Menudo coñazo las películas que van de matar al presidente de los USA! Qué pesadez, macho! Yo nunca me he explicado por qué extraña razón si alguien tiene como objetivo quitar de en medio a un presidente, en lugar de planificarlo para no alarmar y que nadie pueda obstaculizar su fin, se dedicaría a dar pistas tutiplén, a jugar al ratón y al gato y a perder el tiempo tonteando con los del servicio secreto.
Claro que si no fuera por eso a ver cómo haces una película de dos horas intentando alargar al máximo el momento culminante que todo el mundo está esperando, que es ver si al final se carga o no se carga al mandatario, a pesar de todas las zancadillas que el propio criminal se ha ido poniendo a sí mismo a base de dar pistillas a la bofia.
Y por supuesto, para llegar a enterarte tienes que tragarte antes cientos de conversaciones gilipollescas entre los dos caballeros en liza, del tipo: "Frank,tú y yo somos iguales... Frank, sólo tú puedes entenderme... Frank, por qué te dejó tu mujer, Frank???? Diossss, qué coñazo! Pos tío, quieres matar ya de una vez al puto presidente y dejar de hacer llamaditas tontas y decir memeces?????
En fin, menos mal que las memeces quien las suelta es el grandíiiiiisimo John Malkovich, que se pasa las dos horas disfrazándose de mamarracho para despistar, y la verdad es que es lo mejor de la peli. Los que hablan de duelo interpretativo no sé yo qué habrán visto, porque Eastwood una vez más lo que hace es interpretarse a sí mismo, con su cara de póker habitual (Sí, hombre, la misma que tiene desde que se convirtió en Harry el Sucio) perfectamente aderezada con la familiar voz de nuestro Constantino Romero.
En definitiva, Wolfgang Petersen, que es un tío muy profesional, consigue sacar la peli adelante y hasta entretener a base de artificios técnicos y escenas de acción y persecución bastante elaboradas, pero no deja de ser una de esas chorradas que pasan sin pena ni gloria y de las que nadie se acuerda un rato después de haberlas visto.
Lo mejor: los disfraces de Malkovich y ver a Clint sudando la gota y corriendo delante del coche presidencial.
Lo peor: las surrealistas conversaciones telefónicas entre el federal y el asesino. Un auténtico petardazo de difícil digestión.
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domingo, 27 de enero de 2013
jueves, 17 de marzo de 2011
Das boot (El submarino), by Wolfgang Petersen
Angustiosa y claustrofóbica donde las haya. Te tiras casi todo el tiempo pensando que de un momento a otro te vas a asfixiar sin remedio. La concentración de hombres en tan poco espacio, el hacinamiento, las distintas vicisitudes por las que pasan, la cerrazón, la falta de aire, el olor a rancio que casi puede sentir el espectador... Es un cúmulo de sensaciones que contribuyen a compartir con los tripulantes del submarino su angustia y su desesperación. Sin ser en absoluto aficionada al cine bélico, recomiendo encarecidamente esta cinta. No tiene nada que ver con lo habitual; es más un relato de convivencia en condiciones extremas, de compañerismo, de trabajo en grupo y de complicidad.
Los actores están magníficos, la ambientación perfecta, pero sobre todo es la maestría de saber mantener la tensión en todo momento. A pesar de la excesiva lentitud, durante todo el metraje estamos a la espectativa de lo que va a pasar, con el corazón en un puño, sintiendo con la tripulación su angustia y su miedo. Definitivamente, una joya para no perderse.
Los actores están magníficos, la ambientación perfecta, pero sobre todo es la maestría de saber mantener la tensión en todo momento. A pesar de la excesiva lentitud, durante todo el metraje estamos a la espectativa de lo que va a pasar, con el corazón en un puño, sintiendo con la tripulación su angustia y su miedo. Definitivamente, una joya para no perderse.
spoiler:
A destacar el final. Uno de esos desenlaces que te dejan hecho polvo y te hacen pensar en lo caprichoso del destino y en el poco sentido de la vida. Librarse de todas las penalidades que pasan, conseguir salir del banco de arena en el que están inmersos y vencer a la adversidad contra viento y marea, para terminar muriendo tan absurdamente en un bombardeo, cuando ya parecía que eran irreductibles... En fin, una verdadera lección de lo que es el absurdo vital.
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