Para mí Spencer Tracy siempre ha sido un crack. El tío, haga el papel que haga, invariablemente lleva el mismo traje y el mismo sombrero y no cambia jamás esa apariencia de buen hombre metido en jaleos sin comerlo ni beberlo. Con el mismo ropaje igual te hace de juez en Nuremberg que de Pocholín el de Pocholina que de padre de niña pija adivinando quién viene esta noche. Yo creo que si hubiera hecho una de romanos iría con el mismo traje y el mismo sombrero.
En esta peli, adivinad con qué estilismo, hace de manco que aparece en un pueblo del salvaje Oeste para averiguar qué ha sido de un granjero japonés. Esto poco después del ataque nipón a Pearl Harbor, os podéis hacer una idea del ambientecillo tan sanote que reina en ese pueblucho de la América profunda.
Pero lo más alucinante es que Tracy (recordemos que manco) hace un papel mezcla de Rambo, McGiver, el hombre araña, los Power Rangers y Kung-Fu. Y todo ello con su trajecito negro habitual, su sombrero de diario, sin variar su gesto ni un ápice y sin pestañear. El mismo Spencer que esperaba al novio negro de la niña, vamos.
Con deciros que también sale Lee Marvin en un breve papel y que al lado de Tracy parece la niña del exorcista... o Jim Carrey, que viene a ser lo mismo.
No, en serio, la peli de Sturges está bastante bien. Es una especie de "La ley del silencio" pero en lugar de Marlon Brando con la cazadora de cuero y la cara de malo malote tenemos a Tracy con su faz de buena persona y su eterno look atemporal en el Far West. El tío, con esas pintas, se enfrenta a un montón de palurdos de preocupante pelaje. Y no digo si gana o si pierde porque está feo contar finales.