sábado, 4 de octubre de 2025

La caza. Irati (Miniserie), by Agustín Martínez y Luis Moya

Ya hice una crítica conjunta en su día de las tres primeras temporadas de "La caza" porque las vi casi del tirón y me pareció que había una línea argumental que culminaba en el Guadiana y que justificaba un análisis global.  En su momento aprobé por los pelos lo que creí que era una trilogía cerrada y alabé moderadamente el trabajo de sus creadores, Agustín Martínez y Luis Moya.

Titulé aquella crítica tal que así: "es para comerse el coco que hayan juntao tanto loco". La protagonista de la serie, la sargento Sara Campos, ahora reconvertida en psicóloga de la Guardia Civil, manda cojones, ya estaba como una puta cabra en aquellas entregas. Recordaréis que hablaba constantemente con una señora que se le aparecía fumando como un carretero. Era una paranoia total pero, al lado del nivel al que llega en esta entrega, la sargento Campos de aquella época era un dechado de cordura.

Para empezar aquí entra un elemento nuevo, la mitología vasca, que ocupa algo así como la mitad de cada episodio. Os cuento un poco, para que os hagáis una idea:

Resulta que la diosa Mari vivía en el Ambotxo con su primo Oiz y entonces llegó la bruja de Murumendi que venía acompañada por el aizkolari Txindoki  y montaron un aquelarre en el monte Aquetegui, y entonces el señor de las montañas, el gran Supelegor subió hasta la Gorbea y encontraron a los alluitz, unos seres que vivían allí y adoraban a la diosa Gaueko, que tenía un hijo, Ilargi, enamorado de la ninfa Ataun, que fue secuestrada por los malvados duendes ximelgorris, que la dejaron embarazada y tuvo una hija llamada llamada Mariurrika, que fue a la kobea de Artaungo y allí le hicieron un aguindi de Aquetegui antes de tirarla al río Atxa, de donde los alluitz la rescataron después de una eskaterra con los ximelgorris de la zona de Txumarragui, que venían al mando de Txindoki. Total, que con la kontxa de la Mari se hizo un pintxo el aizkolari.

Pues más o menos esta es la trama de fondo de la entrega Irati. Claro, con estos mimbres os podéis hacer una idea de que esto era justo lo que le faltaba a la pobre sargento Sara Campos, ahora reconvertida en psicóloga de la Guardia Civil, para ya terminar de perder la poca chaveta que aún le quedaba a la mujer.

En este aspecto tengo que reconocer que Megan Montaner hace el papel de su vida porque, de verdad, más cara de chiflada no se puede tener. Y ya lo siguiente es spoiler porque no quiero desvelar cómo termina lo de los alluitz con los ximelgorris en el Ambotxo de los aguindis de Artautxo.

(Spoiler) Resulta que hay unos niños que han vivido durante años en una zona del bosque totalmente aislada, a la que nunca ha llegado nadie, desconocida para los habitantes de toda esa zona, pero no sabemos cómo hasta allí han llegado electrodomésticos de todo pelaje, incluso unas placas solares fotovoltaicas. A los niños solo les faltaba una conexión a Internet en medio de la selva. Tenían absolutamente de todo: nevera, tele, vídeo, un mobiliario que ya lo quisiera para sí cualquier casita rural con encanto. Vale, hasta allí no llega la furgo del Mercadona pero han conseguido montarse un chabolo al que no le falta un detalle, tipo Cañada Real Deluxe. Cómo consiguió el padre de los niños estos llevar todas esas cosas hasta esa zona recóndita del bosque sin que nadie se diera cuenta es algo que escapa por completo  a cualquier tipo de raciocinio humano. Habrá que preguntarle a la diosa Mari.


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