El título es realmente bueno.
Y Hugh Grant es el actor perfecto para esta película.
El vídeo del principio es una pasada, pedazo hallazgo.
Y el tema principal, el que se curran los protas, es una gran canción.
Pero qué pena, qué desperdicio. Porque lo demás...
Lo demás es una mierda como la copa un pino.
- Uffff, qué complicado es esto de escribir la letra de una canción.
- No es tan complicado, hombre. Solo hay que currárselo.
- Quién llama? Ah, sí, la que viene a regar las plantas.
- Hola, vengo a regar las plantas. Pero ustedes a lo suyo.
- Vale, vale. Jo. tío, no se me ocurre nada.
- No se me ocurre naaaaada, vaya tremenda putaaaaada.
- Jodeeeeeer. La regadora es una letrista maravillosa. La has oído?
- Es la hossstia! Jamás se me habría podido ocurrir una rima tan buena.
- Nena nena, puedes repetir lo de tremenda putaaaaaaada?
- No lo puedo repetir porque yo soy del Madrid.
- Wawwwwwww, qué tíaaaaa! Jamás encontraremos un letrista tan genuino y natural.
- Nena nena, di algo, suelta por esa boquita lo que se te ocurra.
- Pos se me ocurre un pasote pero rima con cipote.
- Wawwwwww, qué mujer, qué letras, qué pasadaaaaa!
- Yo sentencio con holgura puesto que mi alma es pura.
- Hijaputaaaaaa, sigue sigue que tengo dineroooooooo.
- Has puesto la grabadora pa grabar a servidora?
- La tengo puesta a tope aunque rime con cipote.
- Vaya, pos se te ha pegado mi afición por el rimado.
- Hossstias, pues es eso es cierto, esto ha sido un gran acierto.
- Pues a ver si nos damos prisa antes de que nos dé la risa.
- Te das cuenta, bellezón, de que aquí hay mucha pasión?
- Me doy cuenta, muchachote, de que te encanta mi escote.
- No seas burda, chavalita, y escríbeme otra letrita.
Y así se pasan horas y horas estos dos, uno la música y la otra la letra.
Un puto coñazo. Eso sí, gracias Marc Lawrence por:
1. El vídeo del principio.
2. La banda sonora. Por Way back into love, gran canción, sí señor. Las cosas como son.
viernes, 12 de febrero de 2016
miércoles, 10 de febrero de 2016
Nunca te prometí un jardín de rosas, by Anthony Page
Podríamos decir que esta película de sugerente y afortunadísimo título es la representación de la esquizofrenia contada por una esquizofrénica. O la locura contada por una loca. De hecho es así, puesto que se basa en la novela autobiográfica de Joanne Greenberg, una mujer aquejada por esta terrible enfermedad mental que cuenta con todo lujo de detalles su experiencia.
Muchas de las circunstancias y las situaciones que aparecen en la película recuerdan a ese otro film prodigioso que narra la vida del matemático John Nash, “Una mente maravillosa”, donde también el protagonista tiene que luchar duramente contra las voces y los fantasmas que habitan en su atormentada psique.
Anthony Page nos muestra en la película perfectamente lo duro que es el dolor emocional que padecen estas personas y cómo esos laberintos que se crean en sus mentes, esas dobles vidas imaginarias, no son más que una forma retorcida de huir del dolor emocional.
Hay una escena preciosa y durísima al mismo tiempo en la que la protagonista se quema el brazo con un cigarrillo y empieza a gritar de alegría, porque por primera vez ha sentido dolor físico. Es decir, lo hacía porque era incapaz de sentir la quemadura y su cura empieza en el mismo instante en el que ese dolor por fin aparece y eso la convierte en una persona “normal”.
Otro momento mágico es el del partido de béisbol, cuando las dos compañeras de la clínica, ya libres, comprueban que la felicidad puede consistir sencillamente en hacer lo que hacen las personas normales.
