jueves, 17 de marzo de 2011

La reina Victoria, de Jean-Marc Vallée

No me cabe la menor duda de que la reina Victoria de Inglaterra tuvo que ser, incluso en su juventud, una persona bastante más interesante que la que se retrata en esta especie de folletín victoriano que llega a unos niveles de pasteleo e hiperglucemia muy difíciles de soportar por un organismo normal.

Esa adolescente medio lela que pega saltitos todo el tiempo y no deja de soltar gilip...lleces una detrás de otra no puede de ninguna manera ser la misma que unos años después, con su personalidad arrolladora, se convertiría en la monarca más influyente de su país en distintos ámbitos, hasta el punto de dar nombre a toda una época. Y así hablamos de la arquitectura victoriana, la moda victoriana, la moral victoriana, etc. La mema que sale en la película no daría nombre ni a un pedrusco.

Y de las interpretaciones no quiero ni hablar. ¿Qué hace Emily Blunt haciendo de reina? ¿Esa muchacha tiene entidad interpretativa (jo, qué repelente me ha quedao esto) para ese papel? Y ya de Ruperto qué puedo decir. Ese muchacho ya con su sola presencia es capaz de destrozar cualquier obra maestra, con que ya podéis haceros una idea de lo que consigue hacer con este montón de glucosa. La indigestión es de campeonato. Por favor, a no ser que tengáis un estómago a prueba de bomba, absteneos de vivir esta dolorosa experiencia.

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