David Simon recrea en The Deuce la sórdida realidad del negocio del sexo en el New York de los años 70-80. La prostitución, el proxenetismo, la pornografía... todo lo que gira en torno a algo que es tan viejo como el mundo: el sexo de pago y todo el dinero que genera.
Tengo que reconocer que me costó engancharme. Hay tantas historias paralelas y tanta dispersión argumental que cuando empiezas a interesarte por algo que está pasando en la pantalla rápidamente se pasa a otro tema y te pegas un planchazo; tienes que esperar a que siga la historia que te interesaba y a lo mejor cuando vuelves a ella ya se te ha olvidado y te estabas enganchando a otra. Con ese método narrativo es muy difícil atrapar a la gente.
Y sin embargo el guión es bueno, y algunos personajes tienen indudable carisma. Por supuesto Candy, la prostituta interpretada por Maggie Gyllenhaal (que, por cierto, también es productora de la serie), que es para mí la protagonista indiscutible.
Me convence mucho más que James Franco en su papel de camarero bondadoso, compasivo y enrollado. Aparte de ser el único personaje masculino que medio se salva de la quema no tiene el menor interés. Es completamente plano, carente de emociones, sin vida. Me lo creo bastante más en el rol de hermano gemelo, el vividor follador multivicioso sin remedio.
Me parece muy interesante la recreación que Simon hace del submundo de la prostitución, sobre todo porque huye del victimismo femenino tan usual en estos temas. Las putas de la serie lo son porque quieren, es la forma de ganarse la vida que han elegido, incluso ellas deciden estar bajo la "protección" de su correspondiente chulo. O no hacerlo. Por ejemplo, Candy prefiere ir por su cuenta y no someterse a los dictados de ningún proxeneta, asumiendo las consecuencias de su libertad, y gestionando ella misma su trabajo.
El ambiente en el que se mueven las protagonistas es eminentemente machista, ellas son meros objetos de placer para los hombres, pero aún así de algún modo algunas llegan a empoderarse a través del sexo. Entienden que los hombres pueden ser marionetas en sus manos porque ellas poseen algo que ellos desean, y ahí está su verdadero poder. Una vez más es la prostituta Candy la que, al tomar las riendas de su vida, descubre el camino alternativo del cine porno y va abriendo ese camino a sus compañeras. Al mismo tiempo los proxenetas van perdiendo influencia sobre ellas, en el momento en que las chicas descubren que pueden desenvolverse en ese otro mundo sin ellos.
En el debate social sobre la prostitución esta serie aporta un interesante punto de vista. La conclusión que puede extraerse es que el negocio del sexo está ahí, mueve muchísimo dinero y es imposible destruirlo. Pero sí se puede dar a las mujeres que se dedican a él la capacidad de gestionar sus vidas, en lugar de perseguirlas, estigmatizarlas y condenarlas a la marginación social. Si hay hombres dispuestos a pagar para obtener sexo y hay mujeres que deciden libremente vivir de ello deben poder hacerlo con todas las garantías, y si algo hay que perseguir es la explotación, el proxenetismo y las mafias que rodean el negocio. Y punto.
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viernes, 20 de septiembre de 2019
viernes, 20 de marzo de 2015
Donnie Darko, by Richard Kelly
Ésta es una de esas películas en las que parece obligado que cada cual haga su interpretación de los hechos, dado el grado de perplejidad y confusión que le queda a casi todo el mundo, confusión que yo no entiendo en absoluto porque para mí todo está meridianamente claro. En mi opinión el guión de Richard Kelly más sencillo no puede ser. Pero en fin, ahí va mi explicación para los más torpecillos que no se hayan enterado de la peli:
Darko es un chico que vive en ciclos de 28 días, cuyo inicio siempre coincide con la violenta irrupción en su habitación de la turbina de un avión, acontecimiento que unas veces le pilla tumbado en la cama y otras veces le pilla dando vueltas por el parque con un amigo conejo que tiene. El conejo a veces se disfraza de vieja para ir al buzón de la esquina a mirar si hay cartas.
