Nada mejor para saborear un buen vino que una buena película y una buena compañía. Y nada mejor para acompañar a una buena película que una copa de excelente vino en buena compañía. Dos cosas que se complementan perfectamente, y como se da la casualidad de que siempre que veo esta película cumplo con el ritual, por lo menos por lo menos le tengo que subir dos puntos a su valor cinematográfico estricto. Así que van ocho puntos por la peli y dos más por el acompañamiento vitícola.
Simplemente d-e-l-i-c-i-o-s-a.
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