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martes, 15 de diciembre de 2015

La noche es nuestra, by James Gray

Hacía tiempo que no me reía yo tanto con una de polis, yo creo que desde la última de  “Loca Academia de Policía”. La diferencia es que aquella era una comedia y todo estaba planteado para descojonarse, y esta va supuestamente en serio, aunque es bastante difícil no tomarse a coña la serie de despropósitos que se suceden en la película.

Estamos ante un curioso caso de policía que está prácticamente retirado pero que decide tomar las riendas de un caso cuando a uno de sus hijos una panda de narcos mafiosotes le pegan un tiro y lo dejan casi grogui. Entonces, lejos de alejar a papá poli de la investigación por su obvia implicación personal, los jefes gordos deciden que el asunto lo lleve él, que para eso le han tocado las pelotas. Vamos a dejarle al hombre que se vengue a gusto!

Pero ahora resulta que el otro hijo, que nos había salido un poco díscolo y que se llevaba como el culo con papi y con el hermano, ahora decide implicarse también personalmente para vengar al susodicho. Y pide algo así como una incorporación temporal al cuerpo, mientras dure el caso este. Total, que le dicen que sí, que claro. Por lo visto debe de ser de lo más normal en los USA eso de que si le pegan un tiro a alguien de tu familia te dejen meterte a poli para resolver el caso.

Eso sí, le dejan clarinete al muchacho que si luego quiere seguir siendo policía tendrá que pasar por la Academia como todo hijo de vecino. No se vaya a creer que el chollo le va a durar ya para siempre por to el morro. A todo esto, la novia que se mosquea porque dice que lo de ser poli lo ve muy peligroso; al parecer, le gustaba más la tranquila y relajada vida anterior que llevaba su maromo, todo el día relacionándose con mafiosos rusos con unas pintas que acojonarían de pavor a una manada de tigres de Bengala.

En fin, desbarre va desbarre viene, así van transcurriendo los interminables 120 minutos de metraje entre típicas escenas de rigor de las pelis de acción: persecuciones, tiros, navajazos, alguna garganta cercenada, proclamas patrióticas a las heroicas fuerzas del orden y unas cuantas defunciones más o menos violentas. Entre tanto algunas escenillas de besitos y tocamientos con la novia en cuestión antes de que la muchacha entre definitivamente en modo pánico. Y poco más que recordar.

Lo único bueno es el elenco que ha conseguido juntar, no sé como, James Gray, el director del invento. No es fácil ver en una misma cinta a gente como Joaquin Phoenix (Ay, Joaquinito, en qué estabas pensando, hijo?), Mark Wahlberg y Robert Duvall. En honor a ellos tengo que decir que hacen lo que pueden, aunque infructuosamente, para salvar una historia que patina y chirría de principio a fin y que más bien parece la tropegésima secuela de “Loca Academia de Policía” que una auténtica peli de acción.

viernes, 20 de mayo de 2011

Two lovers, by James Gray

Cómo quieres que te quiera si quien quiero que me quiera no me quiere como quiero que me quiera?

Bueno, pues este tradicional juego de palabras típical spanish resume perfectamente el argumento de esta película, definitivamente sobrevaloradísima, que supuso un tremendo chasco para mí. Había leído unas críticas tan buenas que me imaginaba toda sobrecogida en mi sofá, lagrimón va lagrimón viene, con un nudo en la garganta y luego deshaciéndome en halagos y recomendándosela a toda España con pasión. Y una ful del Estambul!

Historia de amor apasionante? Triángulo amoroso? Difíciles decisiones? Dónde hay algo de eso? Mi hijo de 12 años la vio conmigo y el tío se descojonaba. Ni siquiera lo mandé a la cama porque pensé que como los niños y los borrachos son los únicos que dicen la verdad mi crítica de hoy la iba a hacer él. Y fue demoledor: "qué tío más tonto, menudo pagafantas, pero si la tía pasa de él. Qué pringao. Planchazo que se va a pegar!"

Hasta ahí la opinión de mi polluelo. Y ahora viene la mía: historia pueril donde las haya, previsible a más no poder. Y descaradamente simplona: un tipo se cuelga por completo de una tía que no tiene más interés en él que el que le sirva de acompañante y entretenimiento en los intervalos en que no está su novio. El guión parece sacado del "Manual de uso de un capullo".  Y claro, el consiguiente planchazo que hasta un niño de 12 años podía prever desde el principio.

Unos diálogos increíbles de críos de 15 años, impensables en personas adultas y con cierto bagaje vital:

"Me has caído muy bien. Pásame tu móvil para mandarnos mensajitos"

"Vente a cenar esta noche con mi novio y conmigo y así lo conoces y me dices qué te parece".

"Bueno, qué te ha parecido? Crees que dejará a su señora para venirse conmigo?"

Por el amor de diosssss! Creer en el grado de imbecilidad que muestra el personaje de Phoenix requiere un acto de fe tan inconmesurable que en mi cabeza no cabe. Paltrow lleva a cabo una seducción tan de manual que cuesta trabajo imaginar que caiga en ella ni un chiquillo; no digo ya un tipo de 30 años que además acaba de salir de otra relación seria y al que se le presupone que no se ha caído de un guindo. El hecho de que sufra un trastorno bipolar y se esté medicando con psicofármacos no implica que tenga que ser imbécil.

Y luego la historia paralela (lela total, por cierto) con los padres y la novia. Unos padres jugando a casamenteros con su hijo treintañero, y el niño encantado de la vida entrando al trapo; una novia completamente en babia y más simple que el mecanismo de un chupete... La virrrgen!

Y hay gente que piensa que ésta es una historia apasionante? Dónde me he perdido?