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lunes, 18 de abril de 2016

Sólo el cielo lo sabe, by Douglas Sirk

Tengo que aclarar que no soy muy aficionada al melodrama clásico y que he visto esta película por recomendación de un amigo. Reconozco que yo del cine de los 50 disfruto mucho más con la comedia que con el drama, que tiende a la exageración y a la desmesura emocional de una forma que roza lo ridículo y sonrojante para el espectador moderno.

Pero obviando lo anterior y ateniéndome exclusivamente al aspecto argumental, la película me parece maniquea al máximo, como casi todo el cine de esa década. Los amigos de ella son casi sin excepción insoportables, estirados, falsos, hipócritas, maleducados... lo peor de lo peor. Los hijos superegoístas, la niña más repelente y más tonta no puede ser, odiosa desde el primer fotograma hasta el último; dan unas ganas de incrustarle las gafas en los ojos que pa qué. Los amigos de él en cambio todos encantadores, acogedores, sinceros, auténticos. Resulta difícil imaginar dos entornos sociales más contrapuestas y dos tipos de personas más dispares.

En realidad el melodrama de los 50 tiende a considerar al espectador bastante tonto y por lo tanto ve necesario ponerle las cosas muy claritas para que no se equivoque respecto a quiénes son los malos y quiénes los buenos. Tienes que ver muy bien y sin lugar a dudas qué es lo que esa mujer debería de hacer, que es naturalmente seguir los dictados de su corazón.  Entre esa gentuza con la que ella se junta y los encantadores amigos del jardinero... por diosssss, es que no hay color. Así que el espectador sufre como un gusano viendo cómo ella está dispuesta a sacrificar una vida hermosa con un hombre maravilloso en un bonito molino con vistas a un paisaje encantador lleno de preciosos cervatillos para quedarse en una casa triste y convencional mirando una tele gris y rodeada de unos amigos... tontos no, lo siguiente, y totalmente abandonada por sus  ingratos hijos.

Por supuesto no existe la posibilidad de que entre sus amigos haya gente interesante con la que hablar y pasar buenos ratos. Ni que entre los amigos de él haya algún cerdo, algún borracho pestilente o algún viejo verde que le meta mano a ella. No, eso solo lo hay entre la sociedad burguesa en la que ella se mueve. Los de él son todos unos amiguetes de puta madre, supercolegas y más majos que el copón.

Hay algo muy infantil en estas películas, como muy plano. Lo bueno frente a lo malo, lo claro frente a lo oscuro, lo correcto frente a lo incorrecto, lo bonito frente a lo feo... Como en los cuentos de hadas de los niños, en los que la bruja siempre es muy fea y tiene un grano en su horrible nariz y el hada buena es preciosa y siempre viste de blanco.

No sé, entiendo que haya gente a la que esto que digo le parezca aberrante, pero en mi opinión el melodrama clásico estaba hecho para la gente de aquella época, que necesitaba las cosas como muy mascaditas y complejidades las justas, pero hoy en día chirría que no veas. Y por eso la inmensa mayoría se han quedado completamente obsoletos, porque en esta sociedad un poco más evolucionada y abierta, para bien o para mal, hay muchos claroscuros y matices que hacen que los planteamientos extremadamente simples nos resulten ridículos. Pero bueno, Douglas Sirk hacía películas para las personas de los años 50, que eran totalmente diferentes a las de este siglo.

Hoy en día cualquier tía que se enrollara con un tipo como Rock Hudson lo que despertaría entre sus amigas sería una envidia de manual. Si te echas un novio como ese, importa un pimiento que sea jardinero, albañil, barrendero o parado de larga duración, lo que les puede dar a tus vecinas y amigas es un pasmo y un arrastre de colmillos que te mueres. Y si encima el tipo está enamorado de ti hasta la médula y va besando el suelo por donde pisas (cosa que en la película cuesta bastante creer) es más que probable que seas la tía más odiada del planeta.

Pero si tus amigas te quieren de verdad, una vez pasado el primer sofocón, también te dirán: "Tíaaaaa, no sueltes a ese maromo ni muerta". Y las que te quieran de verdad de verdad de las buenas también te advertirán "pero haz de tripas corazón que a ese se le van a tirar todas las lagartas encima delante de tus narices; haz acopio de paciencia y tolerancia porque se lo van a comer vivo y tú vas a ser la mujer invisible ya for ever".

