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martes, 3 de octubre de 2023

El cuerpo en llamas (Miniserie de TV), by Laura Sarmiento

No cabe duda de que la figura de Rosa Peral es fascinante.  Es un personaje ideal para una serie, ahí Netflix ha estado al loro para que no le levanten la historia, aunque a estas alturas ya se han escrito libros, se han hecho documentales y el tema está más que trillado. Lo que no se había hecho hasta ahora era ficcionarlo, y en mi opinión el resultado es un tanto mosqueante.

Naturalmente al terminar la serie no me podía perder el documental de "Las cintas de Rosa Peral", en el que la propia Rosa habla a cámara y cuenta su versión de los hechos, proclamándose una vez más inocente. Es el cierre perfecto de la serie porque se pone claramente de manifiesto la capacidad de convencimiento que tiene esta mujer. Estoy segura de que cualquier persona que se tire una hora hablando con ella empieza a poner en duda todo lo que cree saber. Si no fuera por la cantidad de pruebas que existen de esa capacidad suya de tener engañado a todo el mundo al mismo tiempo sería relativamente fácil exculparla.

La serie ha dado lugar a un debate interesante sobre si en su momento pudo influir en el veredicto y la condena la reconocida promiscuidad de Rosa. No lo creo; lo que sí influye sin duda es la personalidad volátil, caprichosa y egocéntrica que muestra con todo el mundo, y muy particularmente con los hombres con los que se relaciona. Por eso el personaje es tan apasionante, por su complejidad psicológica, su pasmosa seguridad en sí misma y en su capacidad de convicción. Estoy segura de que siempre pensó que podría imponer su historia sobre la de Albert. La sentencia debió de ser un verdadero shock para ella.

Hablamos de una mujer que no sólo planeó el asesinato de su novio, implicando a su amante, sino que  para más delito intentó inculpar a su ex marido, es decir, vengarse de una tacada de todos. Ahí hay nivel, sí señor.

En cuanto a los actores principales, a mí me ha gustado Úrsula Corberó como intérprete de Rosa. Refleja muy bien esa ambivalencia del personaje, su poder de seducción junto con su lado oscuro, manipulador, retorcido. Es una mujer con muchísimas aristas, un caramelo para cualquier actriz. En cambio Quim Gutiérrez no me ha convencido nada. El personaje es mucho menos atractivo, ya lo sé, pero es que parece de verdad muuuuuy tonnnnnto. Puede que en la realidad Albert sea así de soso, pagafantas y pánfilo pero es que esa nula expresividad, teniendo en cuenta lo fuerte que es la historia, me parece muy forzada, muy poco natural, nada creíble.

Contrariamente a lo que he leído en otras críticas a mí sí me ha gustado el recurso narrativo de que los protagonistas hablen a cámara para verbalizar los mensajes de móvil. Y la música me ha encantado. Esas canciones setenteras de los finales de episodio, Sergio y Estíbaliz, Mari Trini, la Jurado, con las imágenes de fondo, los primeros planos de los protagonistas, me parece que funcionan muy bien.

Pero hasta aquí llega mi entusiasmo. Tengo la sensación de que esta historia podría haber dado mucho más de sí. No quiero decir que Laura Sarmiento haya hecho un mal trabajo, pero es que la cantidad de matices que tienen todos los personajes yo no los he visto reflejados, salvo en Rosa. Úrsula Corberó lleva todo el peso. Ni los padres parecen reales ni el ex marido ni siquiera el difunto, ni mucho menos el personaje de Albert. También las fechas son como muy inconexas, queda una sensación como de que no sabes con quién estaba en cada momento, si en el tiempo llegaron a coincidir las tres relaciones o incluso más, nada de eso queda claro.

