Tenemos dos sectas; en una se practica la sodomía y en la otra el BDSM. En una de ellas hay el doble de miembros que el triple de piernas que la raiz cuadrada de ojos de un sapo bizco. Cuántos culos hay? 4 minutos para resolverlo.
En un hospital hay 5 enfermeras por cada 2 médicos y 28 pacientes. Si se les mueren 2 pacientes cada 20 días... cuántos minutos tardará el PP en poner una denuncia por prácticas eutanásicas? 2 minutos.
Un matemático tarda 15 días en resolver el enigma del siglo. Si el siglo tiene 100 años y cada año tiene 365 días menos 20 minutos... Cada cuántos segundos se rasca la nariz el matemático? 10 minutos.
Un tren va a 350 kms por hora hacia Villanueva del Pedroche y a la misma vez un taxi sale de Castillo de Loubotin hacia Peñarroja de Todos los Santos, a 25 metros por segundo. Dónde se encuentran, a qué hora y cuántos pasajeros hacen trasbordo? 2 minutos.
Un peluquero corta 2'7 centímetros más de lo que le piden sus clientas, mientras el peluquero de la acera de enfrente corta 4 mm. menos de la medida del flequillo de la clienta multiplicado por 8. Si un día vas al primer peluquero y al siguiente al segundo... por qué segmento de la espalda te llegará el pelo al cabo de 5 meses? 8 minutos.
Un imbécil convoca a 4 frikis de la numerología a una reunión, les pone 20 enigmas por hora y les reduce las paredes de la habitación 3'6 centímetros cada vez que uno de ellos diga una gilipollez... Cuánto tardarían en exprimir este guión en "Los misterios de Laura"? Medio minuto.
Lluís Homar y Federico Luppi van andando por la calle y se les aparece la Virgen del Perpetuo Socorro ofreciéndoles cuatro mil millones de euros por hacer el canelo durante 90 minutos y sin que se entere mucha gente porque es en una peli española... Cuánto tardan en decir que sí y en qué invierten el 5'8% del montante contante y sonante? 2'8 horas.
Una cinéfila se pone a ver una película de intriga matemática a las 22'05. A las 22'10 cena, a las 22'45 va al baño y tarda 2 minutos, a las 22'56 se da cuenta de que su perro Manolo no tiene agua y le echa 40 mililitros en su cuenco; a las 23'10 se rasca la nariz; a las 23'15 se vuelve a rascar la nariz y una teta que le pica; a las 23'20 vuelve a mear y el perro ladra; a las 23'40 la película termina... Cuál sería la pregunta enigmática más gilipollas que se os ocurre? Sin límite de tiempo, tenéis toda la vida para contestarla.
Mostrando entradas con la etiqueta Homar (Lluís). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Homar (Lluís). Mostrar todas las entradas
sábado, 6 de octubre de 2012
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Eva, by Kike Maíllo
Novedad! Una peli española de ciencia-ficción, y además con premios y todo! Y sale Lluís Homar!!!! Tengo que verla, no hay alternativa. Allá que voy.
Para empezar, tengo que decir que la mayoría de premios que tiene la peli son por los efectos especiales, que efectivamente son una chulada. Es divertidísimo cómo se organizan las mentes de los robots, con un montón de partículas que se mueven por el aire y se separan y luego se juntan y forman una pelotita, y ahora le pongo un poco más de inteligencia, y le quito un gramito de soberbia pero le pongo un cuarto kilo de simpatía natural... Bueno, es sin duda lo mejor de la película.
Tampoco me podía perder a Homar haciendo de Max, el robot mayordomo. "Max, bájate el nivel de sensibilidad a 6" "Max, súbete el nivel a 8, que necesito un achuchón". Y Max subiendo y bajándose los niveles mediante inquietantes movimientos oculares. De verdad, eso hay que verlo. El resto de personajes pasan sin pena ni gloria; Daniel Brühl está sosito a más no poder, en su línea habitual, y Marta Etura en su papel favorito de chica mona y sencilla que es objeto de deseo del protagonista. Como de costumbre su personaje no dice nada más ni aporta otra cosa a la historia que la pura coartada amorosa. Gracias a su presencia no faltan los besitos de rigor, las miradas de pasión, la tensión sexual no resuelta y, en fin, toda la parafernalia pseudoerótica que a la gente le suele gustar que salga en las películas.
