquí estoy yo, siempre a vuestra disposición.