Tengo la extraña impresión de que esto no es algo casual sino que la autora pretende que haya un toque de ambigüedad,  que intenta oscurecer los hechos para que al espectador le surjan dudas sobre la culpabilidad de Rosa, dudas que se ven incrementadas con el visionado posterior del documental de las cintas, ya totalmente destinado a exculparla con toda claridad. Y veo en todo este aparataje un intento de manipulación que no me ha gustado nada de nada de nada. 

En definitiva, Úrsula muy bien, la música ideal, la historia apasionante, pero... no he caído de un ciruelo y esto me suena a camelo.

viernes, 15 de julio de 2022

Intimidad (Serie de TV), by Laura Sarmiento y Verónica Fernández


El tema de la violación de la intimidad y de la difusión de imágenes comprometidas en este mundo de nuevas tecnologías que a veces se nos escapan de las manos es algo que me parece bastante preocupante. Por eso al leer de lo que iba esta serie pensé que podría ser interesante verla. Lo pensé, y la cosa prometía. Hasta que en el capítulo segundo ya me di cuenta de que una vez más había caído en la trampa de las series españolas de última generación. El tema estaba planteado, cómo no, desde la inevitable "perspectiva de género". Y como tantas otras cosas, este asunto era uno más de los que nos pueden ocurrir a las mujeres solo "por el hecho de ser mujeres".

Las mujeres, por el hecho de ser mujeres, podemos ser apaleadas, violadas, asesinadas, abusadas de todas las formas y colores, insultadas, vejadas, etc. Por el hecho de ser mujeres nos puede pasar de todo, y en ese todo entra, por supuesto, ser grabadas mientras mantenemos relaciones y que luego esas imágenes se difundan por las redes para uso y disfrute de un amplio público, preferentemente masculino.

Es una de esas cosas que, como nos pasan por el hecho de ser mujeres, naturalmente nunca le podría pasar a un hombre. Sin embargo, cosa curiosa, hace unos días fue trending topic la noticia de que circulaban por ahí imágenes bastante comprometidas de un conocido actor y presentador de televisión manteniendo relaciones sexuales con una señora que por lo visto no era la suya legítima. Se formó tremendo escándalo y se acusó a este caballero de las cosas más aberrantes que se puedan imaginar, hasta el punto de que la señora legítima en cuestión se vio obligada a salir en defensa de su marido y de su derecho a mantener relaciones con quien le diera la real gana sin verse sometido a juicio público, recordando que se había cometido un delito muy grave contra su persona (la del marido) al difundir esas imágenes íntimas.

También recuerdo que uno de los casos más sonados de este tipo de delito se cometió hace muchísimos años, bastante antes de la llegada de estas nuevas tecnologías y de las redes sociales que tan de cabeza nos traen, en la persona de un famosísimo director de periódico que fue grabado vestido de lagarterana, en actitud poco decorosa, mientras una señora le daba azotillos en el culete y él pedía unos poquitos más porque se había portado muy muy mal.

Es decir, que dos de los casos más conocidos en nuestro país de este tipo de invasión y acoso a personas y personajes públicos, han tenido como víctimas a hombres. Y sin embargo estas señoritas, Laura Sarmiento y Verónica Fernández,  han convertido el asunto de la violación de la intimidad en nueva arma arrojadiza del feminismo.  Una vez más, este tipo de desgracias nos suceden a las mujeres "por el hecho de ser mujeres". Claro que sí. Así que, cual pardilla que soy, volví a caer en la trampa de la ficción televisiva española (y también no televisiva). Imposible ver un producto, trate de lo que trate, en el que se haga un análisis medianamente serio e imparcial del tema, sin caer en el tremendismo victimofeminista.

Lo digo y lo advierto. Esta es una caca más de las cientos que hemos visto y seguiremos viendo mientras no consigamos salir de este círculo de inanidad y estupidez en el que estamos metidos desde hace años, según el cual ser mujer en esta vida es casi tan terrible como ser cochino en un matadero. Quien lo quiera ver que lo vea, yo me limito a avisar. Y la que avisa no es traidora.  Amiga, si eres mujer prepárate a padecer.