Pero lo peor de todo, lo más espeluznante, como suele suceder y ya es costumbre en el cine español, es la aparición casi forzosa del niño-monstruo. En este caso, niña. Cielosssss, la niña de la peli es un verdadero paradigma de personaje infantil abominable, horroroso, repulsivo y perfectamente asesinable... Esa clase de niño que saca lo peor de nosotros, los adultos, la parte más oscura de nuestro yo íntimo.
Para más inri, te presentan a la niña como un modelo digno de clonación robótica; supuestamente tiene todas las cualidades que debería tener un niño robot: divertida, ingeniosa, simpática, agradable, con personalidad... La pura realidad es que la niña es un horrorrrr con todas las erres, sólo clonable en todo caso como robot torturador.
En definitiva, un pestiño más pero en rollito ciencia-ficción. Se salva el robot Homar, el gatito robot, que es una monada, y el alucine de las particulitas espaciales que se juntan y se separan para crear mentes artificiales, que molan un huevo. Lo demás un rollazo. Y la niña... simplemente execrable.
Para empezar, tengo que decir que la mayoría de premios que tiene la peli son por los efectos especiales, que efectivamente son una chulada. Es divertidísimo cómo se organizan las mentes de los robots, con un montón de partículas que se mueven por el aire y se separan y luego se juntan y forman una pelotita, y ahora le pongo un poco más de inteligencia, y le quito un gramito de soberbia pero le pongo un cuarto kilo de simpatía natural... Bueno, es sin duda lo mejor de la película.
Tampoco me podía perder a Homar haciendo de Max, el robot mayordomo. "Max, bájate el nivel de sensibilidad a 6" "Max, súbete el nivel a 8, que necesito un achuchón". Y Max subiendo y bajándose los niveles mediante inquietantes movimientos oculares. De verdad, eso hay que verlo. El resto de personajes pasan sin pena ni gloria; Daniel Brühl está sosito a más no poder, en su línea habitual, y Marta Etura en su papel favorito de chica mona y sencilla que es objeto de deseo del protagonista. Como de costumbre su personaje no dice nada más ni aporta otra cosa a la historia que la pura coartada amorosa. Gracias a su presencia no faltan los besitos de rigor, las miradas de pasión, la tensión sexual no resuelta y, en fin, toda la parafernalia pseudoerótica que a la gente le suele gustar que salga en las películas.
Pero lo peor de todo, lo más espeluznante, como suele suceder y ya es costumbre en el cine español, es la aparición casi forzosa del niño-monstruo. En este caso, niña. Cielosssss, la niña de la peli es un verdadero paradigma de personaje infantil abominable, horroroso, repulsivo y perfectamente asesinable... Esa clase de niño que saca lo peor de nosotros, los adultos, la parte más oscura de nuestro yo íntimo.
Para más inri, te presentan a la niña como un modelo digno de clonación robótica; supuestamente tiene todas las cualidades que debería tener un niño robot: divertida, ingeniosa, simpática, agradable, con personalidad... La pura realidad es que la niña es un horrorrrr con todas las erres, sólo clonable en todo caso como robot torturador.
En definitiva, un pestiño más pero en rollito ciencia-ficción. Se salva el robot Homar, el gatito robot, que es una monada, y el alucine de las particulitas espaciales que se juntan y se separan para crear mentes artificiales, que molan un huevo. Lo demás un rollazo. Y la niña... simplemente execrable.
martes, 7 de agosto de 2012
No tengas miedo, by Montxo Armendáriz
Una película difícil de hacer, difícil de ver, probablemente muy difícil de interpretar, y también difícil de criticar. A mí me ha costado verla porque es un tema que me da especial repelús; conozco varios casos reales de abusos sexuales durante la infancia/adolescencia y me consta que el director se ha documentado bastante bien.
