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lunes, 14 de marzo de 2016

Sobreviviré, by Alfonso Albacete y David Menkes

A pesar de las muchas críticas negativas que he leído sobre esta película, que la tachan de sosita, simple y llena de tópicos y que dan a entender que Albacete y Menkes, sus directores, no dan para más… yo tengo que decir que a mí me ha gustado.

Y me ha gustado fundamentalmente por dos motivos:

1. Por la banda sonora, que me ha permitido volver a escuchar temazos casi olvidados como “La alegría de vivir” o “Escuela de calor”, y sobre todo por ese “Moon river” que es un pedazo de homenaje a una de mis pelis favoritas de todos los tiempos, “Desayuno con diamantes”.

2. Por la filosofía que subyace bajo su aparente simpleza, que queda perfectamente reflejada en un baile y un diálogo entre Emma Suárez y Juan Diego Botto, sus dos protagonistas:

- Hasta cuándo seguiremos bailando?

- Mientras suene la música.

Imposible decirlo más claro y con menos palabras.

Exactamente en eso consiste la vida, al menos para mí.

Y de todas formas es que de siempre me han gustado las pelis que tratan de amores raros, inexplicables, absurdos, sin demasiado futuro. Pues no sé, de gente que odia a los gordos e inexplicablemente se enamora de un gordo. O de heteros que inexplicablemente se enamoran un buen día de alguien de su propio sexo. Y viceversa. Cosas así.

Y de eso va esta historia, de amores raros. Y de música que a veces suena, y entonces es mágico y precioso todo, y que cuando no suena, aunque todo lo demás sea perfecto, es una putada. Y es entonces cuando hay que saber decir adiós, con dignidad y sin aspavientos. Aunque cueste. Pero ces’t la vie.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Todo lo que tú quieras, by Achero Mañas

Como de costumbre, Achero Mañas hace una propuesta interesante, distinta, muy personal y totalmente provocadora en su planteamiento. Un padre que se viste de mujer para satisfacer el deseo de su hija pequeña de ver en él a su madre muerta.

Lo que ocurre es que la peli peca de dos defectos importantes:

1. El mensaje es difuso. No se entiende muy bien si la cuestión es que la imaginación y la fantasía son buenas para superar los problemas, o bien si lo que propone es la negación de la realidad como vía para sobrevivir a los acontecimientos traumáticos. Pero claro, esto no es “La vida es bella”, donde un padre usa una realidad imaginaria para ocultar a su hijo una realidad supuestamente temporal. Esto es la muerte de una madre, que es algo que hay que asumir sí o sí tarde o temprano porque es para siempre.

En fin, como poco la cosa me parece bastante discutible, aunque tampoco me cierro en banda a esa posibilidad, como he visto por ahí que les ha pasado a unos cuantos “indignadísimos” por esa defensa a ultranza que hace Mañas de la actitud ultraprotectora del padre hacia su hija. No estoy segura de que en este terreno haya verdades absolutas ni que forzosamente unas posturas sean mejores que otras. En todo caso, tengo muchas dudas.

2. Intenta abarcar demasiados temas y se descentra del argumento principal. Un ejemplo es la historia judicial que mete en mitad de la película y el alegato de Juan Diego Botto en el tribunal a favor de los derechos de los padres a la custodia en caso de divorcio.

No sé, entiendo que intente aprovechar la película para mandar un mensaje rotundo sobre lo que es una clarísima injusticia sexista pero es que la historia no iba de eso. Está metido ahí como con calzador. Esto iba sobre si la fantasía es buena o no para superar las cosas, no?

Por otra parte la película adolece de una falta de credibilidad absoluta, sobre todo en algunas escenas: ese actor viejo tirándose a los pies de Botto en mitad de una función teatral y pidiéndole que no lo abandone… Ufffff, de verdad era necesario meter algo tan bochornoso?

De todas formas no se puede negar que Juan Diego Botto hace un grandísimo trabajo en esa estupenda caracterización dual. Y que la niña es comestible total, y eso que a mí los niños actores me sacan una vena Herodes que te cagas. Destacar también la presencia en el reparto del fantástico José Luis Gómez. Y por contra, decir como siempre que Susurritos Nimri se gana a pulso día a día su puesto de “lo peor de lo peor del cine español” en mi corazón.

viernes, 17 de julio de 2015

Martín (Hache), by Adolfo Aristarain

La primera vez que vi Martín (Hache) recuerdo que me impresionó un montón. Yo era bastante joven y los diálogos me parecieron un dechado de lucidez, los personajes alucinantes y, por supuesto, todas las interpretaciones magistrales. Desde entonces la he vuelto a ver unos cuantas veces más y a día de hoy lo único que queda de aquella primera impresión es lo de las interpretaciones. Actualmente los diálogos me parecen una chapa impresionante, de un espeso rayano en la viscosidad; y de los personajes sólo puedo decir que si alguna vez me encontrara en la vida con uno solo de ellos e hiciera amago de acercárseme para comentarme sus cuitas creo que me arrojaría por el balcón más cercano en caso de estar en las alturas o me tiraría bajo las ruedas del primer vehículo que pasara, de encontrarme en la calle.

