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viernes, 29 de noviembre de 2013

La letra escarlata, by Roland Joffé

Película dirigida por el alabadísimo Roland Joffé (“La Misión”) cuyo principal atractivo, lo digo desde ya sin disimulos, es la aparición estelar, como su madre lo trajo al mundo pero un poco más crecidito, del bello y gallardo Gary Oldman.

La cosa va de amoríos clericales. Os cuento: una señora se va a vivir a un pueblecito de la América profunda y un buen día, paseando por el bosque, ve en un lago solazándose en sus cristalinas aguas a un hermoso doncel en pelota picada. La moza, como es natural, se queda muy favorablemente impresionada, y cuando descubre que el bello caballero del lago no es otro que el reverendo de la comunidad, pues ya no hay nada que hacer, se ha quedado kao.

Y yo la entiendo, que conste. Una va por ahí tan tranquila, sin saber que a la vuelta de la esquina puede esperarla una inquietante visión varonil que cambia su vida para siempre, y claro, no estamos preparadas psicológicamente, no tenemos defensa para esas cosas. En definitiva, que la señora y el clérigo sucumben a la pasión y echan un polvo muy bonito entre tenues luces titilantes, se comen los morros, se agarran de sus respectivas melenas y es de suponer que disfrutan de sendos orgasmos con toda probabilidad simultáneos, a juzgar por el cuelgue descomunal que se pillan.

Total, que la mujer esta se pierde por completo, y como perdida que es, las autoridades del pueblo la castigan obligándola a ponerse una letra colorada (concretamente una A) en la pechera de su vestido, que también es coñazo tener que estar con la A para arriba y para abajo poniéndola en todos los vestidos. Bien le podían haber dado unas cuantas para que se las cosiera en cada prenda para no tener que andar en plan quita y pon todo el día. Menos mal que tampoco tiene la mujer demasiada variedad en su vestuario y con un par de blusitas está apañada.

El castigo de la A sobre el pecho por lo visto es la hossstia. Lo que son las cosas, hoy en día todo el mundo lleva sudaderas con letras y el castigo justamente es no tener letrita que llevarse al pecho. A mí personalmente me parece mucho peor el otro castigo que le ponen, que es un tamborilero que la sigue a todas partes tocando una espantosa melodía tamboril. Eso sí es una putada y lo demás es tontería.

En fin, una de esas historias coñazo que sólo están justificadas en función del polvo cenital y de la indiscutible belleza de los protagonistas. La conclusión es clara. Una mira a Rouco Varela y se lo imagina en pelotas nadando en un lago y es inevitable una reflexión: madre mía, cómo ha degenerado el clero. Qué pena.

sábado, 17 de noviembre de 2012

La misión (The mission), by Roland Joffé

Ésta es la típica película que ves con 20 años y te parece la hossstia y que un día la pasan por la tele y dices: "Soportará esto mi pasión por la demolición cinematográfica?"

Y lo dices con el escepticismo propio del que sabe que muy pocas pelis de tu vida han logrado mantenerse en su nivel al confrontarlas con el paso del tiempo, con el tuyo y con el de ellas. Pero en fin, hagamos la prueba del algodón. Veamos si  "La misión" aguanta como una campeona y si Roland Joffé se libra de la quema.

Pues bien, la veo y entiendo lo que me fascinó de ella. No se puede discutir que el paisaje es majestuoso, que la fuerza de la naturaleza está retratada de forma impactante, que la fotografía es una maravilla, que la banda sonora es el contrapunto sonoro perfecto a tanta solemnidad visual...  Comprendo que tuve que quedarme con la boca abierta por fuerza.

También sé que tanto De Niro como Irons interpretan dos de los personajes más emblemáticos, carismáticos y recordados de sus carreras. Entonces qué? Pues que sí, que impacta, que abruma, que como documental quedaría precioso, peeeeero... que no me interesa nada de lo que me están contando. No hay alma, no hay vida; sólo estética pura y dura.

Veredicto:

Misión cumplida: la perfección formal.

Misión imposible: que con esa belleza aterrradora, inmensa y brutal la historia importe un pimiento