Lo que cuenta es muy parecido a lo que muchas víctimas podrían contar: el enemigo en casa; la relación ambivalente amor-odio con el agresor; el sentimiento de culpa (sobre todo si hay algún disfrute sexual, que suele haberlo); la actitud indolente, cuando no directamente cómplice, del resto de la familia, sobre todo las madres; y muy por encima de todo, el deseo de la víctima de que todo quede en casa y nada se sepa. Ya se sabe, los trapos sucios se lavan en casa.
El principal problema de los abusos domésticos es ése precisamente, que nadie denuncia ni quiere denunciar, salvo que algo le obligue a hacerlo. Algo como sospechar que los abusos pueden repetirse con otro niño de la familia, o como lo que pasa en la película, que a través de las secuelas que deja este asunto la persona termine padeciendo algún otro problema que tarde o temprano saque a relucir la verdad, y casi siempre, a costa de mucho tira y afloja por parte de los psiquiatras y psicólogos que tratan a la persona afectada. Vamos, que cuesta decirlo pero mucho más denunciarlo.
Y una vez dicho esto, y reconocido que Armendáriz se lo ha currado, también tengo que decir que hay un poso de impostura muy grande en la película. La interpretación de Michelle Jenner, aunque la pobre hace lo que puede con lo que Montxo le ordena, es un completo simulacro y su permanente cara de funeral tiene una clara finalidad efectista.
Por increíble que parezca, las personas que han sufrido abusos también se divierten, salen, se rien (sí, señores, se rien de vez en cuando, y algunas hasta cuentan chistes), bailan, hacen el tonto, se portan como todo el mundo... no van por la vida con un cartel que dice "tengo un trauma y necesito ayuda". Eso es falso, no es real, es trampa. Son personas normales, como tú y como yo, al menos en apariencia.
Y aquí es donde falla la historia. Lluís Homar (el padre abusador) sí suena a personaje real; de hecho es fácil odiarlo y morirse de asco cada vez que aparece. Belén Rueda (la madre consentidora) ya canta un poco más; en ella y en su indiferencia empieza un poco la impostura. Lo suyo suena a puro teatro (la escena del almuerzo con la hija en el restaurante roza el absurdo). Pero ya la víctima, Michelle Jenner, con ese aire perpetuo de... víctima. Vamos, es que es imposible que con esa cara y ese arrastre de pies durante toda la infancia, la adolescencia y buena parte de la juventud, absolutamente nadie se diera cuenta de que esa muchacha arrastraba un secreto inconfesable. Simplemente no cuela.
Lo que cuenta es muy parecido a lo que muchas víctimas podrían contar: el enemigo en casa; la relación ambivalente amor-odio con el agresor; el sentimiento de culpa (sobre todo si hay algún disfrute sexual, que suele haberlo); la actitud indolente, cuando no directamente cómplice, del resto de la familia, sobre todo las madres; y muy por encima de todo, el deseo de la víctima de que todo quede en casa y nada se sepa. Ya se sabe, los trapos sucios se lavan en casa.
El principal problema de los abusos domésticos es ése precisamente, que nadie denuncia ni quiere denunciar, salvo que algo le obligue a hacerlo. Algo como sospechar que los abusos pueden repetirse con otro niño de la familia, o como lo que pasa en la película, que a través de las secuelas que deja este asunto la persona termine padeciendo algún otro problema que tarde o temprano saque a relucir la verdad, y casi siempre, a costa de mucho tira y afloja por parte de los psiquiatras y psicólogos que tratan a la persona afectada. Vamos, que cuesta decirlo pero mucho más denunciarlo.
Y una vez dicho esto, y reconocido que Armendáriz se lo ha currado, también tengo que decir que hay un poso de impostura muy grande en la película. La interpretación de Michelle Jenner, aunque la pobre hace lo que puede con lo que Montxo le ordena, es un completo simulacro y su permanente cara de funeral tiene una clara finalidad efectista.
Por increíble que parezca, las personas que han sufrido abusos también se divierten, salen, se rien (sí, señores, se rien de vez en cuando, y algunas hasta cuentan chistes), bailan, hacen el tonto, se portan como todo el mundo... no van por la vida con un cartel que dice "tengo un trauma y necesito ayuda". Eso es falso, no es real, es trampa. Son personas normales, como tú y como yo, al menos en apariencia.
