Ésta es una historia de superación. La de alguien que consigue convertirse en una eminencia científica siendo mujer y además autista, enfrentándose a la incomprensión, el desprecio y el escepticismo de los que le rodean, por no hablar de las bromas, el cachondeo y la crueldad, sobre todo durante la niñez y la adolescencia. Podemos hacernos una idea de lo que tuvo que suponer para Temple Grandin darse cuenta de que ella era diferente a los demás niños y soportar las burlas que su extraño comportamiento provocaba. Tengamos en cuenta que hablamos de alguien que inventó una máquina que se ajustaba a su cuerpo para simular la sensación de un abrazo humano, pero sin el contacto piel a piel que a ella tanto le incomodaba.
Temple tiene un cerebro privilegiado. Una capacidad de captar detalles que no tiene la mayoría de la gente, una curiosidad sin límites y una memoria fotográfica que le permite recordar con exactitud textos, estructuras e imágenes. Estas peculiaridades de su mente son reflejadas perfectamente por Mick Jackson a través de esquemas superpuestos a los fotogramas, que representan de una manera muy efectiva cómo funciona una mente matemática.
En la trayectoria de Temple serán fundamentales las figuras de su madre, una mujer adelantada a su tiempo con las ideas muy claras, magníficamente interpretada por Julia Ormond, y uno de esos profesores de Ciencias que son una auténtica máquina de crear vocaciones. Los veranos en la granja de su tía, estudiando el comportamiento del ganado vacuno, hicieron el resto. Bueno, eso y una fuerza de voluntad tremenda para sobreponerse a las dificultades.
Yo no sabía nada de la existencia de esta científica norteamericana ni tampoco tenía grandes conocimientos sobre el autismo y trastornos afines, pero gracias a esta producción de HBO he logrado acercarme un poco al funcionamiento del cerebro de estas personas. Y ha sido un descubrimiento maravilloso.
Merecidísimos los 7 Emmys que ganó y el Globo de Oro a mejor actriz para Claire Danes por su impresionante interpretación.
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lunes, 30 de septiembre de 2019
lunes, 20 de abril de 2015
El guardaespaldas, by Mick Jackson
"El guardaespaldas" es una historia de amor que perfectamente podría haber rodado Isabel Coixet porque, al igual que ocurre en sus anuncios de compresas con alas, aquí el personaje principal es alguien que aporta en el amor eso que tanto apreciamos las mujeres, y no solo durante la menstruación: protección y seguridad; en definitiva, la sensación de que con esa cosa o persona nada malo puede suceder. Como en la vida real rara vez se encuentra un chollazo de ésos, sino que con toda probabilidad lo más seguro es que termines haciendo de madre y cuidadora de tu pareja, al igual que la compresa fijo que te cala por mucho que hayas ajustado las alitas, este tipo de pelis y de anuncios tienen el éxito garantizado, porque representan fantasías femeninas muy difíciles de hacer realidad.
La verdad es que poco importa que el guión sea una patata de proporciones elefantescas, que los dos protagonistas sean el paradigma de candidatura a los Razzie y que algunos diálogos y situaciones produzcan tanta vergüenza ajena que podrían hacer enrojecer a un oso polar. El éxito comercial de la película estaba garantizado porque Mick Jackson une a esa fantasía femenina de complicada realización, el hecho de tener como protas a Houston, una estrella de la canción de proyección internacional, y a Costner, un actor famoso por su pétrea faz, que en su día hizo las delicias de las damas en edad de merecer, probables consumidoras del film. Prueba de ello es que cientos de niños de la época arrastran por la vida el inefable nombre de Kevin y algunos, los más desgraciados, incluso el de Kevincosner. Criaturitas.
Pero bueno, sin duda el principal hallazgo de la cinta es esa canción que todos alguna vez hemos destrozado a voz en grito bajo la ducha, o hemos oído destrozar al vecino de arriba, o hemos reinterpretado mientras conducíamos como locos por alguna autopista. Esa canción de la que existen millones de versiones en el mundo, de la que incluso existe un vídeo viral, que en su día causó furor, de una señora a la que tuvieron que reducir los tripulantes de un avión porque se pasó todo el trayecto cantando sin parar una y otra vez el estribillo, para desesperación y espanto del resto del pasaje. Ese "I will always love you" que es un verdadero himno al gallo, al desfase y a la aberración sonora y que nació para ser vapuleada, maltratada y machacada por millones de personas en el mundo, yo entre ellas. Gracias, Whitney Houston, por ese gran regalo para la humanidad. Casi te podemos perdonar que para ti actuar fuera un enigma de imposible resolución.
La verdad es que poco importa que el guión sea una patata de proporciones elefantescas, que los dos protagonistas sean el paradigma de candidatura a los Razzie y que algunos diálogos y situaciones produzcan tanta vergüenza ajena que podrían hacer enrojecer a un oso polar. El éxito comercial de la película estaba garantizado porque Mick Jackson une a esa fantasía femenina de complicada realización, el hecho de tener como protas a Houston, una estrella de la canción de proyección internacional, y a Costner, un actor famoso por su pétrea faz, que en su día hizo las delicias de las damas en edad de merecer, probables consumidoras del film. Prueba de ello es que cientos de niños de la época arrastran por la vida el inefable nombre de Kevin y algunos, los más desgraciados, incluso el de Kevincosner. Criaturitas.
Pero bueno, sin duda el principal hallazgo de la cinta es esa canción que todos alguna vez hemos destrozado a voz en grito bajo la ducha, o hemos oído destrozar al vecino de arriba, o hemos reinterpretado mientras conducíamos como locos por alguna autopista. Esa canción de la que existen millones de versiones en el mundo, de la que incluso existe un vídeo viral, que en su día causó furor, de una señora a la que tuvieron que reducir los tripulantes de un avión porque se pasó todo el trayecto cantando sin parar una y otra vez el estribillo, para desesperación y espanto del resto del pasaje. Ese "I will always love you" que es un verdadero himno al gallo, al desfase y a la aberración sonora y que nació para ser vapuleada, maltratada y machacada por millones de personas en el mundo, yo entre ellas. Gracias, Whitney Houston, por ese gran regalo para la humanidad. Casi te podemos perdonar que para ti actuar fuera un enigma de imposible resolución.
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