Mostrando entradas con la etiqueta Gansel (Dennis). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gansel (Dennis). Mostrar todas las entradas

martes, 5 de abril de 2011

La ola, by Dennis Gansel

La bola, diría yo. Eso es poco más o menos lo que nos quiere meter el tío este, una bola como una casa.

Hay que decir que la idea es buena: un experimento en clase para demostrar a los alumnos que es fácil sentirse arrastrado por el grupo, cuando es compacto y te da calor y protección, y terminar rechazando todo lo que sea diferente. Que es fácil llegar a una autocracia cuando las condiciones sociales son difíciles y la gente necesita principios y dogmas a los que agarrarse, junto con sus rituales correspondientes y sus símbolos. Pues sí, este mensaje es claro y creo que poca gente podría cuestionarlo. No hay más que ver cómo aumenta la xenofobia en cuanto empieza a haber problemas de paro en un país y cómo la peña se aferra al primer demagogo que pasa y empieza a hablar de nacionalismo y expulsión de inmigrantes.

Ahora bien, que un profesor, por muy molón que sea y por mucho que se lo curre, sea capaz de montar una organización fascista con un montón de fanáticos seguidores en una hora de clase durante cuatro días ya es más complicado de creer. Tal vez un trimestre, o un curso entero hubieran resultado medianamente creíbles, pero hombre, en cuatro días? Claro que a este hombre, exceptuando un par de rebeldes, se le rinden todos a los cero coma segundos. Parece que hubieran estado deseando toda su vida que llegara alguien y les diera un par de órdenes y los pusiera más derechos que una vela.

En fin, película cargada de buenas intenciones, con un mensaje un tanto perogrullil, pero falsa y tramposa como ella sola.

Y los chavales de la peli no padecen un entrenamiento mucho más fascista que el que puede haber recibido cualquier miembro de los boy scouts. Hombre, para convertir a la gente en autómata y ciega seguidora de un iluminado me parece a mí que hace falta echarle un poco más de cuento a la cosa. Pienso.

jueves, 17 de marzo de 2011

Napola, by Dennins Gansel

Interesante acercamiento al mundo de las escuelas de élite nazis, específicamente diseñadas para adiestrar a futuras generaciones de dirigentes del soñado tercer Reich. Lo mejor de la película es el proceso psicológico que tiene lugar en los dos niños protagonistas, sobre todo en el chico boxeador, del entusiasmo inicial por el futuro prometido a la decepción primero y finalmente al asco. De todas formas, como ya se ha señalado, es una película bastante tópica, con casi todos los elementos básicos del cine de academias o escuelas: la camaradería entre los protagonistas, que a veces se desliza incluso por el resbaladizo terreno de la ambigüedad; el chico puteado por los profesores; el que no aguanta; el rival del prota, etc. Vamos, que no le falta un detalle.

En fin, y un poco más de lo de siempre: los malos muy malos y los buenos muy buenos. Los jefes nazis todos muy brutos, superbestias, borrachuzos y carentes de cualquier atisbo de sensibilidad, mientras que los dos elementos críticos son todo lo contrario, auténticos paradigmas de los valores más positivos: uno encarna la elegancia, la inteligencia, el saber, la sensibilidad artística, el amor por las letras, y el otro la sana deportividad, la fuerza inteligente, el valor y la amistad por encima de todo. En fin, pocos matices en una sociedad en la que yo estoy segura de que, como en todas, tenían que existir por fuerza los matices. No simpatizo demasiado con los nazis ni con sus hazañas históricas, pero estoy convencida de que como individuos tendría que haber de todo, dignos e indignos, cobardes y valerosos, tontos y listos, buenos y malos... Como en la viña del señor, un poco de todo.

De todos modos, es interesante en el sentido de la reflexión que se hace sobre la educación relacionada con el poder, la famosa educación de élite. No hay que remontarse a la Alemania nazi para saber de la existencia de escuelas que no deben diferir demasiado en sus planteamientos de la de la peli. A fin de cuentas, la élite es la élite. No se le deben de consentir debilidades o actitudes dubitativas o compasivas que puedan apartar del camino recto.

Recomendable.