Y aquí es donde falla la historia. Lluís Homar (el padre abusador) sí suena a personaje real; de hecho es fácil odiarlo y morirse de asco cada vez que aparece. Belén Rueda (la madre consentidora) ya canta un poco más; en ella y en su indiferencia empieza un poco la impostura. Lo suyo suena a puro teatro (la escena del almuerzo con la hija en el restaurante roza el absurdo). Pero ya la víctima, Michelle Jenner, con ese aire perpetuo de... víctima. Vamos, es que es imposible que con esa cara y ese arrastre de pies durante toda la infancia, la adolescencia y buena parte de la juventud, absolutamente nadie se diera cuenta de que esa muchacha arrastraba un secreto inconfesable. Simplemente no cuela.
martes, 1 de noviembre de 2011
Los ojos de Julia, by Guillem Morales
Vamos a ver, es verdad que en esta peli se pasan algunos sustillos, no lo negaré. Pero se pasan porque una los quiere pasar, y para ello tiene que hacer de tripas corazón. Estás viendo una gilipollez, y lo sabes, pero te dices "Haz como si no te dieras cuenta de los pegos que hace esta tía y prepárate, que viene susto".
Es un poco lo que le pasa a la prota de la peli, que está ciega y no para de pegarse sustos pero se ve que le gusta y casi que los busca. La tía se pone ciega, y nunca mejor dicho, a base de adrenalinizarse a tope.
Me he pegado tremendo palo con Guillem Morales, que era un tipo que prometía bastante con su opera prima, "El habitante incierto", y que aquí sin embargo nos cuela una sarta increíble de despropósitos. Por su parte Belén Rueda se limita a pasear palmito y modelazos jugando a la gallinita ciega y poniendo cara de susto cuando toca, que es casi todo el rato porque Morales se ceba con ella a gusto; se ve que le deben de poner las tías en estado de canguelo porque en su peli anterior también tenía a la protagonista acojonada todo el tiempo. Y ahora que lo pienso, aquélla era inválida y estaba en silla de ruedas. Ay señor, este hombre es un pervertido.
Se salva algo? Pues sí, Lluís Homar, que es un tío que tiene oficio y se dedica a ejercerlo con seriedad y contención, que pa eso le pagan.
De verdad, si os molan las pelis de tías ciegas que se cagan por la patilla, os recomiendo mucho más que ésta "Sola en la oscuridad", con una maravillosa Audrey Hepburn pegándose trastazos contra los muebles con una categoría, un savoir faire y un saber tropezar que Belén Rueda ni en mil años podría imitar. Eso sí, la Rueda tiene mejores tetas, las cosas como son.
Es un poco lo que le pasa a la prota de la peli, que está ciega y no para de pegarse sustos pero se ve que le gusta y casi que los busca. La tía se pone ciega, y nunca mejor dicho, a base de adrenalinizarse a tope.
Me he pegado tremendo palo con Guillem Morales, que era un tipo que prometía bastante con su opera prima, "El habitante incierto", y que aquí sin embargo nos cuela una sarta increíble de despropósitos. Por su parte Belén Rueda se limita a pasear palmito y modelazos jugando a la gallinita ciega y poniendo cara de susto cuando toca, que es casi todo el rato porque Morales se ceba con ella a gusto; se ve que le deben de poner las tías en estado de canguelo porque en su peli anterior también tenía a la protagonista acojonada todo el tiempo. Y ahora que lo pienso, aquélla era inválida y estaba en silla de ruedas. Ay señor, este hombre es un pervertido.
Se salva algo? Pues sí, Lluís Homar, que es un tío que tiene oficio y se dedica a ejercerlo con seriedad y contención, que pa eso le pagan.
De verdad, si os molan las pelis de tías ciegas que se cagan por la patilla, os recomiendo mucho más que ésta "Sola en la oscuridad", con una maravillosa Audrey Hepburn pegándose trastazos contra los muebles con una categoría, un savoir faire y un saber tropezar que Belén Rueda ni en mil años podría imitar. Eso sí, la Rueda tiene mejores tetas, las cosas como son.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)