jueves, 17 de marzo de 2011

Erin Brockovitch, by Steven Soderbergh

Ella es guapa, fantástica, valiente, dinámica, fuerte, madre coraje, con principios inamovibles, inteligente, bondadosa, comprensiva, espontánea, un espíritu libre, incorruptible, justiciera, hiperactiva, trabajadora, práctica, independiente... en una palabra, perfecta.

El caso es de manual: unos malos muy malos que cometen una negligencia industrial que a su vez provoca un montón de daños colaterales en forma de cánceres, lesiones varias y enfermedades degenerativas de todo pelaje. Pero que no sabían que allí estaría ella para descubrirlos, conseguir pruebas, hacer aparecer documentos delatores de debajo de las piedras y finalmente hacer justicia.

Y ella, sin despeinarse un solo momento, luciendo espectacular melena al viento y tacones de vértigo durante las dos horas de metraje, consigue todo eso y más, simple y llanamente porque... porque puede. ¿Te suena? Ah, pues no sé de qué será, yo no había visto antes nada igual. Eso sí, entretener, entretiene.
spoiler:
Lo de la prueba definitiva que aparece milagrosamente de manos del tipo rijoso que le va guiñando el ojo por todas partes sí que es de manual. Mira tú por dónde que el tipo al que encargaron destruir unos documentos supercomprometedores no sólo no los destruyó sino que jamás los usó ni para hacer chantaje a la multinacional ni para denunciarla ni para nada. Estaba esperando a que apareciera la bella y expeditiva Erin para hacerle partícipe del secreto y que ella se encargara de hacer justicia. Guay, no?

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