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miércoles, 21 de enero de 2015

Le week-end, by Roger Michell

Siempre he dicho que lo de planear viajes románticos después de los cinco primeros años de relación es un error terrible que en ocasiones puede llegar a ser hasta trágico. Sí, hombre, eso que se ha dado en llamar “reavivar la llama del amor”, “vivir una segunda luna de miel” o “resucitar la pasión”, que no se sabe cuál de los tres términos es más patético.

Vamos, a ver, alma de cántaro, qué pasión y qué llama del amor quieres recuperar cuando, por ley de vida, eso está ya más que muerto y enterrado? Y encima algunos quieren volver a sentir lo mismo pero después de 20 o 30 años, que es el caso de los protagonistas de esta historia. Y se van nada más y nada menos que a París, como si París pudiera hacer milagros con los amores difuntos.

Roger Michell dirige una historia de éstas, de intento de revivir la pasión, pero con una inquietante particularidad. En esta pareja hay un miembro, él, que inexplicablemente sigue locamente enamorado de su mujer, mientras que es ella la que con el tiempo ha llegado a desarrollar hacia él un hastío insoportable que la lleva a maltratarlo, humillarlo y zaherirlo constantemente.

Jim Broadbent interpreta magníficamente a ese hombre al borde de la jubilación que está dispuesto a someterse a todos los deseos de su mujer, por excéntricos, caprichosos e insensatos que sean, con tal de no perderla. Resulta conmovedor y a la vez incomprensible ver a ese viejo adorar incondicionalmente a una mujer que le responde a ratos con un despotismo y una frialdad llenos de crueldad y a ratos con una ternura inexplicable, que no se sabe de dónde le sale.

Y es ahí donde creo yo que falla estrepitosamente esta película, en el personaje de ella, que interpreta con todas las tablas de que es capaz Lindsay Duncan. El problema es que su rol no está en absoluto definido, salvo desde la esquizofrenia o la bipolaridad. Por qué esta mujer lo mismo le dice en mitad de una cena a su marido que lo quiere dejar que a los dos minutos le plantea cambiar los azulejos del baño. Por qué juega a excitarlo sexualmente para luego rechazarlo sin piedad. En fin, está claro que se trata de una relación de dominio y sumisión en la que ella es la que lleva la voz cantante pero en ningún momento llegas a saber realmente cuáles son los verdaderos sentimientos de ella. Si lo quiere, si lo odia, si le aburre, si no lo soporta, si lo aguanta estoicamente, si no puede vivir sin él…

Y luego hay situaciones verdaderamente kafkianas, como el discurso del marido en la cena. O el súbito "simpa" en la marisquería. O la charla confidencial fumando canutos con el hijo adolescente de su colega. O la proposición indecente del tío más interesante de la fiesta, que entre todas las damas presentes elige a nuestra sesentona para tener un rollete. Que sí, que la mujer es elegante y guapa y está de buen ver, pero que no es Carmen Lomana, joder, que los sesenta años se le notan a la legua.

En fin, que lo que pudo haber sido una gran historia, entre situaciones rocambolescas y personajes poco definidos, se queda en mera intentona. Sí, cargada de buenas intenciones, pero… que no, que no cuela.

martes, 10 de junio de 2014

Venus, by Roger Michell

Que hacerse viejo es una putada no es ningún secreto para nadie, aunque Roger Michell nos lo pinte todavía más patético de lo que ya nos imaginábamos. Porque ya es bastante duro hacerse viejo como para encima hacerse viejo verde, que ya es lo peor. Ésta es la historia de un señor mayor con la próstata hecha ciscos que se dedica a babear por una joven merluza a la que, por arte de su imaginación desbocada, convierte en la mítica Venus.

En realidad lo que hace Michell es una revisión del affaire entre Don Quijote y Dulcinea del Toboso. Donde don Quijote veía a la bella Dulcinea del Toboso sólo existía en realidad una cazurra campesina llamada Aldonza Lorenzo. Del mismo modo nuestro vejete salidorro cree reconocer a la diosa Venus en la figura de una zafia y embrutecida choni adicta a la comida basura y medio borrachuza.

En fin, hacerse viejo y oler a viejo tiene que ser muy triste. Y más triste aún chochear pero intentar vivir como un zagal, ir por ahí ligando con jovencitas, yendo a discotecas empetadas de pollinos para invitar a las nenas y que te dejen oler su cuello o tocar una rodilla de refilón… Es casi una invitación a la eutanasia preventiva: antes de convertirse en algo así uno debería intentar poner fin a su vida cuando aún está a tiempo de hacerlo con dignidad.

Por supuesto es indiscutible que Peter O’Toole hace un gran papel. No sabemos si se está interpretando a sí mismo o se limita a seguir las indicaciones de Michell pero el caso es que se le ve a gusto y totalmente metido en el personaje. Además de ser triste la peli es más triste aún ver al hermoso doncel que fue O’Toole hecho un carcamal babosete. Definitivamente hacerse viejo es una vil putada.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Al límite de la verdad, by Roger Michell

Ben Affleck. El “mal actor-estupendo director” por antonomasia nos sorprende en esta película, en la que es actor pero no está nada pero que nada mal. Es uno de los dos protagonistas en lid; interpreta a un abogado de éxito que tiene un accidente cuando se dirige al tribunal y pierde unos papeles importantes. Su personaje va in crescendo en su rabia y su desesperación por recuperarlos, y al mismo tiempo su asco por el sucio mundo en el que se mueve. Su encontronazo con Jackson será un revulsivo que le obligará a replantearse toda su vida de principio a fin.

