jueves, 17 de marzo de 2011

Aterriza como puedas, by Jim Abrahams y David y Jerry Zucker

Padre, me acuso de que en mi más tierna infancia vi "Aterriza como puedas" y me descojoné viva. Pero ahí no queda todo, qué más quisiera yo. Me acuso de que luego la he vuelto a ver algo así como 358 veces y en todas ellas me he vuelto a hinchar de reir. Con todas las lágrimas que he echado viendo esta película podría subir el nivel del mar al menos medio metro.

Y lo que es peor, reconozco que es mala de morirse, que el guión no puede ser más chusco ni la factura más tosca ni los actores más horrorosos, pero la risa me puede. Yo no quiero, lo prometo, pero no pueeeeedo. Es que hasta me río al recordarlo. Me río de la histérica a la que va hostiando (uy, padre, perdón) todo el pasaje, del controlador que ha escogido un mal día para dejar de fumar, esnifar pegamento, beber y demás pecadillos veniales, de la monja cantora, ... bueno, terminaría esta confesión mucho antes si dijera de lo que no me río.

Padre, estoy muy arrepentida de éste, mi más inconfesable pecado. Ya he hecho acto de contrición (estoy contrita contrita), tengo dolor por mi pecado, me estoy confesando, tengo propósito de enmienda (aunque no puedo prometer nada) y estoy dispuesta a cumplir la penitencia que me mande.

Sólo una cosa. ¿Podría ponerme de penitencia verla 500 veces más?
spoiler:
Hija, ego te absolvo in nomine patris et filii et spiritui sancti, amen.

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