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martes, 27 de diciembre de 2011

Reservoir Dogs, by Quentin Tarantino

Para mí "Reservoir Dogs" es la obra maestra de Tarantino. Redonda, perfecta, brillante, auténtica 100%, impactante y personalísima. Desde entonces Tarantino no ha hecho sino intentar repetirla una y otra vez y repetirse a sí mismo. Y por supuesto no le ha vuelto a salir nada igual ni mínimamente parecido.  Lo siento por los fans incondicionales, pero "Pulp Fiction" no le llega ni a la suela.

Diálogos soberbios, guión ágil, interpretaciones magistrales (absolutamente todas, pero para mí Harvey Keitel se sale)... Y sí, también está la violencia extrema, la sangre que fluye y las vísceras que se desparraman, vamos, lo que es el universo tarantiniano al completo. Pero por una vez, y sin que haya servido de precedente, esa violencia tiene un sentido, un porqué y una historia sólida y apasionante detrás.

A destacar la charla sobre los colores de cada señor y la historia del infiltrado. Ah, y la música es una pasada.

Imprescindible.

domingo, 12 de junio de 2011

Jackie Brown, by Quentin Tarantino

Leyendo cosas de esta película he aprendido un montón de terminología nueva (tengo ya un nivel que no veas) pero lo que más me ha gustado es lo de Blaxploitation; menudo hallazgo. Blaxploitation, por lo visto, es un tipo de cine que se hacía allá por los setenta dirigido a y protagonizado por fundamentalmente negros; y con mucha violencia. Al parecer el amigo Quintín fue bastante aficionadillo en su juventud a esta clase de películas. Bueno, pues ya sabemos de dónde le viene lo tarado que está.

A mí Jackie Brown, de todas formas, no me ha disgustado del todo. Coincido con los que opinan que es la menos tarantiniana de sus películas; tal vez por eso la he podido ver hasta el final sin vomitar y hasta me ha divertido. Pam Grier me ha encantado y me ha reafirmado en mi teoría de que en realidad Tarantino es un masoquista de pro íntimamente enamorado de las mujeres dominantes y explosivas como la que interpreta Pam. En realidad la cinta entera es una declaración de amor en toda regla al personaje de Jackie Brown.

Imagino a Pam Griar durante el rodaje, látigo en mano, fustigando a Quentin, obligándolo a controlar sus desbarres sanguinolentos y dándole unos cuantos azotillos en el culo cuando se pone tontorroncillo, que es casi siempre. Y a Quentin a cuatro patas, moviendo la colita y lamiendo los pies de su dueña y señora, la inconmesurable Pam. Y esta imagen me reconforta. Es más, no me importaría hacerme yo con otra fustilla y contribuir a tan ardua y encomiable tarea. Si su propia madre le hubiera dado algún que otro cachetillo preventivo de vez en cuando durante su infancia ahora no tendríamos que soportar los delirios de este mastuerzo.

martes, 3 de mayo de 2011

Malditos bastardos, by Quentin Tarantino

Capítulo 1. Tarantino nos presenta al coronel Hans Landa. Esto tiene muy buena pinta, tensión ascendente, impresionante diálogo, personaje atractivo interpretado por un actor fascinante, Christoph Waltz. Cine del bueno. Sorprendentemente no se ve sangre, casi. Por lo general no soporto a Tarantino. Desde "Reservoir dogs", que fue la primera película suya que vi y que me impresionó muy favorablemente todo lo demás que le he visto me ha parecido una burda repetición, un regodeo en el cómodo y excitante papel de chico malo y traviesín, nada sorprendente y todo más que previsible. Pero este capítulo primero... parece distinto. Y si esta vez ha dado en el blanco?

Capítulo 2. Ya empezamos. Un guapo chulito (Brad Pitt) al frente de una banda de matones hebreos cazanazis; cabelleras arrancadas, sangre salpicando por doquier... Vuelve el Tarantino de siempre. Ya me extrañaba a mí.

Capítulo 3. Estamos en Francia y ya no hay tanta sangre. Este capítulo es simplemente aburrido; se salva un poco en la parte final cuando vuelve a aparecer la tensión esta vez entre Landa y  el personaje de Shosanna, magníficamente interpretado por Mélanie Laurent. Está claro que a esta película, si algo la salva, es ese inmenso, sobrecogedor, inquietante y turbador personaje del coronel villano.

Capítulo 4. Me lo temía, más sangre. Ya llevaba esto mucho rato sin que nadie disparara a nadie y sin que saltaran ningunos sesos a la pared, Tarantino debía estar de los nervios. Esta parte simplemente sobraba. Alarga innecesariamente la película, nos presenta a un personaje nuevo perfectamente prescindible, el de la actriz alemana, muy bien interpretada por Diane Kruger, pero que no aporta nada a la acción. Bueno, sí, aporta la excusa perfecta para una de tortura fina, ese plato que no puede faltar en ninguna tarantinada que se precie.

Capítulo 5. Mi última esperanza al traste. Un par de chistes malos de morirse, casi de vergüenza ajena. Y aquí es ya donde literalmente estalla el Quentin que a duras penas y con escaso éxito llevaba toda la película intentando contenerse. Rayos y truenos, fuego, explosivos, el síndrome Chuck Norris le invade por completo y ya se deja llevar sin resistencia. El capítulo uno definitivamente fue una falsa alarma. El que nace lechón muere cochino. Tarantino, vete al cuerno.