Darko unas veces se muere y otras veces no cuando la turbina entra en la habitación pero no pasa nada porque luego le sale del pecho una especie de holograma que lo resucita y le devuelve al próximo ciclo de 28 días, que suele coincidir con las reglas de su novia Grentchen. Una vez que ésta tuvo un retraso en su menstruación el ciclo de 28 días se trastocó por completo y la turbina en lugar de aterrizar en el cuarto de Donnie fue a parar a un puticlub, con el consiguiente susto de muerte que se pegó toda la clientela y trabajadoras del local. Pero bueno, esto es meramente anecdótico.
La clave de la película está en que el conejo Frank se enamora de Grentchen y entonces surge el inquietante dilema de la película: si Frank se casa con Grentchen y la deja embarazada, rompiendo así sus ciclos menstruales, qué pasará con la turbina del avión. Claro, ahí se tendría que abrir un agujero negro espacio-temporal en el que la turbina descansara durante todo el tiempo que durara el embarazo y el puerperio.
Como a Darko esto no le hace ni pizca de gracia, se mosquea y va a inundar el colegio, pero de camino a su casa se encuentra con un predicador pederasta y Donnie decide que la próxima vez que empiece un ciclo desviará la turbina hasta la casa del predicador, por guarro. A todo esto la hermana pequeña de Donnie baila en el cole con sus amigas y tiene un éxito de crítica y público más que aceptable.
El conejo un día le dice a Darko que tiene que sacrificarse por la humanidad muriendo bajo la turbina. Al muchacho, claro, esto le sienta fatal pero luego decide que, bueno, como cada vez que se muere luego resucita tampoco es nada del otro mundo. Qué coño, que se sacrifica, qué trabajo le cuesta.
Y así lo hace. Darko se queda quieto mientras la turbina le cae encima y su madre se fuma un cigarrillo en el jardín. Al mismo tiempo el agujero negro espacio-temporal cambia de repente de color y se pone rojo bermellón, con el consiguiente disgusto del muchacho, que no gana para berrinches. Pero bueno, se conforma porque ya queda poco para que Grentchen tenga la próxima regla y para comenzar un nuevo ciclo de 28 días y mandar al conejo vestido de vieja a que recoja las cartas del buzón.
Vamos, qué complicación le veis a esto. Yo no me explico por qué la gente se come tanto la cabeza. Es una historia que le podría pasar perfectamente a cualquiera de nosotros; de hecho yo conozco a uno que le pasaba algo bastante parecido.
Y por si faltara realismo, encima los dos hermanos protagonistas son Jake y Maggie Gyllenhaal, que también son hermanos en la vida real. Sólo faltaba que la madre y el padre fueran también los verdaderos y ya la historia no podría ser más verídica y más real. La gente es que se queja de vicio.
Darko es un chico que vive en ciclos de 28 días, cuyo inicio siempre coincide con la violenta irrupción en su habitación de la turbina de un avión, acontecimiento que unas veces le pilla tumbado en la cama y otras veces le pilla dando vueltas por el parque con un amigo conejo que tiene. El conejo a veces se disfraza de vieja para ir al buzón de la esquina a mirar si hay cartas.
Darko unas veces se muere y otras veces no cuando la turbina entra en la habitación pero no pasa nada porque luego le sale del pecho una especie de holograma que lo resucita y le devuelve al próximo ciclo de 28 días, que suele coincidir con las reglas de su novia Grentchen. Una vez que ésta tuvo un retraso en su menstruación el ciclo de 28 días se trastocó por completo y la turbina en lugar de aterrizar en el cuarto de Donnie fue a parar a un puticlub, con el consiguiente susto de muerte que se pegó toda la clientela y trabajadoras del local. Pero bueno, esto es meramente anecdótico.
La clave de la película está en que el conejo Frank se enamora de Grentchen y entonces surge el inquietante dilema de la película: si Frank se casa con Grentchen y la deja embarazada, rompiendo así sus ciclos menstruales, qué pasará con la turbina del avión. Claro, ahí se tendría que abrir un agujero negro espacio-temporal en el que la turbina descansara durante todo el tiempo que durara el embarazo y el puerperio.
Como a Darko esto no le hace ni pizca de gracia, se mosquea y va a inundar el colegio, pero de camino a su casa se encuentra con un predicador pederasta y Donnie decide que la próxima vez que empiece un ciclo desviará la turbina hasta la casa del predicador, por guarro. A todo esto la hermana pequeña de Donnie baila en el cole con sus amigas y tiene un éxito de crítica y público más que aceptable.
