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martes, 24 de junio de 2014

El abogado del diablo, by Sidney Lumet

Hay una escena en esta película que es el paradigma de la sarta de despropósitos que constituye el filme al completo. La cuento:

En un momento del juicio se presenta una prueba contra el acusado, una prueba que éste no esperaba. Pues bien, la juez da por terminada la sesión y todo el mundo sale de la sala menos el propio acusado, que se queda ahí sentado, solo y meditabundo; a continuación se levanta tranquilamente y se acerca a la prueba en cuestión, que por supuesto también se ha quedado en la habitación para que cualquiera, incluso él mismo, pueda analizarla, manipularla y hasta destruirla si le place; y como no hay nadie que se lo impida, coge el objeto con sus manitas; no con unas pinzas, ni con unos guantes ni nada... con sus propias manitas; lo contempla con detenimiento, y finalmente asiente, como diciendo: ajajá, cabroncete, ya sé cómo has llegado hasta aquí. Ole ahí "cadena de custodia".

No es, ni mucho menos, el único momento demencial de la peli pero tal vez sea el más absurdo de todos. A partir de ahí qué nos queda? Pues echar unas risas, admirar la gracia y el glamour con los que Rebecca De Mornay luce modelazos legal fashion a lo Ally McBeal y tomarnos el juicio con el cachondeo y la retranca que se merece.

Y el final no puede ser sino un enorrrme bostezo y un nostálgico recuerdo para el Sidney Lumet que un día encandiló al mundo antes de dedicarse a hacer parodias de su propio cine. Y mira que las historias de Lumet siempre han ido bien cargaditas de trampas, pero hombre, esto ya no es una simple fullería... esto es puro y duro cachondeo.

viernes, 18 de mayo de 2012

Declaradme culpable, by Sidney Lumet

Que la justicia es un cachondeo ya lo dijo en su día el inefable alcalde de Jerez, don Pedro Pacheco. Pero hasta qué punto puede llegar a serlo no lo sabía yo hasta que no he visto esta película de Sidney Lumet basada en hechos tan reales como aberrantes.

Tenemos el juicio más largo de la historia de los USA, una pila de mafiosos italianos cada uno con su abogado correspondiente, y luego aparte un payaso que decide defenderse a sí mismo, y que mira tú por dónde, con sus chistes y sus polladas cae en gracia al juez, al público y hasta al jurado. Vamos, tanto les cae en gracia que... no, el final mejor no lo cuento.

Pero qué puede esperarse de un juicio que dura casi dos años? Te imaginas ver todos los días durante más de 600 días a la misma gente? Pues claro, se le coge cariño; no es de extrañar que surjan noviazgos, bodas, amistades de por vida... Y encima con un showman vocacional de prota animando el cotarro. Pues eso, un circo.

La historia es un tostón. Igual de pesada e interminable que fue en la realidad. Demasiados acusados, demasiados abogados, demasiadas defensas, demasiados tíos como para seguir quién es quién y de qué se le acusa.

Nada que ver con otras aventuras judiciales de Lumet, que siempre ha sido un tipo serio para estas cosas y no me explico en qué momento se le ocurrió la peregrina idea de llevar al cine la gilipollesca historia de este tiparraco chistosillo y montoyita. Y lo peor, sin pizca de crítica a un sistema judicial que permite semejantes pantomimas.

Es tan descarada la manipulación del tipo, los intentos burdos de conmover al jurado, mostrando fotos de la infancia, provocando la lágrima fácil, etc..., que una no puede entender que eso pueda funcionar con nadie. Imposible, la gente no puede ser tan tonta. Un mafioso, asesino, ladrón y traficante de drogas no puede caer en gracia a todo el sistema judicial porque cuente unos cuantos chascarrillos. Porfavoooooor!

Alguna gente destaca la actuación del protagonista principal, Vin Diesel. Por lo visto este pollo es un habitual del cine de acción y nadie se esperaba estos alardes interpretativos. Yo, como no veo pelis de acción, no lo conocía de antes y por tanto su trabajo no me sorprende ni me parece nada del otro mundo. No hace mal de payasete pero tampoco es algo inolvidable. Muy normalito, vamos.

Lo que sí se ve es la mano de Lumet, porque aunque la historia sea un puto coñazo este tío sabe hacer las cosas y se le nota eso que se llama oficio. Consigue un ritmo narrativo dinámico, lo suficiente como para mantener la atención del espectador y, a pesar del rollo morollo, no dejarlo caer en el sopor que tanto macrolío podría provocar.