Magistral y conmovedora la interpretación de Kathleen Quinlan e igualmente maravillosa la presencia de la guapísima Bibi Andersson en el papel de psiquiatra que se implica a muerte en el caso de su joven paciente para intentar apagar esas voces que la atormentan y salvarla de su enfermiza mente. Destacar también el fantástico elenco de actrices secundarias que interpretan magníficamente al resto de locas. La verdad es que el responsable del casting se merece un inmenso y caluroso aplauso que desde aquí aprovecho para darle.
Muchas de las circunstancias y las situaciones que aparecen en la película recuerdan a ese otro film prodigioso que narra la vida del matemático John Nash, “Una mente maravillosa”, donde también el protagonista tiene que luchar duramente contra las voces y los fantasmas que habitan en su atormentada psique.
Anthony Page nos muestra en la película perfectamente lo duro que es el dolor emocional que padecen estas personas y cómo esos laberintos que se crean en sus mentes, esas dobles vidas imaginarias, no son más que una forma retorcida de huir del dolor emocional.
Hay una escena preciosa y durísima al mismo tiempo en la que la protagonista se quema el brazo con un cigarrillo y empieza a gritar de alegría, porque por primera vez ha sentido dolor físico. Es decir, lo hacía porque era incapaz de sentir la quemadura y su cura empieza en el mismo instante en el que ese dolor por fin aparece y eso la convierte en una persona “normal”.
Otro momento mágico es el del partido de béisbol, cuando las dos compañeras de la clínica, ya libres, comprueban que la felicidad puede consistir sencillamente en hacer lo que hacen las personas normales.
Magistral y conmovedora la interpretación de Kathleen Quinlan e igualmente maravillosa la presencia de la guapísima Bibi Andersson en el papel de psiquiatra que se implica a muerte en el caso de su joven paciente para intentar apagar esas voces que la atormentan y salvarla de su enfermiza mente. Destacar también el fantástico elenco de actrices secundarias que interpretan magníficamente al resto de locas. La verdad es que el responsable del casting se merece un inmenso y caluroso aplauso que desde aquí aprovecho para darle.
martes, 9 de febrero de 2016
Un amigo para Frank, by Jake Schreier
VENTAJAS DE TENER COMO MEJOR AMIGO A UN ROBOT
1. No tienes que invitarlo a copas ni a comilonas ni nada.
2. No tienes que preocuparte de regalarle ropa ni complementos por su cumple.
3. Consecuentemente tampoco tienes que preocuparte de que vaya hecho un adefesio, mal afeitado o con los pelos infames.
4. Los robots no tienen familia, así que no tendrás que soportar esposas petardas ni hijos adolescentes ni nada por el estilo.
5. Si vive contigo jamás tendrás que esperar para entrar al baño porque esté ocupado.
6. Y no encontrarás pelos de nadie en la ducha, salvo los tuyos.
7. Los robots no roncan ni les chirrían los dientes, porque no tienen.
8. Lo puedes desconectar cuando te esté incordiando o cuando te apetezca estar solo.
DESVENTAJAS DE TENER COMO MEJOR AMIGO A UN ROBOT.
1. Que se eche de amigos a otros robots y te inviten a sus insoportables reuniones robóticas.
2. Que si haces una peli sobre vuestra amistad lo único que la gente verá es a un tipo hablando todo el tiempo con una máquina y a la máquina intentando recordarle eso, que está hablando con una máquina, lo cual puede resultar pelín coñazo. Por mucho que el que te lo cuente se llame Jake Schreier y tú seas la polla como actor y te llames Frank Langella.
1. No tienes que invitarlo a copas ni a comilonas ni nada.
2. No tienes que preocuparte de regalarle ropa ni complementos por su cumple.
3. Consecuentemente tampoco tienes que preocuparte de que vaya hecho un adefesio, mal afeitado o con los pelos infames.
4. Los robots no tienen familia, así que no tendrás que soportar esposas petardas ni hijos adolescentes ni nada por el estilo.
5. Si vive contigo jamás tendrás que esperar para entrar al baño porque esté ocupado.
6. Y no encontrarás pelos de nadie en la ducha, salvo los tuyos.
7. Los robots no roncan ni les chirrían los dientes, porque no tienen.
8. Lo puedes desconectar cuando te esté incordiando o cuando te apetezca estar solo.
DESVENTAJAS DE TENER COMO MEJOR AMIGO A UN ROBOT.