El conejo un día le dice a Darko que tiene que sacrificarse por la humanidad muriendo bajo la turbina. Al muchacho, claro, esto le sienta fatal pero luego decide que, bueno, como cada vez que se muere luego resucita tampoco es nada del otro mundo. Qué coño, que se sacrifica, qué trabajo le cuesta.
Y así lo hace. Darko se queda quieto mientras la turbina le cae encima y su madre se fuma un cigarrillo en el jardín. Al mismo tiempo el agujero negro espacio-temporal cambia de repente de color y se pone rojo bermellón, con el consiguiente disgusto del muchacho, que no gana para berrinches. Pero bueno, se conforma porque ya queda poco para que Grentchen tenga la próxima regla y para comenzar un nuevo ciclo de 28 días y mandar al conejo vestido de vieja a que recoja las cartas del buzón.
Vamos, qué complicación le veis a esto. Yo no me explico por qué la gente se come tanto la cabeza. Es una historia que le podría pasar perfectamente a cualquiera de nosotros; de hecho yo conozco a uno que le pasaba algo bastante parecido.
Y por si faltara realismo, encima los dos hermanos protagonistas son Jake y Maggie Gyllenhaal, que también son hermanos en la vida real. Sólo faltaba que la madre y el padre fueran también los verdaderos y ya la historia no podría ser más verídica y más real. La gente es que se queja de vicio.
domingo, 19 de mayo de 2013
Hysteria, by Tanya Wexler
"Qué es la histeria" Me preguntas mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. Qué es la histeria. Y tú me lo preguntas... Pues la histeria es esa cosa que, según la tesis desarrollada por Tanya Wexler en la película, nos pasa a las mujeres cuando estamos mal folladas. Y como la acción se sitúa en la Inglaterra victoriana, época en la que se supone que muy pocas mujeres estaban bien folladas, la histeria campaba a sus anchas por la alta sociedad cual epidemia de peligrosas proporciones.
La verdad es que el tema daba juego. Y si a eso le añadimos la invención del vibrador como herramienta curativa contra la temida histeria, podía haber dado mucho de sí. Podría si no fuera porque el guión es muy muy flojito y los chistes facilones y tontunos. Y la consulta del doctor Magic Fingers tiene su gracia los primeros cinco minutos, pero luego la cosa consiste en repetir paroxismos una y otra vez. Uyssss, tres paroxismos en cinco minutos, cuatro paroxismos seguidos... En fin, como sabe perfectamente cualquiera que haya experimentado un multiorgasmo, el primero se disfruta, el segundo bueeeeno, el tercero ya resulta cansino, y a partir del cuarto... es un puto coñazo. A ver si esto se acaba ya de una vez, hosssstia.
Lo mejor Maggie Gyllenhaal, la sufragista convencida de que la histeria es un cuento chino inventado para explicar todo lo que los hombres son incapaces de entender de las mujeres. Gyllenhaal, la inolvidable protagonista de "Secretary", como de costumbre llena la pantalla y literalmente engulle todo lo demás. Y teniendo en cuenta que su oponente, Hugh Dancy, tiene casi tanto carisma como un poste de teléfono, la verdad es que aquí no tiene mucho que engullir. Sólo es de agradecer que Wexler no haya puesto a su personaje a experimentar paroxismos. Hubiera sido insoportable.
La verdad es que el tema daba juego. Y si a eso le añadimos la invención del vibrador como herramienta curativa contra la temida histeria, podía haber dado mucho de sí. Podría si no fuera porque el guión es muy muy flojito y los chistes facilones y tontunos. Y la consulta del doctor Magic Fingers tiene su gracia los primeros cinco minutos, pero luego la cosa consiste en repetir paroxismos una y otra vez. Uyssss, tres paroxismos en cinco minutos, cuatro paroxismos seguidos... En fin, como sabe perfectamente cualquiera que haya experimentado un multiorgasmo, el primero se disfruta, el segundo bueeeeno, el tercero ya resulta cansino, y a partir del cuarto... es un puto coñazo. A ver si esto se acaba ya de una vez, hosssstia.
