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jueves, 19 de abril de 2012

El hombre de al lado, by Mariano Cohn y Gastón Duprat

Veamos, de un lado tenemos a un pijo redomado, de oficio diseñador, con una hija adolescente con síntomas evidentes de autismo y una señora que le pide un piquito de vez en cuando pero que de follar ni hablamos. Por el otro tenemos a un friki, de oficio nisesabe, sin hijos y sin señora pero con muchas ganas de abrir una ventana a un patio interior que justamente va a dar a la casa de diseño del pijo.

En principio el asunto da juego. Con estos dos personajes contrapuestos se plantea un conflicto vecinal de difícil resolución: uno quiere la ventana y el otro no. Esto va a dar lugar a situaciones muy divertidas, planteadas desde un humor bastante negrillo y con mucha mala leche, sobre todo hacia el lado del diseñador pijo, que está claro que no goza de las simpatías de los directores-guionistas.

Hay, por tanto, un buen plan... pero un desarrollo muy pobre. A pesar de lo divertido y lo jugoso del asunto, se deja traslucir un tufo demagógico que echa bastante patrás. Por ejemplo, por qué la vida del pijo es tan desastrosa, la mujer tan frígida y la hija tan rarita? De verdad los pijos ricos y exitosos son tan desgraciados? Yo diría que en la vida real cualquier tipo de éstos hace muchos años que hubiera prescindido sin complejos ni remordimientos de la señora estirada y se hubiera liado con algún pibón de 20 años. Dinero, buena planta, prestigio social y glamour no le faltan. Pero claro, eso no serviría a la historia que nos quieren contar, en la cual es preciso que el rico sea muy desgraciado y el pobre, que sólo quiere una ventana para que le entre el sol, mucho más feliz, resolutivo, vividor y dicharachero.

Y no cuela porque en la vida real el señor que quiere su ventana está mucho más cabreado y difícilmente va a encontrar a un pepinaco como el de la película para refocilarse mientras discute con el vecino. Y en la vida real ya sabemos que el diseñador pijo hace mucho tiempo que habría cambiado de señora y a la niña autista la habría mandado a un internado suizo o a estudiar inglés en Australia mismo.

Creo sinceramente que la propuesta y la intención son buenas pero las trampillas estas de andar por casa para que el espectador polarice a los personajes y tome un clarísimo partido perjudican seriamente a la historia.

De todas formas es una peli que recomiendo. Se pasa un buen rato y tiene un inquietante tono thrillercómico que va in crescendo hasta llegar a un final que, bueno, a ver cómo lo digo... pega un tremendo planchazo. Y hasta aquí puedo contar.