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domingo, 30 de septiembre de 2012

La novena puerta, by Roman Polanski

Película de Polanski, basada en una novela de Arturo Pérez Reverte y con participación de Enrique Urbizu en el guión. Suena bien, eh? Bueno, pues como casi todo lo que suena bien de primeras termina sonando como el culo.

Vaya por delante que leí "El club Dumas" hace mogollón de años y que no me acuerdo de nada. Vamos, que no puedo establecer comparativas con la novela, ni para bien ni para mal. Sólo puedo decir que la película es una especie de "Código da Vinci" pero a lo Polanski, o sea, con la semilla del diablo de fondo. Sé que Polanski es un apasionado del género demoníaco, pero... realmente era necesario esto, Roman?

Desde el principio todo es un puro disparate. Un bibliófilo fumando y bebiendo coñac mientras estudia un tesoro bibliográfico del siglo XVII???? Y el mismo bibliófilo paseando por toda Europa en un macuto un ejemplar único de incalculable valor????? Pero qué me estás contando????

Claro que para personaje imposible el feliz dueño del ejemplar, un coleccionista que tiene un pedazo de bunker para guardar su colección con toda clase de medidas de seguridad, y sin embargo le entrega tranquilamente su más preciado volumen a Deep, un pringao que vive en un apartamentucho de mierda, para que se lo lleve a su casa y analice si es auténtico o no. Madre mía, qué nivel de confianza! Es como si el director del Louvre le entregara la Mona Lisa a la restauradora del Ecce Homo de Lorca para que se la llevara a casa a hacerle un arreglito.

En fin, como bibliófila aficionadilla, me pasé toda la película sufriendo y mordiéndome las uñas cada vez que veía a Johnny Deep fumando mientras manipulaba el supuesto tesoro de la corona, y pasando las páginas como si del Pronto o el Diez minutos se tratara, que sólo le faltaba chuparse el dedo para pasarlas. Claro que si te fijas en el ejemplar en cuestión ya te das cuenta de que las posibilidades de que eso sea un libro antiguo auténtico son las mismas de que la momia de Tutankamon se levante mañana cantando el Porompompero. Unas hojas blancas y limpias como la patena, una encuadernación impecable, ni un signo de deterioro, ni una leve manchita de humedad... Que digo yo que no es tan complicado hacer que un libro parezca viejo, Polanski, tío.

Coñac va coñac viene, whisky va whisky viene, cigarrito va cigarrito viene... Todo esto justo encima del famoso ejemplar único. Y venga a echarle ceniza encima, toma ya! Creo que no había sufrido tanto viendo una película desde "Precious". Y por lo menos Precious era una petarda llorona y a ratos daban ganas de asesinarla pero este pobre libro... qué coño había hecho para tener todo el día al puto pirata del Caribe este echándole ceniza sin piedad?

lunes, 21 de mayo de 2012

No habrá paz para los malvados, by Enrique Urbizu


Tropecientosmil Goyas; tenía que habérmelo olido, pero mis planchazos con los Goyas ya son todo un clásico y estaba cantado que tenía que volver a caer en mi piedra favorita.

Lo más alabado de esta película es la secuencia del principio y la final. De la última naturalmente no voy a hablar, pero sí puedo explayarme sobre la primera, y vaya si lo voy a hacer.

Este señor, que es un policía borrachuzo, pendenciero, noctámbulo y bastante guarrete, entra una noche a un bar a tomarse el enésimo cubata y, sin venir a cuento de nada, termina pegándole unos cuantos tiros al dueño, a la camarera y a otro que pasaba por allí. Y por qué hace esto? Ah, pues vete tú a saber, pregúntaselo a Urbizu, si es que él lo sabe.

Empezamos sin saber por qué se desencadena la historia puesto que el planteamiento inicial, como vemos, no tiene lógica ni sentido ni nada. Y ya a partir de ahí el señor éste se obsesiona por cargarse al único testigo que lo vio todo y se le escapó en la matanza. Y qué hace? Pues ir por ahí asaltando casas, preguntando a todo quisque y dejando toda clase de rastros de su búsqueda.

Para más delito, el tipo, lejos de adquirir para esta labor de discreta vigilancia una apariencia lo menos llamativa posible se dedica a hacer todas estas cosas con unas pintas inconfundibles de macarra dejado de la mano de dios, con unos pelos largos y grasientos como churros y enseñando la placa de madero hasta para entrar al water. Pasando desapercibido, vamos.

A todo esto el tipo no aparece por su curro ni de casualidad, y cuando le da por aparecer le suelta dos frescas al jefe, lo manda a tomar por culo y se las vuelve a pirar por to el morro. Pues sí que funciona bien y tiene disciplina la policía española! Que dios nos coja confesados.

En fin, un despropósito detrás de otro, y un personaje principal que en el intento de aparecer como siniestro y oscuro lo que consigue es dar un asquito de muerte y hacer vomitar hasta a las gallinas. Y yo me pregunto: para dar mucho miedo hace falta ser un guarro?

Eso sí, Coronado hace muy bien de tipo duro. No cambia el gesto en toda la película pero eso no le quita ni un ápice de mérito, puesto que tirarse dos horas sin mover un solo músculo de la cara también tiene su intríngulis. Yo no puedo, enseguida me da la risa. Un Goya muy merecido, sí señor.

sábado, 19 de marzo de 2011

La vida mancha, by Enrique Urbizu

Ay señor, dice Carlos Boyero que él llora mucho con esta película. Y yo me pregunto: por qué llora tanto este hombre.

Podría llorar por la pasta que se juega a diario el camionero ludópata jugando al póker. Vale, es para llorar.

También podría llorar por la actividad intestinal de Coronado, que a todas luces no se había tomado su bífidus activo esos días, a juzgar por la cara de estreñido que lleva a todas partes. Sí, es cierto, hace de tipo duro y lo hace muy bien; los tipos duros no sonrien, no mueven una ceja y no se despeinan, pero alguien con la sensibilidad extrema de Boyero podría preocuparse por su flora intestinal. Vale, podría ser.

Otra opción es que llore por esa tensión sexual no resuelta entre los dos cuñados. Y la llamo tensión por llamarla de alguna forma porque entre la contención expresiva del tipo duro Coronado y la aparente calma interior de la chica, a pesar de que el marido se está jugando hasta las pestañas, la tensión más que palparse, se adivina con un poco de buena fe.

Podría llorar también por el adelanto del sueldo que no le dan a la pobre cuñada de Coronado en la oficina del INEM en la que trabaja, con bastante buen criterio, por cierto, ya que el marido todo lo que huele a billete lo fulmina de momento en su timba. No es conveniente darle muchos adelantos a esa muchacha.

En fin, hay muchos motivos para llorar, pero porque la película conmueva ninguno. Ni un solo personaje es creíble, salvo quizás el del ludópata porque es cierto que haberlos haylos y tienden, al igual que el de la película, al desequilibrio. Y hasta el personaje del tipo duro no sabe una muy bien al final de la pel a cuento de qué viene. Vale, muy misterioso, muy en su papel, pero... ¿qué pinta?

Si alguien ha conseguido enterarse de esto, por favor, que me lo haga saber. Porque son dos horas de mi vida preguntándome una cosa y me gustaría tener una respuesta, aunque sea chusca y poco convincente.