1. Que se eche de amigos a otros robots y te inviten a sus insoportables reuniones robóticas.
2. Que si haces una peli sobre vuestra amistad lo único que la gente verá es a un tipo hablando todo el tiempo con una máquina y a la máquina intentando recordarle eso, que está hablando con una máquina, lo cual puede resultar pelín coñazo. Por mucho que el que te lo cuente se llame Jake Schreier y tú seas la polla como actor y te llames Frank Langella.
lunes, 8 de febrero de 2016
American Cuisine, by Jean-Yves Pitoun
Reconozco que tengo debilidad por las historias que transcurren entre fogones. Y si hay amor de por medio más. No hay imagen que me resulte más erótica y más sugerente que esa que se repite siempre en este tipo de pelis cuando alguien da de comer extasiado a alguien con los dedos y casi se puede sentir el olor de la comida, el sabor, la textura, las especias… Porque además tienen la ventaja de que aunque la historia sea un rollo como la copa un pino siempre te puedes regodear mirando los platos, las presentaciones, los vinos, la elegancia de una bonita mesa. Los que apreciamos este tipo de cosas y gozamos de cierto apego al sibaritismo no podemos evitar deleitarnos con esas imágenes si están bien hechas. Y en este caso lo están, doy fe.
Creo que Pitoun retrata además bastante bien lo que es el mundo de la alta cocina. Las presiones, el estrés, la locura, la responsabilidad, la falta de rentabilidad económica, la dificultad de hacer negocio… De hecho incluso en un momento uno de los personajes hace referencia a un gran chef que se suicida por haber perdido una de sus estrellas, algo que acerca bastante el film a la actualidad más inmediata. Recientemente se ha producido un caso muy similar en el mundo de la cocina de élite y viendo la película no pude evitar relacionarla con tan triste acontecimiento. La presión a la que se ven sometidos los grandes chefs para conservar la categoría de sus restaurantes es tremenda, y esto unido a la ruina económica que a veces suponen estos negocios hace que de vez en cuando se repitan desgraciadamente este tipo de hechos luctuosos.
En fin, de todas formas tengo que decir que aparte de todo esto el hilo argumental de la historia de amor entre los protagonistas es bastante flojilla, y a pesar de que la sola presencia de la asquerosamente guapísima, estilosísisma, elegantísima y perfectísima
Irène Jacob puede ser motivo adicional de goce, sobre todo para los caballeros, no puedo decir que haya apreciado la menor química entre su personaje y el del cocinero americano. Lo cual le quita bastantes puntos pero que se compensan en gran parte por esos primeros planos alucinantes de pescados, mariscos, frutas y exquisiteces de todo tipo con los que el director nos obsequia.
Eso sí, como suele pasar siempre con este tipo de films queda terminantemente prohibido verlos en ayunas. Lo ideal, lo que les da un plus de placentero éxtasis es verlas con un bonito y bien montado plato de alguna delicatessen y con una copa de buen vino. Si además hay buena compañía la experiencia puede ser verdaderamente gratificante, casi cercana a lo místico.
Creo que Pitoun retrata además bastante bien lo que es el mundo de la alta cocina. Las presiones, el estrés, la locura, la responsabilidad, la falta de rentabilidad económica, la dificultad de hacer negocio… De hecho incluso en un momento uno de los personajes hace referencia a un gran chef que se suicida por haber perdido una de sus estrellas, algo que acerca bastante el film a la actualidad más inmediata. Recientemente se ha producido un caso muy similar en el mundo de la cocina de élite y viendo la película no pude evitar relacionarla con tan triste acontecimiento. La presión a la que se ven sometidos los grandes chefs para conservar la categoría de sus restaurantes es tremenda, y esto unido a la ruina económica que a veces suponen estos negocios hace que de vez en cuando se repitan desgraciadamente este tipo de hechos luctuosos.