Mientras veía la película pensaba en nuestra propia realidad judicial. Alguien se imagina que en un caso largo y espeso con multitud de acusados, como la Operación Malaya, ocurriera algo así? No sé, que al principal acusado, Juan Antonio Roca, le diera por defenderse él solo y por ponerse a hacer el indio en la sala para regocijo y entusiasmo de todo el mundo. Os lo imagináis?

Pues sí, llevaba razón Pacheco en lo de que la justicia es un cachondeo, pero si llega a ver cómo fue esta patochada de macrojuicio yanqui... creo que le hubiera dado un patatús. De verdad, la justicia española comparada con la norteamericana, es un dechado de seriedad y virtud.

jueves, 29 de septiembre de 2011

La colina (The hill), by Sidney Lumet

Subir y bajar una montañita de arena a 45 grados es el castigo para los muchachos que hayan sido malos. Esto es la II Guerra Mundial y estamos en África, en un campamento de prisioneros británicos.

Sí, parece duro lo de la montañita (the hill, que la llaman ellos), y lo es. Una sufre muchísimo viendo a los chavales subir y bajar con tantísimo calor. Y colaría perfectamente si no fuera porque luego te enteras de que en el campo de prisioneros tienen unas ordenanzas por las cuales ninguno de ellos puede morir ni resultar herido y que pueden presentar cuando se les antoje una hoja de reclamaciones protestando por el trato, y le cae un puro al jefe que se caga.

Veamos. Estamos en mitad de una guerra mundial, en un campo de prisioneros, y resulta que tienen más garantías que cualquier preso en una cárcel española???? Esto cómo se come?

Si tienes la menor lesión le buscas un follón al director de la cárcel; si se subleva el personal no puedes ni tocarle; si a un preso se le va la pinza y se cuela en el despacho del jefe en paños menores sólo puedes reñirle y decirle que se está portando muy mal.

Entonces... así es la guerra? Y por esa gilipollez nos acojonamos tanto? Pero hombre, si hasta en el patio de un colegio hay más peligro.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Serpico, by Sidney Lumet

Uno contra todos y todos contra uno. Serpico es uno y trino, como la santísima trinidad. Es uno porque es el único policía no corrupto de Nueva York, y es trino porque tiene que multiplicarse por tres para luchar: contra los muchísimos delincuentes que pueblan la ciudad que nunca duerme, contra sus propios compis polis y contra la petarda de su novia, que estando el hombre implicado en tantísimo jaleo, lo único que quiere es casarse y tener hijos. Un estrés total.

Serpico también pasa por tres momentos estéticos diferentes: el primero imberbe y repeinadito, la fase "polinovato"; el segundo con bigote y patillas, la fase "veocosasquenomegustan"; y por último, barba, bigote, melenón (por cierto fantástico, qué envidia de pelazo), y una extraña chepa que le va saliendo por segundos, la fase "jipidesengañaodelavida". Estos tres estilismos marcan los tres tiempos de la película: veni, vidi, vici.

Serpico es una historia chula, de polis buenos y polis malos (bueno, un poli bueno contra cienes y cienes de polis malos) pero tal vez algo manipuladilla. Nada, un poquillo, pero se hace notar. No sé, pero a esta servidora le cuesta creer que tooooda la policía de Nueva York allá por los 70 fuera pura carroña, exceptuando a ese carismático y trendingtópico personaje que es Serpico. Que soy una descreída? Pos fale. Pero vamos, que tampoco creo en la infalibilidad del papa y no pasa nada.

sábado, 7 de mayo de 2011

12 hombres sin piedad, by Sidney Lumet

Hace muchos años, cuando era pequeña, vi por primera vez esta inquietante historia en la magnífica versión teatral que Gustavo Pérez Puig hizo para TVE. Inolvidables Pepe Bódalo, José María Rodero, Ismael Merlo, Luis Prendes, Fernando Delgado, Jesús Puente... Todos. Qué grandes, qué monstruos. Naturalmente la trama me atrapó y me impresionó vivamente y aunque luego vi esta versión cinematográfica varias veces y también otras en teatro nunca ninguna me ha impactado tanto. Bien es verdad que la primera vez que vemos algo por fuerza tiene que impresionar más vivamente.

Sin embargo ayer volví a ver esta película en TCM clásico y la encontré bastante pueril y manipuladora. El personaje del "bueno", ese razonable, educadísimo, amable y elegante Henry Fonda (no es casualidad que sea el único que viste de blanco) es un verdadero manipulador, con perdón. Obviamente, además de sus muchas virtudes,  es mucho más inteligente que los demás. No, mucho más no; en realidad es el único inteligente y todos los otros son bastante tontorrones, si se me permite. Bueno, tontorrones algunos, malencarados otros, sebosos y sudorosos la mayoría, físicamente repulsivos bastantes,  gritones y lerdos, y por supuesto están equivocados.

