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miércoles, 9 de enero de 2013

El viaje a ninguna parte, by Fernando Fernán-Gómez

Apuesto a que a más de uno le ha pasado como a mí, que creía que ya había visto “El viaje a ninguna parte” y luego resulta que no. Lees la sinopsis y ves un par de imágenes y te dices: “Ésta de cómicos ambulantes la he visto”.

Y sí, es cierto que el cine español abunda tanto en miserias de la posguerra como en historias de cómicos mataos de hambre, pero ahora, que ya he visto yo “El viaje…” os puedo decir y os digo que ésta es LA PELÍCULA.

Y aunque el reparto es impresionante y el peso principal lo llevan un estupendo (como siempre) Pepe Sacristán y el propio director y guionista Fernán Gómez, y los dos lo hacen como lo que son, auténticos monstruos de la escena…, para mí el más grande, el más inmenso, el que se los come a todos y el que en sus escenas y sus diálogos y monólogos se traga la pantalla es… Juan Diego. Qué tío, qué saber estar, qué saber hacer, qué polimorfismo, qué talentazo, qué fiera, macho!

Qué pedazo de actores tenemos en este país, hossstia! Qué grandes María Luisa Ponte, Agustín González… en fin, todos!!!!!

Y qué momentazos tiene esta película! Sólo por señalar algunos:

- “Esto del cine es una mierda, no tiene nada que ver con el teatro”. Dicen que todos los actores lloraron al rodar esa escena. Y me lo creo.

- Una palabra maravillosa del español de toda la vida que hacía años que no oía: ZANGOLOTINO. Qué feliz hallazgo, don Fernando!!!!

- Una frase: Esta noche representaremos “Los claveles de Vicentita” sin Vicentita.

- Las parrafadas de Juan Diego en honor de Talía, la musa de la comedia.

- El momento en que Juan Diego revela la verdad sobre su vida a Pepe Sacristán en su librería de viejo. Escena inolvidable de una película inolvidable.

Si acaso le encuentro un defectillo: los diálogos entre Sacristán y el psicoanalista se hacen un poco pesados. Creo que sin ellos la película hubiera sido redonda

sábado, 8 de diciembre de 2012

Noviembre, by Achero Mañas


Casi todas las críticas que he leído sobre esta película pueden clasificar perfectamente a sus autores en dos tipos muy definidos: fachas y progres. A los fachas les repugna mayormente y a los progres suele gustarles, con contadas excepciones. Una crítica lo resume tal que así:

"Te gustará si te gustan Manu Chao, la artesanía, el 0'7, Maruja Torres, el trueque, los mercadillos medievales, Los Muertos de Cristo. No te gustará si te gustan Slaver, la ropa planchada, el cine de Peckinpah, comer caliente, la canción española, Telemadrid, cotizar a la Seguridad Social."

Qué putada, tú. A mí me gustan Manu Chao y el 0'7 y la artesanía y el trueque y Maruja Torres... pero también me gusta comer caliente y cotizar a la Seguridad Social. Ahora de qué lado me pongo?

Pues es difícil, porque a la parte de mí que le gusta Manu Chao y Maruja Torres la historia le mola, pero a la parte de mí que le flipa comer caliente le parece una majadería como una casa. Y eso que Achero Mañas, en serio, me parece un tipo comprometido y formal que pretende hacer algo honesto; y todos los actores que participan en la peli (pedazo de reparto), desde los más jóvenes, como Óscar Jaenada, a los viejos (magníficos todos pero yo me quedo con mi Juan Diego de mi alma), también se lo creen y se nota que están ahí por eso. No sé qué cobrarían pero me apuesto la cabeza a que fue una mierda.

Pero sabéis qué pasa? Que la parte mía a la que le gusta comer caliente y que cotiza a la Seguridad Social piensa en unos capullos que, con la supuesta pretensión de provocar y crear conciencia social, me pillan en un vagón de tren a las 9 de la noche, invaden mi agotado espacio vital sin yo haberlos invitado y me obligan a escuchar sus ruidosos panfletos y sus chorradas, y me entran ganas de matarlos, previa tortura.

Y esa misma parte mía se sube por las paredes al imaginar que consigo ahorrar para comprarme una entrada de ópera en el Teatro Real y unos revolucionarios de pacotilla detractores del arte oficial abortan la función para regalarme una de sus "performances" de mierrrrda.

