Vaya por delante que no participo de esa nueva religión tan de moda que se ha dado en llamar "violencia de género", ya que esto tiene mucho que ver en mi valoración de esta película.
Yo creo, eso sí, en la violencia doméstica, que puede adoptar muchas formas y que no tiene nada que ver con el género; hay violencia de padres a hijos, de hijos a padres, de maridos a mujeres y de mujeres a maridos, de cuidadores a dependientes o ancianos, etc. Cuando más de dos personas conviven bajo el mismo techo es muy frecuente y muy probable que una de las dos, la más insegura o la más fuerte, termine descargando su ira sobre la otra ya sea psicológica o físicamente. Por lo tanto el planteamiento de la película y el aprovechamiento que hace de esta corriente social infumable sobre el género ya me rechinan de entrada.
Dicho esto, tengo que valorar varias cosas:
1. Que no se demonice la figura del maltratador y se le dote de entidad humana, capacidad de sufrir y de intentar luchar contra su ira descontrolada. Esto es importante porque incluso he leído críticas en las que se reprocha precisamente que se humanice a "esa clase de animales". En fin, el marketing en torno a un tema puede conseguir estos despropósitos.
2. Luis Tosar, ese pedazo de actor, que no necesita más que los ojos para expresarlo todo. Sólo por él no me importa tragarme todos los manifiestos de género del mundo si hiciera falta.
3. Algunas escenas de violencia psicológica son verdaderamente impresionantes, la ya mencionada por casi todo el mundo de la terraza es un vivo ejemplo de ellas.
4. A pesar del preponderante mensaje sobre el machismo, creo sinceramente que Iciar Bollaín hace un esfuerzo por huir del maniqueísmo reinante y por plantear la trama desde puntos de vista diferentes al meramente genérico. Tengo la sensación de que ella misma intuye que esto es algo más que la historia de un tío machista que no soporta que su mujer se libere. O al menos a mí me lo parece.
Sin embargo, y a pesar de estas cualidades, me niego a aprobar un producto destinado a abundar en ese sinsentido político en el que se ha convertido todo este rollo de la violencia machista, que además tanto daño está haciendo a la sociedad, porque al errar en el diagnóstico (el dichoso género) difícilmente se podrán abordar soluciones eficaces. Y así vamos, cada vez a más.
Yo creo, eso sí, en la violencia doméstica, que puede adoptar muchas formas y que no tiene nada que ver con el género; hay violencia de padres a hijos, de hijos a padres, de maridos a mujeres y de mujeres a maridos, de cuidadores a dependientes o ancianos, etc. Cuando más de dos personas conviven bajo el mismo techo es muy frecuente y muy probable que una de las dos, la más insegura o la más fuerte, termine descargando su ira sobre la otra ya sea psicológica o físicamente. Por lo tanto el planteamiento de la película y el aprovechamiento que hace de esta corriente social infumable sobre el género ya me rechinan de entrada.
Dicho esto, tengo que valorar varias cosas:
1. Que no se demonice la figura del maltratador y se le dote de entidad humana, capacidad de sufrir y de intentar luchar contra su ira descontrolada. Esto es importante porque incluso he leído críticas en las que se reprocha precisamente que se humanice a "esa clase de animales". En fin, el marketing en torno a un tema puede conseguir estos despropósitos.
2. Luis Tosar, ese pedazo de actor, que no necesita más que los ojos para expresarlo todo. Sólo por él no me importa tragarme todos los manifiestos de género del mundo si hiciera falta.
3. Algunas escenas de violencia psicológica son verdaderamente impresionantes, la ya mencionada por casi todo el mundo de la terraza es un vivo ejemplo de ellas.
4. A pesar del preponderante mensaje sobre el machismo, creo sinceramente que Iciar Bollaín hace un esfuerzo por huir del maniqueísmo reinante y por plantear la trama desde puntos de vista diferentes al meramente genérico. Tengo la sensación de que ella misma intuye que esto es algo más que la historia de un tío machista que no soporta que su mujer se libere. O al menos a mí me lo parece.
Sin embargo, y a pesar de estas cualidades, me niego a aprobar un producto destinado a abundar en ese sinsentido político en el que se ha convertido todo este rollo de la violencia machista, que además tanto daño está haciendo a la sociedad, porque al errar en el diagnóstico (el dichoso género) difícilmente se podrán abordar soluciones eficaces. Y así vamos, cada vez a más.
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