jueves, 17 de marzo de 2011

Los falsificadores, by Stefen Ruzowisky

Holocausto = Oscar infalible. La verdad es que ya a estas alturas los Oscars impresionan poco o nada, vista la alegría y la desfachatez con las que a menudo se dan. Éste es uno de esos casos. La típica película de tema molón en la Meca del cine, el holocausto judío, que sin más razón que ésa se lleva el premio.

Sí, tal vez se centra en un punto de vista distinto: la labor de unos falsificadores judíos de moneda en los campos de exterminio colaborando con los nazis en un plan para hundir la economía de los aliados. El dilema moral que supone esta colaboración frente al instinto humano de supervivencia se enfrenta en este grupo de personas que además, en el contexto terrible de los campos, viven gracias a este trabajo en una situación totalmente privilegiada.

Bueno, pues a pesar de lo novedoso del planteamiento la película conmueve lo justo, es decir, nada. Es previsible en su desarrollo (y no por el final, que todos conocemos), los personajes no tienen "alma", desde el principio se ve quién va de héroe, quién de pringaíllo, quién de líder y quién es palmatoria segura. Las humillaciones de siempre, las escenas de camaradería de siempre, el nazi brutote de siempre, los sustos de siempre... Y por supuesto, el Oscar de siempre.

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