Y tu hija la estudiante de psicología repelente claro que se mosquearía contigo, pero no porque el tío fuera jardinero sino porque no le hubiera tirado los tejos antes a ella. Y tu hijo megapijo lo que estaría es rabiando por enterarse de a qué gimnasio va el maromo para tener esas hechuras.

Por eso digo que las cosas que pasan en esa película para el espectador de hoy en día son tan incomprensibles y alucinantes como si las estuviera viendo un extraterrestre despistado tipo Gurb.  O como si trajeras a una dama del siglo XVI a nuestros días, plan "El ministerio del tiempo", y la metieras en una disco a las 6 de la mañana. Sencillamente demencial.

martes, 11 de septiembre de 2012

Imitación a la vida, by Douglas Sirk

Dudaba yo anoche entre "Fresas salvajes" de mi tocayo Ingmar Bergman y este remake de "Imitación a la vida" de Douglas Sirk cuando me dije yo a mí misma: "Ingmar Bergman túuuuuuuuuu? Estamos de coña?????? Quieres aburrirte como una puta ostra durante dos horas????" Y mi Pepito Grillo cinéfilo ni protestó ni nada, ahí callado como una puta, dejándome caer en el vacío. Y nada, ganó "Imitación a la vida" por goleada y Bergman se fue por tropegésima vez al carajo de los "ya los veré otro día".

La verdad es que los clásicos americanos han hecho mucho daño a la humanidad. A estas alturas y después de haber visto tanta peli de los 40-50 es muy difícil actuar convenientemente ante muchas situaciones complicadas de la vida. En fin, ya no sabe una qué cara poner cuando le pasa algo. Por mucho que abras los ojos o desencajes la mandíbula o te eches las manos a la cabeza o te dobles por la mitad o te meses los cabellos nunca darás la talla.

En esta peli hay dos historias paralelas. Son dos madres y dos hijas, unas blancas y otras negras. Sería la versión USA de nuestro castizo “Una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrizzzzz”. Y aunque desde el principio se intenta revestir la relación entre ambas de un cierto igualitarismo hay un detallito que canta un poco: la señora y la niña blancas en todo momento llaman de tú y por su nombre de pila a la negra mientras que la señora y la niña negras en todo momento tratan de usted y de señorita a la blanca. Y vamos, hablando en plata, la negra termina siendo la chacha de la blanca. Eso sí, chacha, pero sin embargo amiga.

La historia de las blancas es un rollazo de tomo y lomo. La madre es actriz y al principio no encuentra trabajo aunque luego ya arranca y se hace hiperfamosa, una gran estrella, y claro, la niña, que es bastante mema y pija, se mosquea un poco porque mami no le presta toda la atención que a ella le gustaría. En fin, ya he dicho que era un rollo morollo. Y ver a Lana Turner hacer muecas raras como una posesa tampoco ayuda demasiado.

La historia más sustanciosa es la de las negras, para empezar porque la hija de la negra resulta que le sale blanca. Tremendo problemón. Porque claro, teniendo en cuenta que estamos en tiempos de la segregación racial en los USA, pues la muchacha está encantada con su color pero no tan encantada con el de su oscura mamá. Y aquí es donde surge verdaderamente el conflicto gordo de la película. Porque la señora sale superpesada y se pasa la vida intentando convencer a la niña de las bondades de la negritud.

Vamos a ver, señora, si su hija no quiere saber nada de usted porque es negra y ella está empeñada en ir por la vida de blanca, a cuento de qué va usted por ahí incordiándola y presentándose a todos sus amigos y a sus jefes y a todo el mundo para que la pobre muchacha se pegue un sofocón detrás de otro? Es un sinvivir, por favorrr! Reconozco que el personaje de la madre negra a mí me da bastante repelús. Tanta bondad natural, tanta generosidad, tanto desprendimiento, tanto baboseo… Ya sé que habrá quien piense que tengo el corazón de piedra pómez pero sinceramente, a mí este tipo de madres me superan. Yo soy más de madrastrones.