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martes, 19 de agosto de 2014

El secreto de Anthony Thimmer, by Jérôme Salle

Trampa es cuando de principio a fin nada es lo que parece.

Trampa es cuando no te puedes creer nada de lo que ves.

Trampa es cuando Sophie Marceau te la mete doblada.

Trampa es cuando de un pobre pardillo te sacan a un puto amo.

Trampa es cuando la cámara miente y cuando el guión engaña.

Trampa es Jérôme Salle, simple y llanamente un puto tramposo.

Trampa, trampa, trampa, trampa, esto es todo pura trampa.

Trampa pura, pura trampa. Y no me gusta que me hagan trampas.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Ana Karenina, by Bernard Rose

La trama argumental de Ana Karenina es de sobra conocida así que ésta es esa clase de películas que se ven no con ánimo de saber cómo termina la cosa, pues todo el mundo sabe que termina peor que la Cipota en Madrid, sino por ver qué tipo de tratamiento le ha dado el director: si el guión está bien adaptado, si la ambientación decimonónica está cuidada, si la psicología de los personajes ha sido convenientemente retratada y si las interpretaciones están a la altura de la historia. Es decir, interesa única y exclusivamente la parte técnica porque de lo demás ya se encargó don León Tolstói hace la tira de años. Pues bien, ateniéndonos a estos factores, puedo decir y digo que:

1. El guión es algo confuso. Ya sé que intentar comprimir una novela tan densa no es fácil y que Tolstói es mucho Tolstói, pero creo que falta pasión. La sensación es de frialdad, la historia no conmueve. Ana se enamora de Vronsky como podría haberse enamorado de la horticultura; un encuentro en la estación, un bailecito en una fiesta, y voilà! Vini, vidi, vinci, como decían los antiguos.

2. Sophie Marceau, la protagonista indiscutible, muy guapa pero tan expresiva como una piedra pómez. Es una Ana Karenina poco creíble, desde su faceta de dama impecable de la alta sociedad hasta su locura de amor por Vronsky, todo parece falso. La misma cara y los mismos gestos de principio a fin, y se supone que representa a un personaje cuya vida se transforma radicalmente y que sufre un deterioro psicológico infernal. Una gran belleza, sin duda, pero como actriz bastante mediocre. Desde aquí mis disculpas a sus incondicionales.

3. La ambientación, los decorados, el vestuario, el maquillaje y las caracterizaciones casi irreprochables (si obviamos el infame flequillo de Marceau, del que a lo cervantino no quiero acordarme), pero tan fríos como el propio guión. Todo es de una gélida perfección técnica que no dice nada. Palacios inmensos, escenarios majestuosos, paisajes impresionantes. Muy bonito, algo más?

En general estos dramones de época en los que una mujer enfermizamente ingenua, bastante petarda y de temperamento romántico infantiloide sufre un arrebato pasional y lo deja todo por un hombre que la lleva a la desgracia, sinceramente, a mí me aburren bastante. Me aburren literariamente y me aburren igualmente en el cine.

Pero a veces, algunas veces, muy pocas, te encuentras a un director que te cuenta una historia de éstas y te llega al alma. No es el caso. Bernard Rose pone mucho empeño pero no lo consigue. La suya es una "Ana Karenina" que pasará por tu vida sin pena ni gloria y que probablemente olvidarás a los cinco minutos de haberla visto. Pura evanescencia.

Como dijo el poeta, se queda... en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.