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lunes, 4 de marzo de 2019

El reino, by Rodrigo Sorogoyen


A ver, os cuento más o menos lo que yo he visto:

- Antonio de la Torre corre a comer marisco con sus amigos corruptos.

- Antonio de la Torre corre a la sede del partido para hablar con sus amigos corruptos.

- Antonio de la Torre corre al club naútico para navegar con sus amigos corruptos.

- Antonio de la Torre corre a su casa cuando le traicionan sus amigos corrruptos.

- Antonio de la Torre corre a buscar pruebas contra sus amigos corruptos.

- Antonio de la Torre corre a amenazar a sus amigos corruptos.

- Antonio de la Torre corre al juzgado a declarar sobre sus amigos corruptos.

- Antonio de la Torre corre y corre y corre tras sus amigos corruptos.

- Antonio de la Torre corre y Rodrigo Sorogoyen corre detrás de él y de sus amigos corruptos.

Estoy segura de que debe de ser una película muy interesante, si te enteras de algo, claro.

Yo confieso que no me he enterado de nada, sólo de que Antonio de la Torre corre todo el tiempo, que todos sus amigos tienen una cara de mafiosos que te cagas, que pelan muy bien los langostinos, que Sorogoyen es aficionado al bakalao y que Bárbara Lennie sale muy guapa en los primeros planos.

Tengo la vaga sensación de que Sorogoyen intenta hacer una peli de denuncia de la corrupción pepera aunque lo que le sale parece más bien un videoclip con un montón de tipos malencarados, una música infernal y un cámara con Parkinson o con sindrome de abstinencia alcohólica. That's all, folks.

martes, 19 de mayo de 2015

Magical Girl, by Carlos Vermut

No se puede negar que “Magical girl” es una película inquietante, que atrapa, perturbadora, casi hipnótica. Reconozco que me pasé buena parte del metraje sin apartar la vista de la pantalla y aguantándome las ganas de ir al baño porque no quería perder detalle.

Sin embargo, al igual que no tengo reparo en admitir esto, he de decir que el regusto final es el de una obra incompleta. Es como si Carlos Vermut no tuviera el menor interés en resolver los enigmas que ha ido planteando, o lo que es peor, como si no hubiera sabido cómo resolverlos. El caso es que cosas fundamentales de la historia quedan al final sin explicar; es más, es que prácticamente se obvian, y sin embargo, la impresión es que eran fundamentales para entender qué es lo que ha estado pasando.

Por ejemplo, alguien se ha enterado de qué es lo que pasó entre Damián y Bárbara para que él tenga esa obsesión por ella y para que haga todo lo que hace? Porque mucho me temo que ésa es la clave de toda la película pero todavía no he visto en ninguna crítica a nadie que sepa explicar qué pasa ahí. Cómo se puede dejar la clave de un misterio así en el aire. Y cómo se puede premiar a un director que hace justamente eso.

No, Vermut, eso no está bonito. Tú no puedes tener a un montón de espectadores fascinados con la historia que les estás contando para dejarlos al final con esa sensación de tomadura de pelo que, por desgracia, es tan frecuente en el cine actual. Las películas no pueden quedar con cabos sueltos; todas las pistas que se han ido dando en el guión tienen que tener un sentido porque si no sencillamente sobran, y en tu película, Vermut, sobran muchos de esos cabos que al final dejas sin atar, a la buena de Dios.

Por eso, sin dejar de reconocer que tu historia es original y que aporta frescura al panorama cinematográfico patrio, y sin dejar de restar mérito a tus actores (maravillosa y fascinante Bárbara Lennie, conmovedor el viejo Sacristán), no tengo más remedio que decirte, querido Vermut, que tu “Magical girl” al final se queda en una simple, monda y lironda “Magical shit” como la copa un pino. Y que yo, más que darte la Concha de Oro, después de ver el final y quedarme con la boca bien abierta y la mandíbula patéticamente colgante, te habría soltado un contundente y enérgico “¡¡¡¡¡La concha tu madre!!!!!”.

miércoles, 8 de abril de 2015

El Niño, by Daniel Monzón

Como ya pudo verse claramente en “Celda 211”, Daniel Monzón es un gran aficionado al cine americano y está firmemente dispuesto a hacer cine americano aquí en España. Bueno, me parece bien, eso tiene su público y además es mucho. Hay gente que sólo ve ese tipo de cine y está bien que la industria española haga productos que satisfagan a ese tipo de público. Pero las cosas como son, es lo que es, una mera imitación de un cine ya conocido cuyas pautas son sencillas y simples.

Por ejemplo, a mi hijo de 16 años la peli le encantó. “Mamá, a ésta le vas a poner un diez, no?”, me preguntó. Pues no, no le voy a poner un 10; le voy a poner un 1 mondo y lirondo, que es exactamente lo que le pondría si la firmara un señor con nombre anglosajón nacido en Nebraska. Como puntuaría a cualquier otra película que se basara en mucha acción, mucha persecución y mucho ruido.

Que quede claro que pienso que el cine comercial está bien, que crea industria y afianza público y que no tengo nada contra él. Y tampoco discuto a los que me digan que lo comercial no está reñido con la calidad. Estoy totalmente de acuerdo, pero no es éste el caso. Ésta es una película mala pero comercial, y lo tengo que decir. Como en su día lo fue “Celda 211” y como parece que ha decidido Monzón que quiere que sea su cine.

Lo que pasa es que aquí estamos tan poco acostumbrados a hacer películas que funcionen en taquilla que en cuanto aparece una nos inflamos a alabarla y a echarle flores como si fuera lo más de lo más. Es lo que ocurrió con la susodicha “Celda 211” y lo que ahora ha ocurrido con “Ocho apellidos vascos” o con “El Niño”. Es un tipo de cine que está hecho para un determinado público no demasiado exigente que lo que busca es entretenimiento puro y duro sin plantearse nada más y que considera que calidad es que en una persecución haya muchos coches, muchos derrapes y muchas vueltas de campana con profusión de fuegos artificiales y espectáculo.

Como no pertenezco a ese tipo de público a mí ésta no me parece una buena película, aunque reconozco el esfuerzo de Monzón por hacer algo digno. Por ejemplo, ha conseguido reunir a un reparto muy atractivo: Luis Tosar magnífico, como siempre, a ese tío le des el papel que le des te hace un trabajazo; Bárbara Lennie y Eduard Fernández también cumplen bastante bien, a pesar del personaje inane y tontorrón que le ha tocado a ella; por el contrario Sergi López en su acostumbrada tónica átona, valga la paradoja, que no sé qué clase de cosa le corre a ese hombre por las venas, pero desde luego sangre no es.

Bueno, y por último tenemos la guinda del pastel, el gran hallazgo: el niño guapo, Jesús Castro, ese pedazo de macho rompebragas que cuando está callado y se limita a mirar con esos ojazos que sus papis le han regalado es una especie de Paul Newman en ciernes, capaz de hacer bizquear a cualquier hembra heterosexual o varón homo que se le ponga a tiro, pero que en cuanto abre la boca podría hacer llorar ríos de lágrimas en la misma proporción que antes hizo babear.

En definitiva, cine que vende, que gusta a las masas, que entretiene y que hace industria y da trabajo a la gente, pero cine completamente insustancial y fácilmente olvidable.