Samuel L. Jackson. Va en el coche que choca contra el de Affleck. Es un alcohólico en rehabilitación, un padre desesperado que lucha por no perder a sus hijos. Al igual que su contrincante va metiéndose en una espiral de violencia e ira que le llevan a perder totalmente el control de sus actos y sus decisiones. Corren de su cuenta algunos de los momentos más tensos del filme, como ése en el que entra en un bar, pide una copa de bourbon y se sienta a mirarla. Se la tomará?

Y junto a los dos protagonistas principales, unos secundarios de lujo, como Toni Collette, que interpreta a la amante y compañera de trabajo de Affleck, con quien comparte intensísimos planos y diálogos; o William Hurt, amigo y compañero de batallas alcohólicas de Samuel L. Jackson, con el que igualmente comparte planos y diálogos que no tienen nada que envidiar a los del equipo contrario.

Roger Michell, el famoso artífice de la alabadísima “Notting Hill”, debuta en el cine norteamericano con esta película, desde mi punto de vista notablemente infravalorada. Con un reparto lleno de nombres estelares (obviemos a Affleck, aunque ya digo que está sorprendentemente bien) y un guión denso y consistente en el que la tensión se mezcla con el drama a partes iguales, nos cuenta una historia de límites morales, de estrés vital, de decisiones erróneas en cadena y por último de redención que está muy bien escrita y mejor dirigida.

Si acaso falla algo es el final. No sé, creo que el desarrollo de la acción merecía otra cosa, algo un poco menos flowerpower. Pero bueno, se le puede perdonar porque es uno de esos finales que dejan una sonrisa bobalicona en la cara y oye, tampoco de vez en cuando hace daño algo de optimismo vital. Digo yo, vamos.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Morning Glory, by Roger Michell

Las expectativas en cine son importantes. Si de antemano esperas ver una mierda, es increíble, pero la mierda te parecerá mucho menos mierda. No es que deje de ser mierda, en absoluto, pero huele menos.

Harrison Ford no estará menos patético; ni Diane Keaton menos ridícula; ni Rachel McAdams merecerá un Oscar. Pero terminas viendo una absoluta gilipollez que, a ratos, para tu propio espanto, te divierte.

Y cuando te ries hasta te sientes un poco culpable porque no dejas de estar riéndote de una caca, joder, pero te ries.

Hay quien dice por ahí que esto es como juntar a Gabilondo y Ana Rosa Quintana en un mismo programa. Eso se llama Tele-5, me parece, no? Vamos, Matías Prats presenta un telediario con Sara Carbonero (ya sabéis, la novia de Casillas que anuncia champús) y aquí no ha pasado nada. O era Pedro Piqueras?

Bueno, da igual. Lo que nos muestra esta peli podría muy bien ser los entresijos de una cadena como Tele-5. Y sin embargo presiento que el espectador medio de Tele-5 no entendería ni papa de lo que le están contando. Tal vez eso es lo que hace que el engendrillo éste me parezca un poco menos mierda. O no, igual soy una espectadora potencial de Tele-5 camuflada de gafapastas. Quién sabe?

jueves, 17 de marzo de 2011

Notting Hill, by Roger Michell

Venga, voy a contar un chiste. Esto es una tetrapléjica a la que acaban de desahuciar de su casa por no pagar la hipoteca, un sintecho al que acaba de darle una paliza una panda de skinheads y la protagonista de 21 gramos justo después de perder a su marido e hijos en un accidente. Se están rifando un Brownie (que, para el que no lo sepa, es un pastelito de chocolate) al que sea más desgraciado. En esto que llega Julia Roberts y dice: "voy a probar a ver si me lo llevo yo". Y todos: "venga, tía, no jodas".

"Que sí, que sí, por lo menos dejadme probar"

"Bueeeeeeeno"

"Pues yo para estar así de buenorra llevo a dieta desde los 15 años"

Todos: qué horrorrrrrrrrrrrrrrrrrr.

"Y he tenido mala suerte con los hombres, sólo me quieren por mi cuerpo"

Todos: cielosssss.

"Y lo que es peor, para tener este cuerpazo me he tenido que someter a un montón de operaciones estéticas que me han salido por un ojo de la cara"

Todos: no sigas, por favor, no lo podemos soportarrrrrrrrrrrrrrrr.

"Y eso no es todo. Gano 15 millones por película pero no sé en qué gastarlos porque ya tengo de todo."

Todos a una: "Nooooooooooooooo, nos rendimos. El Brownie para ti"

No diréis que mi chiste no es pa mearse.

Bueno, pues esto, poco más o menos es la gracia que tiene Notting Hill.