En fin, de todas formas tengo que decir que aparte de todo esto el hilo argumental de la historia de amor entre los protagonistas es bastante flojilla, y a pesar de que la sola presencia de la asquerosamente guapísima, estilosísisma, elegantísima y perfectísima
Irène Jacob puede ser motivo adicional de goce, sobre todo para los caballeros, no puedo decir que haya apreciado la menor química entre su personaje y el del cocinero americano. Lo cual le quita bastantes puntos pero que se compensan en gran parte por esos primeros planos alucinantes de pescados, mariscos, frutas y exquisiteces de todo tipo con los que el director nos obsequia.
Eso sí, como suele pasar siempre con este tipo de films queda terminantemente prohibido verlos en ayunas. Lo ideal, lo que les da un plus de placentero éxtasis es verlas con un bonito y bien montado plato de alguna delicatessen y con una copa de buen vino. Si además hay buena compañía la experiencia puede ser verdaderamente gratificante, casi cercana a lo místico.
viernes, 5 de febrero de 2016
Odette, una comedia sobre la felicidad, by Eric-Emmanuel Schmitt
Me gustaban de Odette cuatro cosas.
Me sentía identificada con ella porque...
- Yo también levito cuando me siento feliiiiz.
- Yo también estoy un poco loca y soy bastante friki.
- Yo también bailo por la casa y me monto extrañas coreografías.
- Yo también me evado del mundo leyendo y si cae una bomba ni me entero.
Hasta aquí todo perfecto. Odette me gustaba.
Lo malo empieza cuando empiezan las gilipolleces:
- Las peluqueras también leen. No hay que ser elitista con la literatura.
- Los peluqueros son irremediablemente gays y además superpromiscuos.
- Las mujeres maltratadas van siempre con el famosísimo labio partido delator.
- Los críticos literarios son unos cabrones que odian a los escritores que venden.
- Los buenos escritores son unos hijosdeputa que odian a los escritores que venden.
- Las mujeres buenas cocinan sesos y riñones para que los suyos estén fuertes y sanos.
Y Odette me empieza a parecer una insoportable petarda.
Tan buena. Tan sana. Tan sabia. Tan feliz.
Y me entran unas ganas locas de ser mala malota.
Y me entran unas ganas locas de ver el Sálvame Deluxe.
Y me entran unas ganas locas de zamparme una enorme hamburguesa.
Y me entran unas ganas locas de reivindicar la infelicidad como estilo de vida.
Tanta felicidad ni tanta polla.
Tanta levitación ni tanto buen rollito.
Y Schmitt al final es un plasta de mucho cuidao.
Y Catherine Frot, lo sé, aparecerá esta noche levitando en mis pesadillas.
Me sentía identificada con ella porque...
- Yo también levito cuando me siento feliiiiz.
- Yo también estoy un poco loca y soy bastante friki.
- Yo también bailo por la casa y me monto extrañas coreografías.
- Yo también me evado del mundo leyendo y si cae una bomba ni me entero.
Hasta aquí todo perfecto. Odette me gustaba.
Lo malo empieza cuando empiezan las gilipolleces:
- Las peluqueras también leen. No hay que ser elitista con la literatura.
- Los peluqueros son irremediablemente gays y además superpromiscuos.
- Las mujeres maltratadas van siempre con el famosísimo labio partido delator.
- Los críticos literarios son unos cabrones que odian a los escritores que venden.
- Los buenos escritores son unos hijosdeputa que odian a los escritores que venden.
- Las mujeres buenas cocinan sesos y riñones para que los suyos estén fuertes y sanos.
Y Odette me empieza a parecer una insoportable petarda.
Tan buena. Tan sana. Tan sabia. Tan feliz.
Y me entran unas ganas locas de ser mala malota.
Y me entran unas ganas locas de ver el Sálvame Deluxe.
Y me entran unas ganas locas de zamparme una enorme hamburguesa.
Y me entran unas ganas locas de reivindicar la infelicidad como estilo de vida.
Tanta felicidad ni tanta polla.
Tanta levitación ni tanto buen rollito.
Y Schmitt al final es un plasta de mucho cuidao.
