jueves, 17 de marzo de 2011

Balas sobre Broadway, by Woddy Allen.

Allen, años 20, escritores y gángsteres. Se abre el telón. Un gángster colgado de una corista completamente pirada dispuesto a todo por convertirla en actriz, un dramaturgo en ciernes que busca financiación para estrenar, un matón a sueldo que resulta ser un genio del teatro, una diva alcohólica y pasada de vueltas, y un elenco imposible para una obra en contínua transformación... Éstos son los ingredientes con los que Woody monta el lío esta vez.

Y como muestra de lo que hace con ellos, un botón:

- Camarero, dos martinis muy secos.

- Cómo sabías lo que iba a tomar?

- Ah, pero tú también querías?

No, no creo que sea una de las obras maestras de Woody, pero tiene diálogos francamente geniales, como prácticamente todas sus películas (menos alguna digna de fusilamiento que quisiera borrar de mi memoria). En todo caso hay que verla, hay que reirse con ella y hay que disfrutar con la ambientación años 20, con los disparatados personajes, y con ese toque Allen que sólo él puede recrear.
spoiler:
El diálogo final, lo mejor. El protagonista y su novia hablando por el balcón con el amante de ella al lado y la examante de él en el balcón de enfrente.

- Es muy buen amante, y en gran cantidad.

- Pero la cantidad no importa, importa la calidad.

- Sí que importa; la cantidad implica calidad.

- Quién lo dice?

- Karl Marx.

- Estamos hablando de economía?

Y culmina:

- Lo siento, te dejo, siempre amaré a David. No te diste cuenta de que en todos mis orgasmos gritaba "David, David"?

- Creí que decías "Dame, dame".

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