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miércoles, 5 de marzo de 2014

Concursante, by Rodrigo Cortés

Justo un año antes de que Lehman Brothers se fuera al carajo y con ellos la economía mundial, Rodrigo Cortés rueda esta impresionante lección de economía contándonos exactamente todo lo que iba a pasar y ha pasado y por qué.

Leonardo Sbaraglia interpreta (magistralmente, para mí su trabajo más impresionante hasta el momento) a un "afortunado" concursante televisivo que consigue ganar el premio más importante de la historia de la televisión. Por valor de 7 millones de euros se lleva una mansión, un par de cochazos, un yate, una avioneta, un viaje alrededor del mundo, etc., etc. Los impuestos del premio, los seguros y los gastos de mantenimiento, más la trampa mortal de un crédito bancario para atender sus nuevas necesidades de rico, convertirán el gran premio en la peor pesadilla de su vida.  Y en un viaje claustrofóbico que el espectador sigue y comparte con el protagonista casi sin respiración.

Película que debería ser de visionado obligatorio en los institutos y, por supuesto, en la universidad. Hay algo que todo el mundo debería aprender a la misma vez que aprende a andar: que sólo el 5% del dinero que circula por el mundo es real; el resto es puro y duro papel. No existe; es humo, es polvo, es sombra, es nada. Y de eso vivimos, y por eso estamos como estamos.

Lo mejor: la lección magistral de economía de Chete Lera a Sbaraglia, con su estética ajedrecística y sus cien monedas sobre el tablero. Impagable. Y un gran descubrimiento: Luis Zahera, el abogado de Sbaraglia. Qué pedazo de personaje y qué pedazo de actor. Y qué gran película.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Luces rojas, by Rodrigo Cortés

Vale, Rodrigo Cortés, la mesa que se mueve no se mueve sola; alguien la está moviendo. Probablemente el cachondo de turno que ha propuesto echar un ratito de güija.

Vale, De Niro, llevar gafas oscuras no implica necesariamente ser ciego. Y en todo caso para ser ciego hace falta algo más que llevar gafas oscuras; por ejemplo, no ver un carajo.

Vale, Cillian Murphy, eres físico pero en lugar de dedicarte a la física vas por ahí con una profesora de universidad que se dedica a desenmascarar a psíquicos de pacotilla. Reconozco que este trabajo es bastante más interesante que el de ver caer manzanas y descubrir leyes de la gravedad, pero... para qué coño has estudiado entonces Física?

Vale, Rodrigo Cortés, después de enterrar durante casi dos horas a un tipo en tu anterior película, en ésta nos vienes con fenómenos paranormales y poderes psíquicos. Ya podías haber dotado al pobre "buried" de algún podercillo de éstos para que saliera del ataud y no pasara el muchacho tan mal rato. Y de paso al personal que se tragó la peli enterita con dos cojones y un preocupante amago de insuficiencia cardiorrespiratoria.

Vale, puedo hasta creerme que en una universidad tengan una optativa superguay sobre detección de fenómenos paranormales; de hecho, voy a desarrollar todos mis poderes para convencerme de que es posible y verosímil. La pregunta es: metemos la asignatura en una carrera de ciencias o de letras? Complicaíllo, no?

lunes, 10 de octubre de 2011

Buried (Enterrado), by Rodrigo Cortés

Yo recomendaría ver esta película íntegra a las personas que contesten sí a una o más de las siguientes preguntas:

1.¿Crees que se pueden hacer muchas cosas verosímiles estando enterrado vivo aparte de llorar, gritar y patalear?

2. ¿Disfrutas viendo agonizar lenta y dolorosamente a la gente?

3.¿Disfrutas tú mismo sufriendo, angustiándote y padeciendo claustrofobia?

4. ¿Te pones bolsas en la cabeza para follar?

5. ¿Le pones bolsas en la cabeza a la gente con la que follas?

Bien, pues si eres una persona más o menos normal, o sea, si has contestado no a estas preguntas, te recomiendo que hagas lo que hice yo. Ver el principio de la peli, y al primer momento de angustia vital, pasar a otra cosa hasta que calcules que puede llegar el final, y entonces la vuelves a poner y te enteras del desenlace, por cierto, chusco a más no poder. Y ya sí, ya puedes con total autoridad ponerla a parir y quedarte tan tranquilo. Y de forma totalmente indolora, sin sufrir ni padecer inútilmente viendo a un tipo sudar durante casi dos horas metido en una caja. Sencillamente, qué necesidad tienes de pasar por esa penalidad.