Con este punto de partida desde el principio se puede adivinar sin problemas qué es lo que va a pasar. Además el espectador empatiza inmediatamente con el bueno del traje blanco (ay, Lumet, qué traviesillo) y decide que en lo que sea que le vayan a contar va con él. Normal, es el único que parece listo, guapetón y simpático. El resto cuando no tiene cara de lerdo la tiene de matón o de ogro. Y así vamos poco a poco viendo cómo el listo, guapo y bueno se va llevando al huerto uno por uno a todos los demás.

Con todo, la película gusta. La cámara dando vueltas por la sala, los primeros planos del bueno y de los tontos y los malos, el ambiente asfixiante, el calor que puede palparse y casi olerse, los actores, todos, fantásticos... Sigue siendo una película de notable, pero es tramposa, muy tramposa. Y Lumet usa elementos muy pueriles y obvios para meternos el caramelito de la presunción de inocencia en la boca. Y conste que creo fervientemente en la presunción de inocencia, pero este intento burdo de hacérmela tragar casi consigue hacer que deje de creer en ella.

De todas formas, la película es puro teatro, y aunque sólo fuera por ver a ese Fonda enorrrme, inmennnso, tremendo... merecería la pena. Creo que un siete le hace justicia.

jueves, 17 de marzo de 2011

Veredicto final, by Sidney Lumet

Ayyyyy, suavemente me mata a mí este hombre. Paul, qué ojos, qué cara, qué estilo, qué presencia, qué todo Él. Tal vez mi devoción por esta película tenga mucho que ver con mi loca pasión por Él; no, tal vez no, es que tiene mucho que ver. Reconozco que cuando este hombre está por medio no puedo ser imparcial, me pasa como a los tíos, que toda la sangre se me va para el mismo sitio y es ese sitio el que me dicta las críticas.

Porque en realidad mi opinión sobre la peli es que se basa en un guión tramposo tramposo,  la madre de todas las trampas. La historia hace aguas por muchos lados, pero la salva Él. Porque toda la película es Él y la pantalla la llena todo el tiempo Él.

Bueno, creo que también hay muy buenos secundarios. Está por ejemplo James Mason, que hace un gran papel como abogado corrupto, está Charlotte Rampling haciendo de una bastante convincente femme fatale (bastante hijadeputa, por cierto)... Sí, en la peli sale otra gente, pero yo, sinceramente, lo siento, sólo le veo a Él.

Y suave, muy suavemente va rasgando mi dolor con sus dedos y cantando mi vida con sus palabras y matándome con su canción.

Strumming my pain with his fingers,
Singing my life with his words,
Killing me softly with his song,
Killing me softly with his song,
Telling my whole life with his words,
Killing me softly with his song.

Tarde de perros, by Sidney Lumet

Imagina una película hecha a medias entre Almodóvar y Tarantino. Molaría, eh? Bueno, pues eso es "Tarde de perros". Una historia desquiciada que mezcla la tensión extrema de "Reservoir dogs" con la locura, el surrealismo y la aceleración de, por ejemplo, "Mujeres al borde de un ataque de nervios". Y el resultado es éste. Un thriller-comedia, un drama cómico, una parodia del género de atracos... no se sabe muy bien qué es, pero lo que sea gusta.

Échale también al cocktail una mijilla de "La estanquera de Vallecas" y un pedazo de actor que guste de la sobreactuación en un papel ideado justo para el histrión más exagerado, y ahí tienes a Al Pacino robando bancos y robando corazones; los corazones de sus rehenes, de los medios, de la mismísima policía que lo quiere detener y del espectador. Ahí lo tienes gritando "Attica, Attica" y llevándose de calle a las masas enloquecidas.

Luego te enteras de que está basada en un hecho real y dices: "imposible, es un guión desquiciado, inverosímil total, esto no puede ser real". Pero por lo visto, con sus más y sus menos, sí que lo fue. Es decir, esos personajes imposibles existieron: el atracador mediático, el compañero de fatigas (fantástico John Cazale, gran hallazgo), la primera mujer del atracador, la segunda "mujer", la madre, el poli negociador, el director del banco, las empleadas... Y todos y cada uno de ellos son personajes típicos almodovarianos sometidos a presiones tarantinianas. Y tú dirás: ¿y eso se come? Pues sí, se come. Y encima te lo pasas bomba.