El indolente Martín hijo, el insoportablemente repelente Martín padre, la desquiciada Alicia y el sentencioso Dante constituyen un cuarteto del que huiría hasta el más masoquista de la Tierra. Sinceramente no me explico cómo pude tener aquella primera impresión cuasi alucinógena sobre unos personajes tan vacíos, tan ajenos a la realidad, tan artificiales…

Bueno, sí, supongo que por aquella época intelectualmente yo no daba para más y esa pseudofilosofía de baratillo que destilan las conversaciones entre el cuarteto de la muerte debió de parecerme la hostia de original y de interesante. Unos cuantos años más vividos y unos cuantos cocainómanos más conocidos me han curado de cualquier clase de fascinación por las charletas gilipollescas de la gente pasada de vueltas, y ahora los cuatro éstos sólo me parecen una panda de capullos plastas y aburridos de la vida que hablan y hablan y hablan sólo para escucharse a sí mismos y para darle la chapa al personal. Vamos, como todos los farloperos que he ido conociendo después.

Y Adolfo Aristarain, que en su día me pareció un crack, hoy en día me parece el colmo de lo pretencioso. Y los diálogos de su película una insoportable retahíla de sandeces específicamente diseñadas para impresionar a mentes ávidas de palabrerío vacuo. No puedo discutir, en cambio, que Luppi, Botto, Roth y Poncela están brillantes, que son lo único que realmente merece la pena del film y que son unos auténticos maestros en lo suyo. De hecho, creo que buena parte de la falsa sensación que dan los personajes de ser interesantes lo consiguen ellos con sus gestos, sus miradas y sus caracterizaciones.

Y aunque luego por críticas como ésta me escribe alguna gente para decirme desquiciada, drogadicta y todo tipo de perlas por el estilo, tengo que decir sin ambages que lo demás es pura bazofia.

martes, 8 de julio de 2014

En brazos de la mujer madura, by Manuel Lombardero

Ésta es la historia de un adolescente que, como todos los individuos de su edad y sexo, anda más salido que el pico una plancha y no le hace ascos a nada, siempre y cuando entre las piernas tenga un agujero, sin importar su tamaño, antigüedad, condiciones de uso o nacionalidad. La peculiaridad es que las andanzas de este muchacho transcurren durante nuestra guerra civil y la consiguiente posguerra, que por una vez y sin que sirva de precedente, se nos muestran como épocas bastante lúdicas de nuestra historia, en las que a pesar del hambre y las dificultades la gente se lo pasaba pipa de cintura para abajo.

El chaval en cuestión, en sus primeros años de iniciación, está interpretado por un guapo mocito de unos 15 años al que dan más ganas de darle un par de tortas y mandarlo a la cama sin postre que de follárselo. No sé, será porque tengo un hijo de su edad con la misma cara de pánfilo y desnortado, pero como que da un poco de repelús imaginar a una señora mayor haciéndole un apaño. Aunque bien mirado, para que se estrene con una choni llena de tatus hasta en la punta del clítoris tengo que decir que es mil veces preferible que lo coja por banda una dama algo más preparada en estas lides.

Supongo que en los tiempos pacatos que corren al director, Manuel Lombardero, le acusarían sin preámbulo ni compasión de pederasta en potencia, o de apología de la pederastia. Como la peli es de 1997, vamos, de hace casi 20 años, de unos tiempos en los que aún no habíamos llegado al grado de gilipollez y atontamiento general que existe en la actualidad con el tema de los menores, por ahí se ha librado Lombardero.

Al personaje principal lo interpreta, de más crecidito, un jovencísimo Juan Diego Botto, al que ya dan un poco más de ganas de tirárselo que al quinceañero del principio. Como digo, el protagonista de la peli no parece pasarlo muy mal durante la guerra y la posguerra, y algo me dice que Botto tampoco lo debió pasar demasiado mal durante el rodaje, con la cantidad de hermosas señoras y señoritas que pasan por sus manos. Al menos tiene durante toda la cinta una cara de felicidad muy difícil de fingir si uno no está encantado de la vida. Desde aquí mi más sincera enhorabuena por un papel tan dichoso y lleno de satisfacciones a tan tierna edad..