Y me entra un cabreo que te cagas y pienso: "Ni Maruja Torres ni la artesanía ni el trueque ni los putos mercadillos medievales. Donde se ponga un buen cocido con su pringá que se quite Manu Chao, qué coño"

sábado, 19 de marzo de 2011

Que se mueran los feos, by Nacho G. Velilla

Veamos. Ésta es la bonita historia de un chaval muy feo que se enamora de su cuñada, igualmente fea, y de cómo consigue que ella olvide su fealdad (la de ambos) y se enamore locamente de él. Hasta ahí cuela.

El problema es que fallan muchas cosas. Lo primero los protagonistas: ¿Javier Cámara y Carmen Machi haciendo de feos? Por favor, por favor, Velilla, a ver si hacemos mejor los castings. ;)

Luego falla el concepto de feo en sí mismo. En la película se confunden peligrosamente dos conceptos: fealdad y calvicie indigna. El personaje de Cámara no es ya que sea feo,  es que representa a ese tipo de calvos que se dejan crecer los pelos de un lado de la cabeza para darles la vuelta alrededor del cuero cabelludo (descabellado en este caso) para aparentar que tienen tremendo melenón. Con ese look no hay guapos, es científicamente imposible concebir la belleza en ese contexto capilar. Por lo tanto es más un problema de calvicie mal llevada que de fealdad propiamente dicha. Sin que con esto yo quiera insinuar ni mucho menos que Javier Cámara sea guapo. Dios me libre.

Y luego falla otra cosa; que esto no es un capítulo de Aída. Y éste es el fallo principal de esta película. Porque no está el Luisma, ni Paz, ni Fidel, ni Mauricio, ni la Lore, ni la Macu... Y es que si te pones a hacer cine, pues te pones, pero si te pones a hacer un capítulo de Aída, por lo menos tráete a los personajes, hombre.

Y lo peor de todo es que no sé qué hace Juan Diego metido en esto. No te hace falta, Juan, tienes mucho trabajo. Por qué lo haces? Necesitas dinero? Pues pídelo, hombre, pídelo. Y hacemos una colecta.

jueves, 17 de marzo de 2011

El séptimo día, by Carlos Saura

Creo que es una aproximación bastante acertada a lo que es la España profunda a través de los famosos crímenes de Puerto Hurraco. Realmente el rencor ancestral entre familias es algo que quizás a los habitantes de las ciudades nos resulte extraño y completamente ajeno, pero seguro que quien haya nacido en un pueblo pequeño, una aldea de este tipo, puede reconocer. Problemas con las lindes de la tierra, con una vaca que es mía, con uno de tus hijos que se ha metido en mi terreno... Bueno, de vez en cuando los medios nos sacuden con alguna historia de éstas y nos quedamos un poco a cuadros ante la posibilidad de que todo esto sea real.

A mí la película me ha gustado, creo que está bien hecha, que refleja fielmente el suceso y toda su gestación, que por lo que he leído, se parece bastante a lo que nos cuenta Saura, y el reparto me parece inmejorable, sobre todo Juan Diego y José Luis Gómez, que están estupendos. No me ha gustado en cambio el planteamiento a través de la niña narradora, con su insulsa historia de amor paralela. Creo sinceramente que sobraba y que contribuye muy poco a profundizar en el tema ni a entender mejor la trama. Sí, la niña es muy mona, he podido comprobar que entre los señores opinantes hay algunos en los que ha causado estragos y despertado ardientes pasiones, pero... en la peli no pinta nada. Se podía haber evitado perfectamente caer en el sentimentalismo fácil de una adolescente que poco tiene que decir sobre los entresijos de ese rencor ancestral que es el tema principal de la película, lo que constituye el centro de todo.

Y en cuanto a la música, he visto que hay opiniones para todos los gustos. A mí me ha encantado. Saura es un tío muy cuidadoso con este tipo de cosas y considero que ha elegido muy bien esa guitarra española de fondo para abordar precisamente algo tan nuestro como la escabrosa crónica negra de la España profunda.

En definitiva, no es una obra de arte pero sí una peli altamente recomendable.

Los santos inocentes, by Mario Camus

Probablemente una de las cinco mejores películas del cine español, completamente memorable. Un director genial, unos actores geniales, un guión genial basado en una novela genial de un autor genial, una fotografía genial, una ambientación genial... Un diez rotundo. Las interpretaciones de Landa y Rabal han pasado a los anales de la historia del cine como auténticamente magistrales, pero el resto del reparto no desmerece en absoluto, sobre todo un inspiradísimo Juan Diego en el papel de cacique, que yo creo que puso cara al cacique español en el imaginario colectivo para siempre jamás.

Un guión impecable, unos personajes entrañables y un final maravilloso. Totalmente imprescindible para entender nuestra historia y nuestra particular idiosincrasia como pueblo. Y cómo no, nuestro cine.