Irina Palm, la historia de la abuela pajillera o El arte de la paja senil. Sí, de eso va poco más o menos esta película. Se trata de una señora rondando los sesenta y muchos (os podéis imaginar a vuestra madre o abuela según los casos) que, con el fin de conseguir dinero para un tratamiento de su nieto enfermo, se mete a pajillera y obtiene un exitazo en su tarea tal que el empresario para el que trabaja, propietario de un club de streaptease, pues se forra gracias a las pajillas de Irina. Bueno, tanto es así que hasta se ve aquejada de una enfermedad profesional similar al codo de tenista: el codo de pajillera.
Que no es coña, os lo prometo. Bueno, ya podréis imaginaros el lote de reir que te pegas con la peli. Y es que contándolo no tiene ni la mitad de gracia, porque ya si veis a la señora con unas pintas que te mueres, el bolsito de la abuela Cleta y la cafetera al lado para tomarse un cafetito con una mano mientras con la otra se dedica a su ardua y exitosa labor zambombera, os partís el culo de arriba abajo. Pero lo mejor es que la peli está planteada como drama social, vamos, en plan serio. Un flipe total.
Pongamos que nos creemos que una señora de esa edad y esas pintas llega a un puticlub a ofrecer sus servicios y el empresario, lejos de descojonarse en su cara, la contrata entusiasmado. Hasta ahí podemos ir tragando. Pero por el amor de diossss, que se formen unas colas de metros a la puerta de la cabina de la abuela mientras el resto de putillas del antro ven cómo su clientela desaparece y se mueren de la pena... Hombre, yo qué sé. No me veo yo a una patulea de tíos que se han puesto berracos como cerdos viendo a las bailarinas de streaptease o un espectáculo porno aguantando horas para una simple paja, por muy bien que pueda hacerlas la abuela Irina, mientras al lado las demás cabinas están libres.
No es que yo domine profesionalmente el mundo de la paja masculina ni mucho menos, pero vamos, salvo que se sea especialmente torpe, yo creo que hacer una pajilla con un mínimo de arte y un poco de cremita no tiene mayor dificultad. Que los señores me corrijan si me equivoco. Al menos a través de un agujero en la pared y sólo usando las manos, que no os creáis que la señora esta le pega a otra cosa, ni a la boca, ni a los pies, ni siquiera una vil cubanilla. Nada, manivela al canto con el agujero de por medio y pare usted de contar. En fin, que no termino de entender muy bien dónde puede residir la dificultad de la tarea como para dejar sin trabajo a todas su otras compañeras. Llamadme ignorante pero yo diría que hasta la puta más novata conoce los misterios ancestrales de una buena paja. O por lo menos debería conocerlos porque vaya ful de puta si no.
Bueno, en definitiva, que lo que no me explico es que la gente se haya podido tomar en serio esta película y verla como una especie de drama social. La única forma de verla lúcidamente es desde el puro y duro cachondeo, que es como la he visto yo, y así sí, así te despiporras y te lo pasas como los indios viendo las idas y venidas al puticlub de la señora esta, que hasta cuelga la foto de su difunto esposo en la pared mientras trabaja. De verdad, no os la perdáis.