Lo mejor Maggie Gyllenhaal, la sufragista convencida de que la histeria es un cuento chino inventado para explicar todo lo que los hombres son incapaces de entender de las mujeres. Gyllenhaal, la inolvidable protagonista de "Secretary", como de costumbre llena la pantalla y literalmente engulle todo lo demás. Y teniendo en cuenta que su oponente, Hugh Dancy, tiene casi tanto carisma como un poste de teléfono, la verdad es que aquí no tiene mucho que engullir. Sólo es de agradecer que Wexler no haya puesto a su personaje a experimentar paroxismos. Hubiera sido insoportable.
miércoles, 1 de junio de 2011
Crazy heart (Corazón rebelde), by Scott Cooper
Reconozco que cuando leí algunas críticas de esta película me emocioné vivamente ante la perspectiva. Jeff Bridges el Grande, uno de mis actores favoritos, haciendo un papel de perdedor alcohólico y hecho trizas y ganando por fin el ansiado Oscar tan rácanamente escamoteado por otras interpretaciones geniales; y un recital de música country para completar la faena. Pinta de puta madre, no? Bueno, pues nada, una vez más mi gozo en un pozo. Bodrio al canto.
Coincido con los que piensan que manda huevos que le hayan dado el Oscar a este pedazo de monstruo por esta interpretación chusca y sumamente burda de ese borrachuzo cantante country constantemente asomado a la taza de un water. Nada que ver con el gran Lebowsy o con el rey pescador. El actor aquí se limita a exhibir las típicas poses alcohólicas y a aparecer con unas pintas lo suficientemente desagradables como para inspirar penilla y repulsión a partes iguales. Nada más.
El cuadro lo remata una insulsa Maggie Gyllenhaal totalmente alejada de aquel inolvidable papel que interpretó en "Secretary". Aquí da vida a una triste periodista que, cómo no, cae rendida en los brazos del sucio y borracho desecho humano interpretado por Bridges. Del encuentro surge una historia de amor que supuestamente llevará al protagonista a la redención. Besitos, achuchones, miraditas... en fin, todos los ingredientes menos uno: química. Ni existe ni puede existir porque, por extraño que pueda parecer, el personaje de Bridges carece del necesario carisma que podría haber hecho creíble semejante relación.
Eso sí, la música muy buena. Por ahí nada que objetar.
Como elemento interesante a destacar la increíble capacidad del protagonista de vomitar siempre en lugares apropiados. Para los pasotes de whisky que le vemos pegarse resulta cuando menos curioso que no termine ni una sola vez encharcado en su propio vómito o arrojándolo a los pies de sus fans. Nada, el tío superpulcro, siempre le da tiempo a salir corriendo en busca de un water, un basurero o recipiente similar. Y hasta que no mete la cabeza hasta el fondo no echa ni media gotilla. Todo un detallazo.
Coincido con los que piensan que manda huevos que le hayan dado el Oscar a este pedazo de monstruo por esta interpretación chusca y sumamente burda de ese borrachuzo cantante country constantemente asomado a la taza de un water. Nada que ver con el gran Lebowsy o con el rey pescador. El actor aquí se limita a exhibir las típicas poses alcohólicas y a aparecer con unas pintas lo suficientemente desagradables como para inspirar penilla y repulsión a partes iguales. Nada más.
El cuadro lo remata una insulsa Maggie Gyllenhaal totalmente alejada de aquel inolvidable papel que interpretó en "Secretary". Aquí da vida a una triste periodista que, cómo no, cae rendida en los brazos del sucio y borracho desecho humano interpretado por Bridges. Del encuentro surge una historia de amor que supuestamente llevará al protagonista a la redención. Besitos, achuchones, miraditas... en fin, todos los ingredientes menos uno: química. Ni existe ni puede existir porque, por extraño que pueda parecer, el personaje de Bridges carece del necesario carisma que podría haber hecho creíble semejante relación.
Eso sí, la música muy buena. Por ahí nada que objetar.
Como elemento interesante a destacar la increíble capacidad del protagonista de vomitar siempre en lugares apropiados. Para los pasotes de whisky que le vemos pegarse resulta cuando menos curioso que no termine ni una sola vez encharcado en su propio vómito o arrojándolo a los pies de sus fans. Nada, el tío superpulcro, siempre le da tiempo a salir corriendo en busca de un water, un basurero o recipiente similar. Y hasta que no mete la cabeza hasta el fondo no echa ni media gotilla. Todo un detallazo.
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