Y Catherine Frot, lo sé, aparecerá esta noche levitando en mis pesadillas.
martes, 2 de febrero de 2016
Déjame entrar, by Tomas Alfredson
Pues una vez más me parece que voy a tener que llevarle la contraria al común de los mortales. Debo de ser la única persona a la que le ha gustado mucho más el remake americano de esta película que el original sueco.
A mí la versión yanqui me gustó muchísimo porque no me pareció una peli de vampiros al uso sino que me enganchó totalmente por su contenido dramático, la historia del niño acosado y solitario que encuentra compañía y comprensión en la muchacha vampira. El chaval me parecía conmovedor y la niña no solo no daba miedo sino que daban mucho más pavor los impresentables compañeros de colegio del muchacho.
El niño de la versión sueca, tan rubio, tan blanquito, sin cejas ni pestañas visibles, con los rasgos faciales desdibujados, con esa insulsez fantasmagórica propia de las fisonomías escandinavas… me da casi más miedo que su amiga vampira. Nada que ver con el sentimiento de empatía y de protección que me inspiraba el otro chaval. Por no hablar de que la niña del film sueco, Lina Leandersson, carece por completo del aspecto frágil y etéreo de la chiquilla del remake. A mí a la draculina esta no me dan ganas de cogerla en brazos y acunarla tiernamente como sí me daba Moretz.
Tal vez la explicación de que no me haya gustado la película original sea esta aversión mía hacia la estética escandinava. O tal vez, y esto me parece más probable, esté en algo que dice en su crítica sobre el remake Salvador Llopart, de La Vanguardia: “No es un remake sino una relectura. Lo que en la primera era poesía aquí es inmejorable prosa, un relato de trazo claro y elocuente sobre el bien y el mal”.
Eso explicaría perfectamente mi identificación con la segunda versión, dado que ni la poesía es lo mío ni el cine definido como poético me ha apasionado nunca. Y efectivamente soy mucho más prosaica, lo mío indiscutiblemente es lo narrativo, y por eso he podido entender perfectamente ese relato claro sobre el bien y el mal que en la primera versión solo se insinuaba vagamente entre imágenes de fuerte impacto visual, puede que llenas de intenso lirismo, pero que a mí no me dicen nada.
En definitiva, que el halo poético que Tomas Alfredson le imprime a su película a mí me ha dejado más fría que el paisaje helado en el que ambienta los hechos. Y que me parece todo mucho más impactante, potente, diáfano y conmovedor en la versión americana. He dicho.
lunes, 1 de febrero de 2016
Tú, yo y todos los demás, by Miranda July
LO QUE ME GUSTA:
- La escena inicial. Un pececillo abandonado en el techo de un coche, condenado a morir de forma inminente. De repente se pone en marcha la operación “Salvar al pececillo”.
- El niño pequeño chateando con el adulto. Buenísimo. Su candor y su ingenuidad son lo mejor de la película:
Adulto: Qué me harías si quedáramos?
Niño: Quiero cagar de ida y vuelta.
Adulto: Y eso qué es?
Niño: Yo cago dentro de tu culo y tú cagas de vuelta en el mío y lo seguimos haciendo todo el tiempo de ida y vuelta con la misma caca. Para siempre.
- Los zapatos YOU and ME acercándose y alejándose, acercándose y alejándose.
- El encuentro en el parque de los dos amantes del Chat, los de la cagada de ida y vuelta. Una escena preciosa.
LO QUE NO ME GUSTA:
- Las historias paralelas de la niña que prepara su ajuar o la de las dos adolescentes petardas a las que les escribe mensajes guarros un vecino salido. Qué coñazo! Aparte de que no aportan nada a la película.
- Pero fundamentalmente lo que menos soporto y hace que la cinta baje muchos puntos en mi apreciación es la protagonista y su estilo flower. Sus performances, sus grabaciones, sus monólogos infumables y hasta sus andares saltarines. Terminé odiando a Miranda July y su toque vomitivamente naif. Si por ella hubiese sido no habría llegado al final ni harta vino. Pero luego estaban el crío y las caritas de alucinado de John Hawkes y algunos diálogos que me encandilaron y el pececillo… y conseguí soportar estoicamente la insoportable faz de la repelente Miranda. Y tengo que decir que después de todo mereció la pena.
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