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sábado, 26 de noviembre de 2011

Doctor Zhivago, by David Lean

Doctor Zhivago para mí es Omar Sharif. Lo siento en el alma. Julie Christie está muy mona, Geraldine Chaplin muy tierna, Sir Alec Guinness imponente, y Rod Steiger tremendísimo, pero... la mirada de Omar Sharif los eclipsa a todos. Sharif no necesita llorar ni sonreir ni gesticular mínimamente para decirlo todo con su inquietante, absorbente, enardecida y subyugante mirada. Cuando Zhivago ama, odia, teme o desea, Omar sólo tiene que mirar y ya está todo dicho. Y claro, así es muy difícil competir por el protagonismo. Todo lo llena y no existe nadie más que él.

Bueno, sí; existe ese paisaje brutal siberiano que luego resulta que no era Siberia, sino Burgos. Vamos, que la peli al completo fue made in Spain, aunque tú la estás viendo y podrías jurar por tu iPad que estás en medio de la estepa y que en ese lugar no brilla el sol ni un solo día del solsticio de verano.

Y claro; ya sabiendo que es Burgos, casi se puede entender que Zhivago y la bella Lara se pasen toda la película encontrándose "casualmente" por todas partes. Oye, eso se avisa. Porque tú ves la peli y dices "joder, pero con lo grande que es Rusia cómo es posible que estos dos se encuentren continuamente?  Hablamos de miles de kilómetros de árida estepa. Hablamos de encontrarse en la guerra, en la paz, en la revolución... Hablamos, sinceramente, de una serie de casualidades imposibles que te hacen mosquearte un poco durante el visionado.

Luego, leyendo y leyendo, también te enteras de que en la novela base el tema de la predestinación de Lara y Zhivago es fundamental. Joder, pues que avisen también para que nos leamos antes la novela. y así no nos pilla de sorpresa tanto encuentro inesperado. Claro, si están predestinados es normal que se vayan chocando constantemente en los 7 millones de kilómetros cuadrados de la estepa siberiana. Eso lo explica todo, hombre.

En fin... Eso sí, "La canción de Lara" es una delicia. O al menos lo era hasta que empiezas a escucharla cada cinco minutos para avisar al espectador de que la rubia Christie aparece en escena. Ingenioso truco el de David Lean. Ajajá! Cada vez que vaya a salir la cara de Julie ponemos acordes de la canción de Lara, y así la gente lo sabrá con segundos de antelación. Qué maestría, diooooos!

Con todo y con eso no se hace demasiado larga, a pesar de los 176 minutos de duración. Pero volvemos a lo mismo; es la mirada de Omar. Nadie en el mundo puede cansarse de mirar a Omar mirando. Este filme, al igual que esta crítica, es un homenaje absoluto a esos ojos y, como tal, hay que agradecerle a Lean ese regalo al mundo del cine. Y nada más.

jueves, 17 de marzo de 2011

La hija de Ryan, by David Lean

Esa Irlanda profunda, de fuertes raíces católicas, con ese ancestral odio hacia todo lo inglés, como telón de fondo de una maravillosa historia de amor, real como la vida misma.

Esa Sarah Miles de espíritu inquieto (desinquieto, que se dice por mi tierra) con la hormona revuelta y la sangre galopando locamente por sus venas.

Ese fantástico e increíble Robert Mitchum, el marido perfecto, el hombre que te quiere por encima de todo y de todos, el eterno reposo de la mujer guerrera. Cómo conozco a ese hombre.

Ese soldado atormentado con las hermosas facciones de un casi desconocido Christopher Jones, que sólo encuentra paz entre los amantes brazos de la hija de Ryan. Qué mirada, cuánto sufrimiento se esconde en ella.

Ese tonto del pueblo que siempre ha estado secretamente enamorado de la apasionada Rosy. Impresionante John Mills y merecidísimo Oscar.

Ese cura que representa la inexorable ira de Dios, que lo sabe todo de todos, implacable con la ignorancia del pueblo y con sus pecados, pero capaz de comprender y sobre todo de perdonar. También genial Trevor Howard.

Y esos acantilados irlandeses, esas playas, ese viento...